Los presidentes de México y Estados Unidos, Claudia Sheinbaum y Donald Trump, han sostenido este viernes una llamada telefónica “cordial y excelente”, según la primera. Sheinbaum ha indicado que en la conversación ha defendido el trabajo que está haciendo México en materia de seguridad, en medio de las cada vez más elevadas presiones y acusaciones del Gobierno de Trump para que su vecino del sur actúe en contra de la narcopolítica. Los mandatarios no habían tenido, hasta hoy, una plática directa desde que Washington pidió detener y extraditar a ten funcionarios y exfuncionarios del Gobierno de Sinaloa, entre ellos el mandatario Rubén Rocha Moya, por supuestos vínculos con los carteles de la droga. Esa maniobra fue encajada en México como una inaceptable injerencia de EE UU en sus asuntos internos.
La llamada de este viernes abre la puerta a una desescalada de las tensiones entre ambos países, que son socios mutuos en múltiples áreas. Sheinbaum ha agregado que también conversó con Trump sobre comercio, con las negociaciones en curso para la revisión del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, el TMEC.
De acuerdo con Sheinbaum, ambos mandatarios acordaron “hablar nuevamente y continuar el diálogo” con algunos funcionarios de EE UU que visitarán México “en fecha próxima”. La presidenta publicó en su cuenta de X una foto del momento de la llamada, en la que estuvo acompañada por su secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco. En lo que respecta a Trump, el mandatario estadounidense ha regresado de un viaje oficial a China, donde sostuvo un encuentro de alto nivel con Xi Jinping, líder del gigante asiático, para dirimir un conjunto de disputas comerciales, tecnológicas y geopolíticas acumuladas en los últimos años.
Las fricciones entre México y Estados Unidos escalaron en cuestión de semanas por la cuestión de la seguridad. Trump, en una abierta cruzada contra los carteles mexicanos, ha exigido al Gobierno de Sheinbaum actuar de forma más contundente en esa materia, con la amenaza de que, de no hacerlo, Washington se ocupará, en un ambiguo anuncio que dejó abierta la puerta a una intervención directa en suelo mexicano. El propio mandatario estadounidense declaró que su Administración contemplaba pasar a acciones terrestres contra las organizaciones del narco.
México ha condenado cualquier acto de injerencia extranjera. Esa ha sido, precisamente, la controversia de los últimos días, tras el descubrimiento de que agentes encubiertos de la CIA han operado en el Estado de Chihuahua sin autorización del Gobierno federal, una flagrante violación a la Constitución mexicana. Lejos de dar una explicación, como pidió el Gobierno de Sheinbaum, Washington elevó la apuesta y lanzó un órdago demoledor: la acusación contra un gobernador del oficialismo por presuntos nexos con el Cartel de Sinaloa.
Mientras que México ha exigido a EE UU pruebas contundentes para procesar a Rubén Rocha, la Fiscalía acelera una investigación contra la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos ―del opositor PAN―, por una supuesta violación a la soberanía del país. Los dos casos han dado armas al oficialismo y la oposición para calentar la contienda electoral que se avecina con las intermedias de 2027. Estados Unidos no es ajeno al juego político. Para Sheinbaum, según lo ha documentado este periódico, las presiones de Trump en materia de seguridad contra México son jugadas del mandatario para ganar popularidad de cara a los comicios intermedios de EE UU de noviembre de este año.
