
La opinión pública, a veces, es una perfecta picadora de carne humana: carente de consciencia, en ocasiones, y sin atisbo de empatía, en otras. La consecuencia directa de las profesiones artísticas (con relevancia pública) es convertirse en alguien cercano para miles de desconocidos y prestarse, involuntariamente, a que los puntos de vista ajenos se manifiesten en formato de sentencias para ser difundidos en las redes sociales a la velocidad de la luz. Tanto las críticas constructivas (positivas o negativas) como el linchamiento público contribuyen a la arquitectura de la reputación.