
Ver a los políticos discutir de cargas virales, confinamientos obligatorios y números de reproducción básica (R0) me llena de ternura. Incluso si un político insinúa que Pedro Sánchez es capaz de provocar una epidemia, está planteando una cuestión interesante, porque ¿cómo se hace eso? Que un brote de hantavirus se politice no es malo en sí mismo. Es solo que yo preferiría que la discusión política fuera otra: ¿cuántos recursos deberíamos dedicar al estudio de los virus potencialmente peligrosos? ¿Qué tipo de proyectos de investigación debemos apoyar? ¿Cómo atraer inversión privada a esos proyectos? Si los políticos están tan preocupados por el hantavirus como aparentan estos días, que empiecen a buscar la pasta.