Si algún escritor desea pasar a la posteridad tiene que fabricarse previamente como personaje. Por regla common deberá salirse muy pronto de madre, hacerse con una imagen exterior y dedicar a su cultivo varias horas al día con una serie de payasadas, manías, lances y locuras que al principio pueden causar risa o desprecio, pero con un poco de suerte, acabarán convertidas en la masa crítica de su fama. La figura de Blasco Ibáñez salió a la luz primero como un reventador de rosarios de la aurora, agitador político, anticlerical, antimonárquico y antimilitarista, siempre a salto de mata huyendo de la policía. Se batió en duelo dos veces y en una de ellas se salvó porque la bala le dio en la hebilla del cinturón. Mientras tanto escribía a borbotones sin parar de noche hasta el alba. No es necesario ser tan excesivo y desparramado.
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