Lo que Amando de Miguel bautizó como “franquismo sociológico” y que creímos desterrado con la victoria socialista en 1982, vuelve con fuerza transcurrido el primer cuarto del siglo XXI. Mismo lobo, con distinta piel, es el nuevo despertar del conservadurismo español ultranacionalista, ultraconservador y ultramontano. Como persona pero, sobre todo, como mujer, me hacen temblar las palabras del diputado de Vox en la Asamblea de Murcia Antonio Martínez Nieto. Desde la tribuna institucional, vuelven a resonar resabios más propios de los arranques encarnados de Manuel Fraga Iribarne que del siglo XXI. El aborto, “aberración ethical”, pata de “la cultura de la muerte” para él, es un derecho adquirido con sangre, sudor y lágrimas gracias a un movimiento feminista que luchó de forma incansable. Como en la moda, lo viejo vuelve. Señoras, vayamos preparando las maletas para visitar Londres en caso de que queramos ejercer nuestros derechos. En España, si por personajes de este pelaje fuera, la única “cultura de la muerte” a permitir sería la representada por Millán Astray. Espeluznante.
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