Texto en el que el autor aboga por concepts y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Hay caminos y caminatas en los que todos tienen sitio

Un runner cuarentón con reloj inteligente y equipación profesional completa de una firma cuyo nombre significa victoria en griego; una dama de unos 70 con un cabello rubio cardado y una rebequita con botones lujosos que contrastaban con unas mallas juveniles (claramente acababa de salir de misa); un anciano más inclinado sobre su cacha que la Torre de Pisa; una pareja de mujer y hombre (sin duda un matrimonio) con cara de resaca junto a los que caminaba un nobilísimo Braco de Weimar; una pareja formada por dos hombres con pantalones cortos floreados que jugaban con un caniche blanco; una mujer negra (diría que unos 50) apretada en lycra sobre unas zapatillas baratas pero pintonas. En el sudor que le corría por la frente se le quedaban pegados copos de vilano, esa nieve fértil que nace de los chopos y contra la que también luchaban un padre y un hijo en bicicleta. Abajo, el cauce del Sil murmuraba y de pie en su lecho un chico joven con dilataciones en las orejas agitaba su caña de pescar, tratando de impedir que el anzuelo se le agarrase a la maleza. Justo cuando conseguía afinar la trayectoria pasó a su altura una señora muy arrugada vestida con una falda de franela. En los pies llevaba unas zapatillas negras como de Doña Rogelia, y le seguía de cerca, renqueante y con la boca abierta un muchacho torpe, también con camisa y pantalón de vestir, que protegía su cabeza con una gorra verde de Caja Rural. Todos ellos se cruzaron con una persona fascinada con la belleza de un espectáculo por el que no tuvo que pagar entrada. A ella no hace mucho alguien le comentó desde el anonimato: “Ay, Raquelina. Qué poco te queda de la pamplina woke. Entonces tendrás que volver a tu casa”. El domingo se acordó de él. Pensó: “Cuando ese día llegue, seguro que nos encontraremos paseando por el río que abraza a la ciudad”. Si ocurre, quizá hasta se saluden con amabilidad.
