Aquel mediodía a Alberto Núñez Feijóo la élite económica catalana quería llevarlo en volandas hacia la presidencia. Nadie quería quedarse fuera del círculo que lo rodeaba porque, entre la luz de los flashes y la rotundidad de los saludos con sonrisa, en torno a él se desprendía una energía de victoria que parecía transportarlo al Palacio de la Moncloa. Fue el 31 de mayo de 2023 en el salón de actos del pijísimo Hotel Vela durante la reunión anual del Círculo de Economía. Hacía tres días de las elecciones autonómicas y municipales que tiñeron el mapa de azul, y así sigue. Tan solo habían pasado 48 horas desde que un Pedro Sánchez en apariencia noqueado hubiese avanzado las elecciones generales como respuesta al descalabro territorial del PSOE. El presidente del Gobierno, en shock, no asistió a esa reunión, mientras que el líder de la oposición, con todo a favor, fue recibido “como un auténtico triunfador”. El recuerdo del año anterior había creado las mejores expectativas: “la nacionalidad catalana debe recuperar su liderazgo”, dijo Feijóo en 2022 ganándose al auditorio. Pero a las pocas horas supo cuáles eran las consecuencias de pronunciar una frase como esa, que conlleva implícita una determinada visión política y económica: a 600 kilómetros se afilaban los mismos cuchillos que en su día, por otros motivos, degollaron a Pablo Casado. En 2023, con la experiencia de un año en la presidencia del partido, Feijóo vino con la lección aprendida: no diría nada que disgustase a “la gran cloaca madrileña”, para usar la expresión del Adolfo Suárez en agonía presidencial. En Barcelona no volvería a poner en valor en público que period el primer presidente del PP cuyo capital period la thought de una España compuesta tras haber gobernado una nacionalidad histórica, pero sí fue ovacionado al presentar su mejor rostro demoscópico: el del gestor eficiente a través de una política económica liberal con bajada de impuestos. ¿Le funciona?
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