La memoria de Richard Wagner en Dresde tiene una parada obligatoria en el Palais Brühl-Marcolini, en el distrito de Friedrichstadt. En la segunda planta de este edificio barroco, que sobrevivió a la destrucción de la II Guerra Mundial y hoy forma parte de un hospital, tuvo el compositor su última residencia en la ciudad antes del fallido levantamiento revolucionario que le obligó a exiliarse en mayo de 1849. Allí terminó Lohengrin y redactó La muerte de Sigfrido, germen de lo que, dos décadas después, sería El ocaso de los dioses, jornada last de la tetralogía El anillo del nibelungo.
“Se sabe que Wagner no solo visitaba a menudo la cercana fuente de Neptuno —que preside el jardín francés del palacio y también sobrevivió al bombardeo de febrero de 1945— para inspirarse en sus escenas mitológicas, sino que se subía a ella e incluso cabalgaba sobre el cuello de la estatua del dios o se sentaba en las copas de los árboles”. Lo cuenta Christoph Münch en su monumental topografía musical de la ciudad sajona, Dresden – 500 Orte der Musik (2020). El autor amplió comentarios y anécdotas el pasado jueves 14 de mayo, durante un paseo con periodistas por los vestigios wagnerianos de Dresde: un aperitivo del concierto inaugural del Pageant de Música de Dresde, con El ocaso de los dioses, que culmina The Wagner Cycles, la primera interpretación completa de El anillo del nibelungo con instrumentos de época, coincidiendo con la conmemoración del 150º aniversario de su estreno.
El proyecto lo puso en marcha en 2021 el director estadounidense Kent Nagano, próximo titular de la Orquesta y Coro Nacionales de España, al frente del conjunto historicista Concerto Köln. Pero no cobró verdadero impulso hasta dos años después, con el respaldo del Pageant de Dresde y de su director artístico, el violonchelista Jan Vogler, que puso a su disposición la orquesta del certamen para sumar los refuerzos necesarios y alcanzar el centenar de instrumentistas que exige la partitura. Las cuatro jornadas de esta tetralogía en versión de concierto han tenido Dresde como eje, aunque siempre integradas en una gira. El oro del Rin pudo verse en 2023 en Colonia y en los festivales de Ravello y Lucerna; al año siguiente, La valquiria pasó también por Hamburgo, Ámsterdam y Praga. En la capital checa se estrenó en 2025 Siegfried, que después recaló en París, llegó a Dresde en junio y culminó en agosto en Lucerna. El ocaso de los dioses, por su parte, incorporará como novedad una actuación en Bayreuth antes de cerrar su recorrido, en septiembre, en Lucerna y París.
La gran novedad de este proyecto ha sido, sin embargo, el equipo interdisciplinar de especialistas que ha asesorado numerosos aspectos de la interpretación. No se trata solo del uso de cuerdas de tripa y de instrumentos de viento madera y steel reformulados por Wagner para reforzar de manera pure el registro grave, como el clarinete bajo o el oboe contralto (Alt-Hoboe), ni de las consabidas tubas wagnerianas (Wagnertuben) o de los cuernos de toro (Stierhörner) que se escuchan en El ocaso de los dioses. El proyecto ha ahondado también en el llamado bel canto alemán (Deutscher Belcanto), el superb vocal wagneriano basado en la combinación del flujo y la técnica del canto tradicional italiano con la claridad, la expresividad y las exigencias articulatorias propias del idioma alemán.

No por casualidad, en Dresde reposan los restos de varios cantantes que definieron ese superb vocal. Con Münch visitamos en el Antiguo Cementerio Católico, muy cerca del Palais Brühl-Marcolini, la tumba del tenor Joseph Tichatschek, creador de los papeles protagonistas de Rienzi (1842) y Tannhäuser (1845), a pocos pasos de la del compositor Carl Maria von Weber, cuyos restos ayudó a repatriar Wagner desde Londres, y el bicentenario de cuya muerte se conmemorará en pocas semanas. Y en el Alter Annenfriedhof, junto a la tumba de Minna Planer, primera esposa del compositor, se encuentra el sepulcro del tenor Ludwig Schnorr von Carolsfeld, el primer Tristán, muerto a los 29 años apenas seis semanas después del estreno de Tristán e Isolda en Múnich, por causas que Wagner siempre atribuyó a las exigencias de su partitura. Ambos cantantes trazan la evolución de su modelo de tenor: de la voz ágil, brillante y belcantista de Tichatschek al primer poso dramático del Heldentenor que Schnorr inauguraría dos décadas después.
El tenor surcoreano Younger Woo Kim, como Siegfried, fue la gran revelación vocal de este primer Ocaso de los dioses históricamente informado. Lírico-spinto de la compañía de la Ópera de Colonia, su voz parece situarse idealmente entre Tichatschek y Schnorr, con potencia en el registro agudo, buena proyección y una emisión aparentemente sin esfuerzo. Como todos los cantantes de The Wagner Cycles, Kim ha preparado su personaje siguiendo el método del compositor: primero recitar el texto con acompañamiento de piano y después introducir el canto, con especial atención a la articulación de las consonantes y al colour de las vocales.
Sus credenciales quedaron claras desde el dúo de amor con Brünnhilde del prólogo, donde se impuso con desparpajo, musicalidad y una cuidada articulación del texto. Kim sorprendió al last del primer acto, cuando canta transformado en Gunther por obra del yelmo mágico y asume con precisión la indicación de Wagner de hacerlo “con la voz modificada, más áspera”. Alternó entonces palabras cantadas con otras en una suerte de Sprechgesang o canto hablado. Lució matices dinámicos inusitados en el juramento de la lanza del segundo acto y antepuso exquisitez prosódica y musicalidad en su muerte del tercero.

La soprano Åsa Jäger empezó con cierta tensión. Pero, como ya sucedió el año pasado en Siegfried, su Brünnhilde fue de menos a más. Sorprendió su dependencia de la partitura, a diferencia del resto del reparto, y un vibrato algo excesivo en los primeros compases. No obstante, impuso su poderío vocal y su emisión ganó seguridad y belleza hasta la inmolación last, que le aseguró una sonora ovación en los saludos y le provocó una incontenible emoción. El bajo alemán Patrick Zielke, que ya cantó Hunding en La valquiria, fue otro de los triunfadores de la noche, con un Hagen cínico y terroso, que lideró con poderío y admirable articulación la llamada a los gibichungos del segundo acto.
Entre las gratas sorpresas destacó también la mezzosoprano holandesa Olivia Vermeulen, que elevó su relato del primer acto como Waltraute, aunque sea una cantante bien conocida en el ámbito de la música antigua y la ópera mozartiana. El barítono Daniel Schmutzhard volvió a ser un Alberich de referencia. Buenos medios vocales y buena disposición actoral mostró asimismo la soprano alemana Sophia Brommer como Gutrune, al igual que el Gunther de su compatriota Johannes Kammler. Del resto del reparto sobresalieron las hijas del Rin por encima de las nornas, por calidad vocal y actoral, en especial la Floßhilde de la mezzo Eva Vogel. El Dresdner Festspielchor y el Chor der Klangverwaltung resolvieron con flexibilidad las demandas, siempre puntuales, del compositor.
La dirección musical de Nagano mantuvo la fluidez, el poderío y la calidad de Siegfried, y volvió a mejorar con el paso de los minutos. Brilló por sus detalles en la escena last del primer acto, pero también por la gestión de las grandes masas del segundo y por su capacidad para sostener la tensión en el tercero. La ovación last levantó a todo el público del Kulturpalast.
Su versión adoptó un tempo frenético, fruto de las últimas investigaciones metronómicas, al que se adaptaron admirablemente la orquesta y las voces. Más allá del uso de una afinación más baja o de la limitación del vibrato, con el violinista Alexander Janiczek como concertino, destacó en esta ópera la sección de percusión, con un inusitado protagonismo retórico y tonal de los timbales, junto a instrumentos documentados más allá de la partitura de Wagner, como el eolífono.
Por lo demás, la actuación manejó bien el espacio en el plano acústico, aunque eludió cualquier elemento de atrezo: el filtro del olvido y su antídoto quedaron reducidos a una botella de agua de plástico. El proyecto ya prevé ciclos completos en 2027, con fechas confirmadas en Viena y Shanghái. Y contempla además la fijación discográfica del ciclo. Queda por saber si algún día dará el salto a la escena.
El ocaso de los dioses
Música y libreto de Richard Wagner.
Younger Woo Kim, tenor (Siegfried); Johannes Kammler, barítono (Gunther); Daniel Schmutzhard, barítono (Alberich); Patrick Zielke, bajo (Hagen); Åsa Jäger, soprano (Brünnhilde); Sophia Brommer, soprano (Gutrune); Olivia Vermeulen, mezzosoprano (Waltraute); Jasmin Etminan, contralto (Primera Norna); Marie-Luise Dressen, mezzosoprano (Segunda Norna); Valentina Farcas, soprano (Tercera Norna); Ania Vegry, soprano (Woglinde); Ida Aldrian, mezzosoprano (Wellgunde); Eva Vogel, mezzosoprano (Flosshilde).
Dresdner Festspielchor der Richard-Wagner-Akademie & Chor der Klangverwaltung
Dresdner Festspielorchester & Concerto Köln
Dirección musical: Kent Nagano.
Kulturpalast, Konzertsaal, 14 de mayo.
