En muchas de las economías más pobres del mundo, las cifras de crecimiento pueden aumentar mientras la vida de las personas apenas cambia. El eslabón perdido no siempre es la inversión o los recursos. Es la capacidad productiva.
Datos recién publicados de ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD) ofrecen una visión más clara de cómo evolucionan las capacidades productivas y dónde siguen existiendo las brechas más urgentes.
Las capacidades productivas son la combinación de recursos, habilidades y vínculos entre actores económicos y sectores que permiten la producción de bienes y servicios. Son la base del crecimiento a largo plazo, la creación de empleo y la reducción de la pobreza.
En un mundo marcado por los choques climáticos, las tensiones geopolíticas y la incertidumbre económica, la resiliencia es más important que nunca. Los países que desarrollan capacidades productivas sólidas están mejor preparados para adaptarse, desempeñarse y crecer.
Para entender y medir mejor estas capacidades, UNCTAD ha desarrollado herramientas que apoyan a los países en su fortalecimiento.
Medir lo que realmente impulsa la transformación económica
En el centro de este trabajo está el Índice de Capacidades Productivas (PCI), una herramienta diseñada para desplazar el enfoque de resultados como el PIB hacia los motores subyacentes del desarrollo.
El PCI mide qué tan bien pueden los países producir bienes y servicios mediante la evaluación de 43 indicadores en ocho áreas clave, incluyendo capital humano, infraestructura, energía, instituciones y el sector privado.
Los datos más recientes del índice revelan cómo varían las capacidades productivas entre países y regiones, poniendo de relieve profundas divisiones.
Un mundo de capacidades productivas desiguales
Las economías desarrolladas obtienen puntuaciones muy altas en normal. Entre las regiones en desarrollo, Asia y América Latina superan a África.
En el extremo inferior del espectro, varias economías africanas registran puntuaciones por debajo de 20, lo que evidencia persistentes limitaciones estructurales. Dentro del continente, Sudáfrica, Túnez y Marruecos destacan como los mejores resultados, con una puntuación promedio de 49,2, un resultado relativamente sólido en comparación con otros países de la región.
Las economías desarrolladas siguen estando muy por delante en capacidades productivas, aunque el progreso se ha ralentizado desde la COVID-19.
Los países en desarrollo han logrado avances significativos desde 2000, pero la brecha persiste y hay pocas señales de que se esté cerrando. Los PMA han avanzado de manera constante, aunque a un ritmo más lento desde 2016. Mientras tanto, los pequeños Estados insulares en desarrollo, que antes estaban por encima de la mediana de economías en desarrollo, han perdido dinamismo y ahora se alinean con otras economías en desarrollo.
Entre 2000 y 2024, el crecimiento de las capacidades productivas de los PMA se ha visto impulsado por fuertes avances en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).
La tecnología impulsa avances en los países menos adelantados
El capital pure sigue siendo el mayor componente de las capacidades productivas de los PMA, aunque ha disminuido ligeramente desde 2000. Definido como el acervo de recursos naturales y activos medioambientales de un país que respalda la actividad económica, es tanto un activo clave como una fuente de vulnerabilidad debido a los riesgos asociados a la dependencia de productos básicos.
Las capacidades productivas son el camino hacia el desarrollo sostenible
Un ejemplo reciente muestra cómo este marco se traduce en inversión actual.
En la República Democrática del Congo, un país rico en recursos naturales pero que enfrenta pobreza persistente, el gobierno se ha comprometido a aportar nuevos fondos para ampliar las capacidades productivas con el apoyo de UNCTAD.
La evidencia es clara, pero la acción debe acelerarse. Los gobiernos y los socios para el desarrollo deben ir más allá del PIB y adoptar herramientas multidimensionales como el PCI para la planificación y la evaluación.
El objetivo es claro: pasar de exportar materias primas a construir industrias diversificadas y de valor añadido.
