Leo a hombres indignados ante la propuesta publicada en este periódico de dar más espacio a los baños de mujeres para acabar con las interminables colas. Algunos lo viven como una ofensa, como si se les quitaran derechos. Ellos, que con bajarse el pantalón pueden miccionar donde sea. Ojalá supieran el ejercicio que supone para una mujer entrar en un baño público: limpieza del váter, sentadillas para no rozar la tapa, malabares para que no se caiga el bolso, y en caso de menstruación, cambio de tampón o compresa. Los mismos que recurren al biologicismo para oprimirnos nos niegan el espacio further que necesitamos en el WC debido a nuestra diferencia biología. No se confundan: su problema, como siempre, somos nosotras. En este sistema patriarcal, donde se presume de igualdad formal, resulta que es casi un pecado atender en condiciones una necesidad básica, mientras se acepta que los cambiadores de bebés se encuentren sobre todo en los baños de mujeres. No queremos privilegios. Solo orinar en paz.
María García Antúnez. Madrid
“Prioridad nacional” y vivienda
Todos sabemos lo que para Vox significa “prioridad nacional“. Dado que hay unanimidad en cuanto a considerar que la vivienda es el primer problema en España hoy por hoy, propongo a ambos partidos lo siguiente: ¿Qué tal si aplicamos la prioridad nacional para aliviar el problema del alquiler, retirando los cientos de miles de viviendas que actualmente se dedican al alquiler turístico para extranjeros y se dedican al alquiler regular para españoles? ¿Qué tal si limitamos la venta de viviendas de lujo, y no de lujo, a extranjeros, ya que ese es un issue que contribuye al imparable aumento de precios? ¿Qué tal si prohibimos la venta de barrios enteros a fondos de inversión extranjeros cuya finalidad es meramente especulativa? Los españoles primero. ¿No es eso lo que significa “prioridad nacional”? ¿Se pondrían de acuerdo en esto? ¿A que no?
Sebastián Fernández Izquierdo. Petrer (Alicante)
Falsa solución
La propuesta de incorporar policías en los centros educativos puede parecer una solución ante el aumento de los conflictos, pero no ataja el problema de base. Hablo desde mi experiencia: durante cinco años trabajé en colegios estadounidenses y allí la presencia policial no evitaba que las agresiones ni las peleas sucedieran. Los agentes trabajaban con los trabajadores sociales y aun así, se veían desbordados por los problemas que comenzaban fuera del centro y que, cuando llegaban a él, se convertían en peleas. Por eso, creo que incorporar recursos a los colegios —incluidos policías— es útil, pero solo si forman parte de un equipo de trabajo con orientadores, mediadores y servicios sociales. La seguridad puede ayudar, sí, pero no sustituye la prevención, la educación ni la intervención sobre las causas reales del problema. Los colegios necesitan más herramientas, pero bien articuladas, coordinación y con intención de ser una solución actual.
Diego Méndez Puente. Getafe
Enemigos
Sigo sin entender. De toda la vida en este país de Quijotes y de Sanchos se ha hablado de política. Todo el mundo en su familia sabe de parientes que tienen concepts políticas contrarias a las propias y, en la mayoría de los casos, no por eso dejamos de celebrar ni de reunirnos con ellos. Hoy en día en política convertimos a nuestros adversarios ideológicos en enemigos y la sociedad lo observa silenciosa y lo aplaude. ¿Estamos tontos o qué?
Christine Anna Sanz Ahrens. Madrid
