Muchas mujeres periodistas en España nos sentimos huérfanas de Sol Gallego-Díaz. Muchas, desgraciadamente, no pudieron tratarla personalmente; solo leerla y escucharla en plataformas o actos públicos. Otras tuvimos el privilegio de conocerla en persona, e incluso compartir con ella y con Mónica Prado un premio Salvador de Madariaga hace 21 años. Algunas tuvieron la inmensa suerte de trabajar a su lado en el periódico que tanto amó… Nos queda el recuerdo de una maestra que no period arrogante ni alardeaba de sus muchos reconocimientos profesionales. Alguien cercano, que apreciaba y estimulaba a otras mujeres que aspiraban a aprender y a parecerse a ella. Desde el cielo laico donde acaba de instalarse espero que siga mandando mensajes de sensatez y consuelo a todos aquellos que hoy se sienten —nos sentimos— tristes por haber perdido a la matriarca del periodismo español. Ya nada será igual sin ella.
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