Tánger, la ciudad más española de Marruecos, ha cambiado de cara y aspira a aprovechar su reciente éxito económico para convertirse en nueva capital cultural del país magrebí. Como faro artístico que apunta al otro lado del Estrecho, ha lanzado esta semana el festival internacional de la imagen Photo Tanger, que se prolongará durante todo el verano. Una exposición de la obra de la galardonada fotógrafa Isabel Muñoz y un amplio ciclo de cine español marcan el reconocimiento de España como país invitado.
Presidido por el escritor tangerino Tahar Ben Jelloun, premio Goncourt, el competition ha sido bautizado con el lema La llamada del horizonte para mostrar la identidad de Tánger como urbe abierta al intercambio cultural y la creación artística. “Es un homenaje a la ciudad y sus historias”, explicó el veterano novelista en la sesión inaugural del martes, “para reencontrarse con su tradicional apertura al mundo”.
Marginada durante el reinado de Hasán II, en las cuatro últimas décadas del siglo XX, la capital del Estrecho ha renacido en el primer cuarto del siglo XXI con Mohamed VI, que esta semana recorría entre ovaciones sus calles al inicio de sus vacaciones estivales en el norte del país magrebí. Primer puerto de contenedores del Mediterráneo y plataforma industrial emergente de Marruecos, Tánger casi ha triplicado su población desde 1999 hasta alcanzar una conurbación de 1,4 millones de habitantes.
“Ahora aspiramos a que su relevancia cultural se corresponda además con su nivel de desarrollo económico y urbano”, precisaba junto a Ben Jelloun el director del competition, el también tangerino Brahim Alaoui, responsable del museo del Instituto del Mundo Árabe de París.
El poeta Juan Vicente Piqueras, director del Instituto Cervantes de Tánger, observa de cerca la ciudad como “una alfombra mágica que surca esa calle de agua que es el estrecho de Gibraltar”. “Es un lugar al sur de la baja Andalucía, durante mucho tiempo tuvo un tercio de población española”, argumenta. “Pero las élites culturales son francófonas y la emigración llegada a Tánger desde otros lugares de Marruecos en las últimas décadas han alterado su espíritu”, detalla. “El español ha ido a menos, ya que no está incluido en la educación reglada, como el francés o el inglés”.
Piqueras recuerda cómo el Teatro Cervantes de Tánger, una joya centenaria que fue la primera gran sala de Marruecos, se fue a la ruina en manos españolas y ahora está siendo restaurado por los marroquíes. “España no ha cuidado aquí su legado cultural, como en otros países”, concluye. “Es necesario un pacto cultural de alto nivel político para que siga viva la presencia española”. “A ambos países les interesa un encuentro cultural. El español hace tiempo que ha perdido su segundo puesto como lengua más hablada en Tánger”.

Ben Jelloun reconoce que la presencia de la obra de Isabel Muñoz, junto al ciclo de cine español, otorga una gran visibilidad a Photograph Tanger. “Pero para convertirse en una verdadera capital de la cultura marroquí Tánger necesita librerías, un gran teatro, más cines e inversiones e infraestructuras culturales”, puntualiza. “Quedan los cafés y restaurantes, los bares de la noche, que son herencia del Tánger internacional (1923-1956), cuando la ciudad tenía una gran población española”.
El director del Instituto Cervantes de Tánger lamenta la ausencia distribución de libros españoles en Marruecos, mientras Francia los exporta en una distribución capilar a un precio más bajo del que tienen los volúmenes en el país de origen. “Desde las librerías de Algeciras y Tarifa no llegan ejemplares a Tánger, ni a la mítica librería Des Colonnes ni a la moderna de Les Insolites”, pone como “doloroso ejemplo”, “y los autores o editores solo pueden traerlos en sus maletas para que queden en en depósito”.
“Medinear’ con la vista en España”
Ese es el mismo ritual de distribución que sigue desde hace años el periodista y escritor Javier Valenzuela, quien el sábado recorrió con un grupo de lectores los escenarios de su trilogía de novelas negras ambientadas en Tánger. “Como decía Juan Goytisolo, Tánger es una ciudad splendid para medinear, callejear con la vista cercanísima de España”, evoca Valenzuela al autor de Reivindicación del conde don Julián, fallecido en Marruecos en 2017, y su topografía de la ciudad, desde la alcazaba al centro moderno del Tánger internacional del siglo pasado. “No es una urbe monumental”, aclara, “la ciudad en sí misma —y sus habitantes y forma de vivir—, son sus verdaderos monumentos”.

En una visita guiada, mostró en Tánger lugares clave de Tangerina, Limones negros y La muerte tendrá que esperar, donde deambulan personajes de esa serie de novelas: un profesor español del Instituto Cervantes, una farmacéutica marroquí, un chico de la calle, un comisario de policía. “Tánger es una puerta, un puente, con una luz propia fruto del mestizaje… La ciudad revive en el siglo XXI con la monarquía de Mohamed VI, y mi trilogía es precisamente una crónica novelada de su renacimiento”.
La fotógrafa Isabel Múñoz recordaba poco antes de la inauguración el miércoles de su exposición, en la galería del Instituto Cervantes de Tánger, que hace 20 años le llamó la atención la visión de gente sentada mirando hacia el mar , hacia España, en la ciudad del Estrecho. Entre su ingente obra, ha elegido la concept del mar para mostrarla en Photograph Tanger.

Reconocida como una de las grandes fotógrafas españolas, explora nuevas formas de expresión visible en El agua que somos, sobre la contaminación marina. Isabel Muñoz, galardonada con dos World Press Photograph, el Premio Nacional de Fotografía y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, se apasiona con su trabajo y aprendió a bucear para hacer fotografías submarinas. En la exposición hace también un guiño a Juan Goytisolo, con quien colaboró para ilustrar el libro del escritor Fuerte como un turco, sobre la masculinidad de los aceitosos hombres de la lucha yagli de Turquía.
Javier Valenzuela, que fue hace tres décadas corresponsal de EL PAÍS en Rabat, sostiene que Tánger “se ha convertido ya en capital cultural del Marruecos contemporáneo por el dinamismo de su propia sociedad. La ciudad del Estrecho es andalusí, y forma parte de una pluralidad española, ya que el castellano es una de las lenguas naturales”. Preconiza que “la España de la sociedad civil, no la oficial, debe aportar más para asentar la proyección cultural española a través de sus grandes fundaciones y medios de comunicación, y con la apuesta de sus creadores artísticos”.

“Hacer cosas juntos”
“Tánger inspira. Está siempre presente en mis libros”, ha declarado Ben Jelloun a EL PAÍS. Pero también teme que el crecimiento hacia el exterior de la urbe, con construcciones sin espacios verdes, esté alterando su esencia. “El dinero fácil se ha apoderado de casi todo, y el metro cuadrado [de las viviendas] es mucho más caro que en Rabat o Casablanca”, advierte, antes de concluir: “España puede hacer mucho para que Tánger se convierta en un auténtico faro cultural. Podemos hacer cosas juntos”.

Ben Jelloun sintió en Tánger el aliento de la beat technology, con Allen Ginsberg y William Burroughs, con autores como Jean Genet, Paul Bowles o Juan Goytisolo. El reciente resurgir literario Tánger ha coincidido con un bum de escritores españoles, tangerinos por nacimiento o adopción, que comparten una urbe mítica como escenario de sus obras. Entre una pléyade de autores, el éxito de María Dueñas con sus novelas El tiempo entre costuras y Sira ha magnificado su proyección cultural como espacio splendid de obras de ficción.
Mohamed Chukri (1935-2003), el escritor tangerino por antonomasia, se refirió peyorativamente al conjunto de libros de norteamericanos y europeos sobre la ciudad como “meras postales”. “Cualquiera puede pasar unas semanas en Tánger y escribir un librito”, se quejaba el autor de El pan a secas.
En paralelo a Photograph Tanger, el cineasta y productor del competition, Jamal Souissi, ha organizado un ciclo que muestra la evolución del cine español -desde Bienvenido mister Marshall a El 47– en el renovado Cinema Alcázar de la medina, así como una muestra de cine ambientado en Tánger con filmes como Calle Málaga, dirigida por Mayram Touzani y protagonizada por Carmen Maura, o Juanita Narboni, de la realizadora Farida Benlyazid, basada en La vida perra de Juanita Narboni del escritor Ángel Vázquez, la obra literaria que marcó una eclosión de la modernidad creativa española en la capital del Estrecho.
