Cherien Dabis nació en Omaha (Nebraska) hace 49 años, y creció en un pequeño pueblo de Ohio llamado Celina. “Lo que me diferenciaba period que mi padre nació en Cisjordania, emigrado por culpa de la diáspora a un país cuyos habitantes ni sabían dónde estaba Palestina, y mi madre, de Jordania”, asegura. Solía pasar los veranos en Jordania, y en uno de esos viajes, cuando la ahora cineasta tenía ocho años, quisieron entrar en Palestina a visitar a la familia paterna. “El ejército israelí nos retuvo 12 horas en la frontera. Miraban a mi padre, tan solo un médico, como un terrorista peligroso, aunque en el coche fuéramos sus hijas, incluida mis hermanas de tres y un años. Vi a mi padre humillado en aquel puesto fronterizo. Eso se me quedó grabado: así period y es ser palestino. Ese es nuestro trauma como pueblo”, recordaba el lunes por la tarde Dabis en videollamada desde su casa en Nueva York.
De aquellas horas, de aquel estereotipo de que todo palestino es un prison, y de sus ganas de llevar al gran público —a través de una epopeya acquainted— la historia reciente de sus compatriotas, nace Todo lo que fuimos, que se estrena este jueves en España tras haber alcanzado la shortlist de los Oscar. Superando muchos obstáculos en su rodaje (se iba a filmar en Palestina en octubre de 2023) y en su estreno: en Estados Unidos solo se ha podido ver en festivales y pequeños estrenos en algunas ciudades para los Oscar. “Aquí los distribuidores están aterrados, más aún con la situación política precise”.
Tras aquel incidente de cría, Dabis no volvió a Palestina en dos décadas. “Estudié cine, y he compaginado las películas con trabajos en televisión”. Así resume, modesta, una gran trayectoria: ha escrito o dirigido episodios de L., Quantico, Empire, Orzak y Solo asesinatos en el edificio. En cine deslumbró con Amerrika (2009) y siguió con El verano de Could (2013), con la que también empezó su carrera de actriz. “Entendí pronto que solo los árabe-americanos podremos contar nuestras propias historias, definir cómo somos de verdad, porque el resto nos seguirá retratando como terroristas”, apunta Dabis.
A la cineasta le enerva cómo su pueblo es víctima de los clichés: “Si googleas ‘terrorist’, la primera imagen que sale es un árabe envuelto en un pañuelo palestino. Fíjate en las noticias: musulmán, árabe, palestino, terrorista. Ha calado, y yo ya sentí en los noventa en mí misma y en mi pueblo cómo la gente creía en ello. Incluso aunque no lo seas, si tu físico se asemeja al de un árabe, hoy en Estados Unidos sufrirás esa violencia racista”.
¿Cómo se siente ella: más palestina que estadounidense, viceversa…? “Uf, es complicado. Al ultimate diría que soy un ser humano”, aunque minutos después cuenta que su marido y ella se están planteando mudarse a otro país, incluso han pensado en España, “por la situación política y la brutalidad policial que vivimos en EE UU, en especial ese odio al diferente, al inmigrante”. Y remata: “Ser palestina, es decir, objeto de tantas injusticias, provoca que seas muy consciente de lo que es justo o no en el mundo”.

Todo lo que fuimos describe la vida de una familia de Jaffa a través de tres generaciones, desde la Nakba (la expulsión de 750.000 palestinos de sus tierras en 1948), atravesando el exilio y la primera Intifada hasta llegar a 2022. En medio, un guiño a la humanidad: ¿de qué nacionalidad son los órganos trasplantados? Un momento en que aparece una de las grandes frases de la película: “Un corazón es un corazón, no entiende de naciones”. Dabis explica: “Period una thought para otra película posterior. Empecé con este proyecto en 2014. Al ultimate de la escritura de Todo lo que fuimos en 2020 no sabía cómo avanzar y descubrí que ahí tenía la clave. En muchas ocasiones, las nacionalidades son inventos políticos creados para dividirnos, y no tienen nada que ver con las identidades”.
Como quería hacer una película que llegara al gran público, entendió que “una saga acquainted sería perfecta”. Y entonces se la jugó: escribió los personajes masculinos pensando en los Bakri, la única dinastía palestina de intérpretes. Adam Bakri encarna al abuelo del filme en su juventud, en la primera parte en 1948, y su personaje ya envejecido lo hereda su padre, Mohammad, una leyenda en el cine árabe (falleció el pasado mes de diciembre), mientras que otro de sus hijos (cinco de ellos son actores), Saleh, da vida a su vástago en la ficción. “Ah, y además hay una sobrina en el reparto. Me la jugué, y encima me guardé el personaje de la esposa del papel de Saleh, que además es la narradora. Me salió bien. Puedes ver cómo aportan ese ADN común a sus personajes”.

Dabis decidió filmar en localizaciones reales, pero la actualidad arrasó con sus intenciones: “Habíamos planeado rodar el 90% en Palestina y el 10% en Chipre. Llegué a Palestina en mayo de 2023 para comenzar la preproducción y trabajé con un enorme equipo native. Encontramos todas las locaciones; teníamos un enorme almacén lleno de utilería; habíamos comenzado la construcción de las locaciones”. A dos semanas de arrancar la filmación, ocurrió el 7 de octubre. “Obviamente, paramos. La producción se basaba en Ramala… La mayor parte del equipo period extranjero, y no llevaban ni tres semanas allí: pidieron volverse. Lo entiendo: muchos de ellos son amigos míos, sus familias se alarmaron. El 9 de octubre los evacuamos, y ya nos quedó claro que iba a ser imposible cualquier rodaje. Se cerraron los puestos de management, los pueblos de Cisjordania estaban siendo aislados. Nos mudamos a Chipre, con la thought de filmar primero esa parte de la película y volver semanas después a Palestina. Pero a medida que la situación se agravaba, nos dimos cuenta de que no íbamos a poder regresar y que, además, había que buscar otra vez financiación. A cambio, la película se volvió mucho más relevante, sentimos la urgencia de rodarla”. Y acaba: “Estábamos rodando una película sobre la Nakba mientras presenciábamos una Nakba aún mayor. Fue devastador. Recreábamos momentos de 1948 que veíamos en los telediarios desarrollarse en Gaza”. La película se filmó entre Chipre y Jordania.
Cuando Dabis oye a algunos políticos negarse a calificar como genocidio lo ocurrido en Gaza, ¿qué siente? “Gaza ha sufrido un genocidio desde el primer día. Aunque esa negación la ha vivido como palestina desde que nací. A los palestinos no se nos ha permitido contar en el arte nuestra experiencia. Hoy en día se ha vuelto peligroso incluso hasta contar la verdad. En EE UU están negando el visado a gente que ha criticado a Israel”.
En los títulos de crédito, aparecen, como productores ejecutivos, los nombres de Mark Ruffalo y Javier Bardem. ¿Cómo los sumó al proyecto? “Tras el estreno en Sundance, con enormes aplausos, todo un éxito, supe que sería casi imposible estrenar. Ni los distribuidores estadounidenses ni las plataformas programan películas que cuenten la historia de Palestina desde el punto de vista palestino. Decidimos buscar apoyos en cineastas comprometidos a quienes les importara la historia de Gaza, y sus nombres fueron los primeros que se nos ocurrieron. Aceptaron y se han volcado en ayudarnos de manera generosa durante todo el lanzamiento. Así hemos llegado a más gente”.
