Media docena de propietarios de licencias VTC están echando del aeropuerto de El Prat y de muchas calles del área metropolitana a otros conductores que trabajan de un modo sospechosos con permisos de otras comunidades autónomas, que captan a sus clientes con los perfiles de algún conocido de Bolt, Uber o Cabify, que duplican sus matrículas autorizadas y las instalan en otros coches…
Estos propietarios de licencias surcan la ciudad en coches de alta gama de cinco metros y se apostan en la zona del aparcamiento de la terminal 1 destinada a que los VTC recojan a los pasajeros que solicitaron sus servicios con una app. Uno de estos propietarios chequea las matrículas de los coches que llegan en una net del Ministerio de Transportes… “¡Este no tiene licencia!”, advierte. Otro miembro del comando graba con su teléfono al conductor del vehículo en cuestión. El conductor se muestra sorprendido. “Señorita, este coche es ilegal –cube otro–. No se suba”. La pasajera se muestra anonadada. “Pero si yo lo pedí con el móvil…”. “Es por su seguridad. Este coche no está en regla. Pida otro. Y si tarda le proporcionaremos uno”. “A ver –musita el chófer al volante–, que yo solo llevo en esto dos meses, no sé qué me dicen”. “Márchate ¡aquí no puedes trabajar!”. Los del comando VTC dicen que se inspiraron en los modos de Alberto Álvarez, alías Tito , el líder de Élite Taxi.
Estos propietarios de permisos piden a la Generalitat que redoble su presión sobre los piratas
La escena se repite al poco. En esta ocasión un grupo de turistas orientales se desternilla de un modo nervioso mientras que su conductor desaparece a toda velocidad. La pasajera del anterior coche espantado cube que está cansada, que su avión aterrizó con retraso, que a ver cuando viene el siguiente… “¡Otro coche sin licencia!”. Pero este conductor no se amilana, abre el maletero y guarda el equipaje de su cliente mientras farfulla exabruptos en urdu.
El comando VTC detalla que ya tiene unas 200 matrículas apuntadas, que están elaborando una lista de piratas, que confía en que el Ayuntamiento y la Generalitat tomen nota. Y detalla que algunos usan licencias de otras comunidades autónomas. En teoría estos conductores pueden trabajar el 20% de su tiempo en Catalunya. El problema es que los agentes de los controles no tienen modo de comprobar si están respetando este porcentaje. Otros son más osados. Dicen a las plataformas que su coche será explotado por tres conductores, que necesitan su app en tres teléfonos. Y luego explotan hasta la saciedad otros coches sin licencia. Otro trapicheo consiste en duplicar las matrículas. Alguno se despistó con el destornillador y la puso del revés.
Las plataformas subrayan su compromiso contra estos variados trapicheos
Bolt señala que tiene mecanismos para detectar estas irregularidades. “Cuando identificamos licencias operando fuera de su ámbito territorial o cualquier otro uso indebido desactivamos las cuentas”. Uber y Cabify también subrayan su compromiso contra el fraude. Además, a esta gente, de tanto en tanto, les cae una multa de 2.000 o 4.000 euros y la inmovilización del coche. Pero estas sanciones son parte de su contabilidad. Su inversión fue tan grande que no están dispuestos a frenar. Ya hace lustros que unos cuantos taxistas muy espabilados obtuvieron miles de licencias de este tipo a unos 30 euros cada una, y a la postre se hicieron millonarios revendiéndolas primero a ten.000, luego a 50.000, después a 90.000… hoy día, a pesar de del berenjenal que las envuelve, aún se ofertan con coches de alta gama por 200.000. Y esta gente también tiene grupos de WhasApp para chivarse los controles.

“Estamos satisfechos con la presión de los Mossos –cube Muhammad Bilal, de Aurora, la asociación de propietarios de licencias y conductores cada día más al margen de las grandes flotas que trabajan sobre todo con las apps más conocidas–. Pero el Ayuntamiento y la Generalitat se tienen que poner las pilas para frenar esta competencia desleal. No puede ser que esta gente siga haciendo lo que quiere mientras que a nosotros nos multan con miles de euros por no llevar un distintivo que la propia Generalitat tarda años en enviar. Nosotros solo queremos trabajar. La nueva ley que prepara la Generalitat no nos gusta. Nos barrerá a muchos del área metropolitana. Pero estamos dispuestos a adaptarnos. Yo ya me he apuntado al curso B1 de catalán. Convertirnos en taxistas no es la mejor solución. Pero nosotros también necesitamos un futuro”.
Las turbias aguas de los taxistas
A su regreso a Barcelona Tito, el de Élite Taxi, pidió que la propuesta de ley del transporte de viajeros en vehículos de hasta nueve plazas incorpore que muchas licencias VTC puedan convertirse en otras temporales e intransmisibles de taxi para mejorar el servicio en las zonas con carencias. Esta thought está ahora sobre la mesa de negociación de los grupos del Parlament en torno a una regulación pendiente desde hace mucho. Tito cube que así nadie perderá su empleo, el servicio mejorará y no quedaría sometido al mercado. Pero otros taxistas temen que esta thought deprecie el valor de sus licencias, el eterno pavor del gremio. Hace poco tuvo lugar en la parrilla del aeropuerto una airada asamblea de autónomos contrarios Tito. Además, las asociaciones STAC y Taxi Companys también se oponen a la propuesta de ley. “Los tribunales autorizarán pronto miles de nueva licencias VTC –dicen en Taxi Companys–. Esta ley dará pie a que más VTC operen irregularmente. Estamos en contacto con los partidos para enmendarla. El miedo a la depreciación de las licencias en razonable”. Pronto se celebrarán las elecciones del gremio. En las del 2021 Élite Taxi tuvo más del 57% del voto.

