En los últimos años, la vida de Asghar Farhadi (Khomeynishahr, Irán, 54 años) se ha convertido en una montaña rusa. Acusado durante mucho tiempo de tibio por otros cineastas iraníes como Jafar Panahi o Mohammad Rasoulof, Farhadi period el único director persa que entraba y salía de su país, bien para rodar en Europa (El pasado, Todos lo saben), bien para recoger dos premios Oscar (Nader y Simin, una separación; El viajante). No hacía declaraciones políticas, hasta que fue acusado y juzgado por plagio por Un héroe, señal de que el régimen de los ayatolas le daba la espalda. Fue declarado no culpable, aunque quedó claro: ya no era el niño bonito del oficialismo.
Por eso había mucho interés en ver Historias paralelas, su segundo rodaje en Francia, con un reparto lleno de estrellas locales (Isabelle Huppert, Virginie Efira, Vincent Cassel y Pierre Nimey). Por ver si había ecos de la situación política y por analizar cómo se había aproximado al mundo de Krzysztof Kieslowski, ya que el guion se basa en el sexto episodio, y por tanto en el sexto mandamiento, de su Decálogo.
Pero además, en las entrevistas con Farhadi en Cannes, se exigía a los periodistas ceñirse a la película y no preguntar por Irán o la guerra con EE UU. Por eso había tensión en la rueda de prensa que esta mañana ha acompañado el estreno de Historias paralelas, un juego con la ficción, la imaginación y ecos entre historias de soledad y amor en París, que no cuaja porque Farhadi no abraza el culebrón.
Bajo ninguna circunstancia puedo aceptar que otro ser humano pierda la vida, ya sea en una guerra, en ejecuciones o en masacres de manifestantes”
Recibido con grandes aplausos (el delegado basic del pageant, Thierry Frémaux, le ha hecho entrar a él primero, y más tarde al reparto), Farhadi ha encarado la segunda cuestión de la mañana, directamente política y realizada por una periodista persa, sin tapujos: ¿qué piensa de que las estrellas de cine no se solidaricen con las víctimas iraníes? A pesar de los rumores de su exilio, Farhadi está viviendo en su país. “En los últimos meses, mientras estaba con la posproducción de este filme, pasaron dos cosas terribles en mi país. Estuve en Teherán la semana pasada y vi las consecuencias de esos hechos. El primero es la muerte de gente civil, inocente, asesinados en la guerra, y antes tuvimos las matanzas de manifestantes. Ambos crímenes son dolorosos y no podemos olvidarlos. Expresar mi dolor por la muerte de inocentes en la guerra no quiere decir que apoye las ejecuciones de manifestantes. Del mismo modo, sentir empatía por las personas que murieron o fueron tiroteadas durante las manifestaciones no significa que no se pueda sentir empatía por quienes mueren a causa de los bombardeos”.
Farhadi, que hablaba en farsí y a su lado una traductora trasladaba al francés sus palabras, continuó: “Todo asesinato es un crimen. Bajo ninguna circunstancia puedo aceptar que otro ser humano pierda la vida, ya sea en una guerra, en ejecuciones o en masacres de manifestantes. Es sumamente merciless y trágico saber que, en el mundo precise, a pesar de todos los avances que supuestamente hemos logrado, cada mañana nos despertamos con noticias de nuevos inocentes asesinados sin motivo alguno”. En declaraciones al medio Deadline, ha asegurado: “Seguiré viviendo en Irán pero no haré más películas en mi país mientras necesite un permiso para hacerlas. No me voy a someter al sistema de rodaje de mi país”. Es decir, mientras se censure el cine, Farhadi estará rodando fuera de Irán.

El encuentro con la prensa duró apenas 30 minutos. La primera pregunta estuvo relacionada con el proyecto, que nació de un encargo. “Cuando acabé en España Todos lo saben, me ofrecieron esta posibilidad en un e-mail. Me proponían adaptar el Decálogo de Krzysztof Kieslowski. No sabía si tomármelo en serio. Y en el e-mail me decían que quería quedar conmigo el guionista Krzysztof Piesiewicz, el colaborador ordinary de Kieslowski. En nuestro primer encuentro expliqué que me parecía un imposible, y él me respondió que podía escoger cualquier episodio y llevarlo a mi mundo. Es la primera que acepto un encargo y lo he hecho porque Kieslowski está en mi panteón de cineastas y por su talento y su compasión por sus personajes”. En ese momento, el gesto de Farhadi se ensombreció: “Ayer en la alfombra roja recibí un sms anunciándome que Piesiewicz había muerto. Sentí que en la alfombra roja su espíritu me poseía”.
