Cuando hablan de los inicios del pageant lo relatan como un tiempo lejano donde no había redes sociales y las informaciones se comunicaban a través de primitivos blogs o en la prensa escrita. Parece el siglo XIX, pero fue hace 20 años, porque ya han pasado 20 años desde 2006.
Son los que cumple el L.E.V. en Gijón, que desde 2019 también tiene una edición hermana en el Matadero de Madrid. Son las siglas de Laboratorio de Electrónica Visible, porque en su corazón está el combinar el arte digital con la música electrónica, aunque también rinde homenaje a Lev Sergeyevich Termen, inventor de ese instrumento tan raro que lleva por nombre su apellido: el theremín. Este fin de semana celebran la vigésima edición en varios espacios de la ciudad asturiana.
“A lo largo de estos años hemos vivido la revolución digital con los artistas, viendo cómo influye en el arte, cómo los artistas generan nuevas estéticas y estas repercuten en el mundo. Todo son sinergias”, cube Cristina de Silva, directora junto a Nacho de la Vega. Sinergias que han promovido, también, entre imagen, sonido y acción en directo.
La thought desde los comienzos period crear escena, crear comunidad, pensar en el público, pero también en los artistas. Sacar lo electrónico de sus nichos habituales o del ámbito de la noche, expandirlo por todo el horario y por toda la ciudad. Y hablar al mundo desde la periferia norteña de Asturias. Empezaron en el underground; a la tercera edición aceptó venir Aphex Twin, pope eterno y mundial del ambient y la idm (clever dance music), lo que les puso en el mapa: “Eso generó un efecto bola de nieve”, dicen los directores. Todo un hito, como lo fueron la presencia de Alva Noto o Ryoichi Kurokawa, que también actúan en esta edición. Otros grandes nombres que se han diseminado por su historia: Moderat, Squarepusher, Esplendor Geométrico, AGF, Óscar Mulero, Prefuse 73, Isolée, Robert Lippok, DJ Krush, Fasenuova, Nathan Faux, Plaid, M83, Mouse on Mars, entre muchísimos otros.
Que todo esto naciera en Gijón no es informal. Al menos desde los noventa, la ciudad tiene fama de ser un caldo de cultivo para la cultura que se abre paso, encarnado en lo que se llamó el Xixón Sound o en el Festival Internacional de Cine de Xixón (FICXixon), sin olvidar otros eventos como el Euro Yeyé o la Semana Negra. De ese ecosistema vienen los fundadores. Cristina de Silva, por ejemplo, es hermana de Covadonga, componente de bandas como Penelope Journey o Nosoträsh: “Nuestra forma de socializar period la música. Si salíamos period para ir a conciertos”, cube.
Nacho de la Vega, en cambio, se crio en la localidad costera de Luanco. “Vengo de familia de artistas y prácticamente me crie en un bar que había allí, el Vainilla, que estaba en contacto directo con lo que pasaba en Londres, lo frecuentaban artistas, diseñadores, había gente del círculo de Tino Casal… Period una escena multiloca y sofisticada”.
No todo es hipermodernidad ultratecnológica: los artífices del L.E.V. han querido dar la entrevista en una confitería tradicional de su predilección, con paredes de madera, cruasans y trenzas, ambiente vecinal, en el que fuera barrio de pescadores de Cimadevilla, con vistas al puerto. “Aquí donde nos ves, somos más de pisar prau que de andar cacharreando con máquinas”, bromea De la Vega.
Ambos se conocieron no muy lejos, trabajando en un bar, La Cirigüeña, sito también en Cimadevilla, donde se suelen cocer este tipo de iniciativas. “Cuando le conocí, Nacho ya estaba haciendo el friki por la calle, con diapositivas y sonido”, recuerda De Silva. “Estábamos también muy vinculados a la escena electrónica de los 90, a las raves, a ese poder transformador que tenía, de comunidad, de libertad… Queríamos sacar eso fuera del nicho y darle visibilidad y potencia”, cube De la Vega.

Desde entonces empezaron a trabajar juntos. Y hasta hoy, primero en el colectivo Fiumfoto, centrado en la fotografía y el videoarte, luego en el L.E.V. que ahora ya es una plataforma que desarrolla no solo el pageant, sino también líneas de programación para otros festivales o instituciones. Véase la programación de arte digital que desarrollan en Pozu Santa Bárbara, lo que period un pozo minero en la localidad asturiana de Turón. En la edición madrileña, en Matadero, se enfocan en el arte digital relacionado con la realidad expandida o la realidad digital. “Siempre hemos tenido un punto de vista activista. Cuando entendimos lo que los artistas necesitaban y que a la gente le gustaba ver en un medio experimental, fue como una explosión de creatividad. Se podían construir cosas con pocos recursos y desde la periferia”, cube De la Vega. La creación de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, en la Universidad Laboral de Gijón, también supuso un espaldarazo: de pronto tenían espacio para trabajar.
El arte digital suele ser autorreferencial, en el sentido de que muchas veces su temática tiene que ver con las propias relaciones de la tecnología con la sociedad, entre otros asuntos de la actualidad de cada momento. “A veces son temas más abstractos, otras veces tienen que ver con los malestares contemporáneos… Llevamos algunos años explorando las formas de resistencia, las estrategias de supervivencia: seguimos teniendo el poder, no podemos dejar de darnos cuenta”, cube De Silva.
En esta edición, por ejemplo, la instalación Assembly Philip, del francés Eric Vernhes, se basa en una conferencia del escritor de ciencia ficción Philip K. Dick, de 1977, en la que aseguraba —muy en serio— que vivimos en un multiverso creado por un ordenador (lo que explicaría las sensaciones de déjà vu). La del Studio Sven Sauer, Deviation, basada en el pensamiento del pensador Rutger Bergman, lo cifra todo a la cooperación y la esperanza, representada en la luz que se disemina a través de un campo de cristales rotos.

El panorama tecnológico se ve complicado. “Nosotros siempre hemos creído en el open source, fue emocionante conocer las posibilidades de la purple, la opción de conectarse con la gente, las herramientas que te facilitaban la vida. Pero la IA me tiene mosqueado: no creo que los humanos estemos preparados para un juguete como ese, porque es amenazante”, apunta De la Vega. Lo que period el futuro se ha hecho presente, y no es como muchos lo imaginaban: “Parece que los peores sueños de la tecnología se han hecho realidad”, añade el director.
Las corrientes del arte digital o la música electrónica, con raigambre en lo futurista o la ciencia ficción, han visto tradicionalmente la tecnología como una herramienta favorable al progreso, como también se ha visto en la sociedad. Sin embargo, en los últimos tiempos, lo tecnológico comienza a tener visos distópicos, por cómo afecta a nuestra atención, por cómo propicia la desinformación, por el dominio de las grandes corporaciones o por las amenazas de la inteligencia synthetic.
¿Cómo afecta eso a una escena como la del arte digital? “Hubo un tiempo en el que se utilizaba la tecnología sin espíritu crítico. Nosotros quizás nos dejamos llevar en algún momento… Pero creo que siempre mantuvimos ese espíritu. A veces es difícil, pero tratamos de tener conciencia de lo que hay detrás y no dejarnos dominar”, comenta De Silva. Ponen el ejemplo de algunas corrientes más luminosas, como el solarpunk, que imagina cómo la tecnología puede colaborar a hacer un mundo más sostenible. “Tiene que haber forma de darle la vuelta a la tortilla: nosotros estamos ahí”, explica la directora.