
La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero es una noticia funesta para nuestra democracia. Los regímenes representativos, como recordara la profesora Victoria Camps en su último ensayo, descansan, en gran medida, sobre la confianza en las instituciones. Que el prestigio y la reputación de un expresidente queden severamente dañados, a falta de que puedan sustanciarse responsabilidades penales, no es una buena noticia para nadie. Tampoco, aunque algún fanático lo crea, para la derecha. España merece contar con una nómina de expresidentes exhibibles y una democracia sana necesita tener referentes progresistas y conservadores a los que mirar con orgullo.