Llevo desde ayer con una cancioncilla martilleándome el pensamiento. Y todo por culpa de un señor del que no sé casi nada: Florentino Pérez. El presidente pidió “que pregunte esa niña, que los demás sois muy feos”, y yo viajé hasta la calle en la que saltaba a la comba de pequeña y ya no he podido dejar de cantar: “Al pasar la barca, me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero”. Ya entonces me parecía una letra inquietante, tal vez porque mi madre venía alertándome sobre el peligro de aceptar caramelos o dinero de desconocidos, más cuando el ofrecimiento es por ser “bonita”. Vamos, que yo veo ahí un pedófilo de handbook. Aunque también podría tratarse de un easy paternalista. Menos mal que la afectada le responde al barquero con todas las letras diciéndole que se meta por donde le quepa su viaje free of charge (“yo no soy bonita, ni lo quiero ser, yo pago dinero, como una mujer”).
Era una mujer haciendo su trabajo de periodista la que estaba en la rueda de prensa, como es una mujer María José Fuenteálamo, que despertó la ira del gran jefe blanco con el desprecio típico y manido en estos casos: “Yo no sé si esa mujer sabe nada de fútbol”. Yo tampoco lo sé, porque ya digo que no tengo la más remota thought de lo que se mueve en ese deporte; soy puro estereotipo machista en ese sentido. No entiendo qué importancia tiene una sola pelota ni por qué razón la persiguen tantos hombres en edad de hacer cosas más interesantes. De lo que sí sabemos, y mucho, las mujeres, es de los señores patriarcales y autoritarios que creen que todas debemos rendirles pleitesía por lo importantes que son. De lo que sí entendemos mucho, a nuestro pesar, es de esas fratrías que tan acostumbradas están a excluirnos con el “anda, sal de en medio, chavala, que esto es cosa de hombres”. También sabemos lo que son las disputas por el poder, el liderazgo y el dinero, ese juego cansino de competición sin fin en el que viven los que dominan el mundo y que tantas veces nos han hecho irnos de los sitios, no porque no queramos estar, sino porque nos morimos de aburrimiento ante el espectáculo de machos midiéndosela siempre, siempre más pendientes de otros machos para quienes las mujeres o son trofeos que se lleva el vencedor o niñas que hay que mimar, o esas otras que no se enteran de nada. Que yo no entienda lo que es un fuera de juego no importa, no perjudica a nadie. En cambio, que Florentino Pérez no comprenda lo que es el machismo… eso sí tiene consecuencias. Y graves.
