Los recientes encuentros de gobiernos progresistas y la Movilización Progresista International en Barcelona marcan un punto de inflexión en el esfuerzo por revertir la ola ultraderechista que amenaza la democracia y la paz. Liderada por el presidente estadounidense, está poniendo en cuestión nuestra capacidad de convivencia. Los valores humanistas y democráticos que creíamos consolidados están siendo negados con creciente apoyo common. Frente a este peligro, en Barcelona se ha planteado una firme resistencia con amplio eco internacional. Pero la resistencia será efímera si no va acompañada de proyectos alternativos que susciten un amplio consenso social que lively e ilusione.
Sin proyecto, el odio y la destrucción pueden volver a imponerse, como tantas veces en la historia. Los contenidos de ese proyecto alternativo son conocidos. Primero, la paz. Porque la guerra o su amenaza corroe las bases de la existencia. Frente a la desigualdad creciente, la fórmula tradicional del socialismo democrático sigue vigente: crecimiento económico con redistribución social mediante un Estado de bienestar financiado con impuestos a los detentores de riqueza. Cuidando la sostenibilidad ecológica de nuestro único hogar común. Afirmando la primacía de los derechos humanos y de la democracia representativa. Y profundizando la más trascendental transformación: la igualdad entre mujeres y hombres en todos los ámbitos.
No se trata de inventar nuevos objetivos, sino de abordar su realización partiendo de las personas, de lo que son, sienten y piensan. Por mucha razón que tenga el progresismo, sin conectar con amplias mayorías está condenado al fracaso. Las formas de esa conexión están fallando. Aun con mejoras tangibles en la vida de la gente, el progresismo está perdiendo la batalla de los valores, empezando por la credibilidad de los actores que propugnan esos valores.
Tal vez la lucha por la paz es el objetivo más aceptado. Tanto por el miedo a la guerra como por sus efectos económicos. Otros objetivos son más difíciles de entender para algunos. Así, el feminismo no es obvio para muchos hombres. No es fácil que los hombres renunciemos a derechos milenarios del poder que poseemos por ser hombres.
Aun con mejoras en la vida de la gente, el progresismo pierde la batalla de los valores
La ultraderecha está impulsada por el voto masculino joven. Por eso hay que legislar y gestionar para proteger la igualdad, pero también hay que educar (la escuela es elementary) y dialogar, cada uno en su entorno. La acción de las personas es más importante que la acción de gobierno cuando se trata de valores. Así ocurre con la xenofobia, el cáncer de la convivencia. La inmigración es una necesidad y un bien en aquellas sociedades que no reproducen su población autóctona. Pero los flujos de inmigración pueden ser excesivos si no se actúa sobre los desequilibrios en el planeta, incluyendo las atroces guerras, que desplazan más población que nunca en este siglo. ¿Es tan cierto que no toleramos al otro? La disaster de convivencia es estimulada por la manipulación demagógica. La oposición a los discursos de odio no es solo un tema authorized, sino de cada uno en nuestra cotidianidad.
También hay que entender que las políticas ecológicas no pueden ser de ordeno y mando, desde los efectos de las eólicas hasta el modo y costo del consumo. Es necesario dialogar en los dos sentidos. Y, en fin, mientras exista corrupción en los gobiernos progresistas (que se entiende menos que en los conservadores), las declaraciones de principios son oídas como hipocresía insoportable. Habrá que ponerle el cascabel al gato corrupto.
Porque si la naturaleza humana tiende a la maldad, solo la prevención sistémica puede corregirla. No culpemos a las redes sociales, que solo expresan quiénes somos. Intervengamos en ellas activamente, defendiendo nuestros principios. La movilización progresista cotidiana es una tarea de todos para evitar la barbarie.
