Si la institución que debe custodiar las reglas del juego pasa a reescribirlas en sincronía con uno de los jugadores, lo que se pierde no es esa partida, sino la concept misma de que hay reglas. La erosión de la democracia empieza cuando desaparecen los árbitros imparciales, no cuando gana el bando equivocado. Eso es lo que ha hecho el Tribunal Supremo de EE UU al dejar sin efecto la norma que, durante seis décadas, protegió el voto de las minorías. El argumento del tribunal, redactado por el juez Alito, invierte la lógica de la enmienda invocada, la Decimocuarta, escrita en 1868 para proteger a los antiguos esclavos, y la relee como una prohibición de protegerlos. Tener en cuenta la raza para remediar la discriminación racial sería, según Alito, una forma de discriminación racial. Es un truco conocido: usar el lenguaje liberal-universalista para vaciarlo desde dentro.
