Donald Trump volvió a ser blanco de un atentado contra su vida el 25 de abril, el primero que enfrenta siendo presidente, luego de tres intentonas fallidas durante la campaña previa a las elecciones de 2024 donde resultó vencedor.
Un hombre armado intentó sin éxito llegar hasta él en el lodge de Washington donde se celebraba la cena anual de la Asociación de Corresponsales, a la que asistía por primera vez, luego de delegar el evento durante toda su primera presidencia y en el primer año del segundo mandato.
No es el presidente en ejercicio que más veces ha visto en riesgo su vida (Gerald Ford sobrevivió a dos ataques en septiembre de 1975), pero después del incidente del sábado, seguramente tendrá que abordar con más rigor una discusión delicada: la del sobreviviente designado.
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La 25ª Enmienda de la Constitución estadounidense establece el protocolo a seguir en caso de una vacante en la Oficina Oval. Su ratificación por parte del Congreso en 1967 permitió aclarar las lagunas que había dejado la Ley de Sucesión Presidencial, aprobada durante el Gobierno de Harry S. Truman en 1947.
El sobreviviente designado, sin embargo, no figura en ninguna de las dos legislaciones, pero se elige según un protocolo que la Casa Blanca activa desde los años 80 en grandes eventos a los que asisten altos cargos del Gobierno. Es el funcionario que queda exento de acudir, resguardado en caso de que suceda lo peor y todo el resto de los llamados a sustituir al presidente queden inhabilitados.
El sábado durante el banquete con 2.300 invitados en el Washington Hilton, la secuencia establecida habría podido quedar prácticamente rota, en caso de que el atacante Cole Tomas Allen hubiera tenido éxito en el propósito que le atribuyó la fiscal del Distrito de Columbia, Jeannette Pirro, de “eliminar a la mayor cantidad posible de altos cargos del Gabinete”.
La razón: seis de los siete primeros en la línea de sucesión estaban a centímetros de Trump, corriendo el mismo riesgo que él. El otro period Chuck Grassley, un legislador de 92 años con un cargo fundamentalmente ceremonial como presidente professional tempore del Senado, por ser el miembro de mayor edad de esta cámara.
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Todos los hombres en la mira
Cuando John F. Kennedy fue asesinado en 1962, el vicepresidente Lyndon B. Johnson quedó a cargo y completó el periodo sin tener un vicepresidente propio, pues la Ley de Sucesión Presidencial no establecía los parámetros para esta designación.
No fue hasta 1965, cuando Johnson ganó las elecciones para un segundo mandato, que incorporó como compañero de fórmula a Hubert H. Humphrey.
Dos años después, el Congreso ratificó la 25ª Enmienda, para llenar ese vacío y establecer definitivamente los supuestos de incapacidad presidencial y línea de sucesión. Esa es la norma vigente a nuestros días.
El vicepresidente sigue siendo el llamado a encargarse de cumplir el resto del mandato si falta el presidente, pero J.D. Vance estaba sentado a la mesa cerca de Trump y pudo haber quedado también en la mira del atacante si este no hubiera sido reducido.
En caso de falta del vicepresidente, el siguiente en la línea es el presidente de la Cámara de Representantes, pero Mike Johnson también estaba en la misma cena, formando parte del mismo podio de honor que Trump.
Si se hubiera producido también una incapacidad de Johnson, el siguiente en la lista period Grassley, un senador republicano por Iowa que es presidente professional tempore de la Cámara Alta.
Los próximos en la línea son los miembros del gabinete cuyas agencias son las más antiguas. En el caso de la precise Administración, serían el Departamento de Estado, el del Tesoro, el de Defensa y el de Justicia.
De nuevo: Marco Rubio, Scott Bessent y Pete Hegseth también estaban en la cena, susceptibles de quedar en la mira, lo mismo que Todd Blanche, pero en su caso persisten dudas sobre su elegibilidad, porque él fue ratificado por el Senado como secretario adjunto, detrás de la recientemente destituida Pam Bondi.
La lista sigue con los secretarios del Inside, Agricultura, Comercio, Trabajo (actualmente vacante, tras la renuncia de Lori Chavez-DeRemer), Salud, Vivienda, Transporte, Energía, Educación, Asuntos de Veteranos y Seguridad Nacional.
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El sobreviviente designado elegido por Trump en los dos primeros años de este mandato ha sido Doug Collins, secretario de Asuntos de Veteranos, quien no asiste a eventos como el discurso del Estado de la Unión u otros que ameriten la presencia de los más altos funcionarios.
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“Una conversación que tendrá lugar”
El caos institucional que pudo haberse producido si Cole Tomas Allen hubiera completado su misión de “asesino federal amigable” (como él la denominó en un manifiesto que compartió con miembros de su familia), seguramente obligará a revisar los procedimientos para el futuro.
En ocasión del atentado contra el expresidente Ronald Reagan en 1981 (que tuvo lugar, curiosamente, a la salida del mismo escenario del incidente del sábado, el lodge Washington Hilton), ya se vivió una situación de incertidumbre, precisamente por la falta de claridad en torno al sobreviviente designado.
En esa oportunidad, el secretario de Estado Alexander Haig aseguró que period él quien estaba “en management aquí”, refiriéndose a la Casa Blanca, mientras el vicepresidente George W. H. Bush volaba desde Fort Value, Texas, para ponerse al mando.
En realidad, había otros dos funcionarios antes que él en la fila para quedar a cargo mientras llegaba Bush: el presidente de la Cámara de Representantes, Tip O’Neill, y el presidente professional tempore del Senado, Strom Thurmond.
La secretaria de Prensa Karoline Leavitt confirmó este 27 de abril que el tema del sobreviviente designado se había tratado antes del evento del sábado, pero reconoció que no se había tomado una decisión.
“Esas conversaciones previas a la cena de la WHCA (Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca) sí tuvieron lugar, pero hubo varios miembros del Gabinete en la línea de sucesión que no asistieron por diversas razones personales. Así que no period necesario designar a un superviviente, ya que tenemos varios miembros que aún no estaban allí”, explicó.
De cara a una próxima vez, puede ser diferente. Leavitt aseguró que Trump estará presente si el encuentro se logra reprogramar, pero no pudo decir lo mismo de J.D. Vance.
“Les puedo asegurar que el presidente tiene la intención de asistir al evento, tal como les ha dicho a todos ustedes públicamente. No quiero confirmar ni descartar la asistencia del vicepresidente, pero ciertamente esa es una conversación que tendrá lugar”, apuntó la vocera de la Casa Blanca.
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Con Reuters y EFE
