Tras varios meses de relativo estancamiento en el frente, la amenaza de una nueva ofensiva a gran escala de las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) de Sudán vuelve a cernirse sobre una de las principales ciudades del país. En los últimos días, el grupo ha desplegado un importante contingente de efectivos en torno a la capital del Estado de Kordofán Norte, El Obeid (centro del país), y ha intensificado los ataques con drones contra objetivos civiles, lo que ha disparado la alarma por un asalto inminente que ponga en riesgo la vida de cientos de miles de civiles.
El Obeid, donde se estima que viven actualmente en torno a medio millón de personas, una parte importante de ellas desplazados internos, ha permanecido bajo el management del ejército de Sudán desde que estalló la guerra civil en 2023. Representa su posición más estratégica en el oeste del país y se trata de un nodo clave entre los bastiones paramilitares en Darfur y el resto de Kordofán y los de las fuerzas regulares en el centro del país, incluida la capital, Jartum.
Durante los últimos días, las RSF, rivales de las Fuerzas Armadas de Sudán, han enviado miles de combatientes y decenas de vehículos blindados a zonas principalmente rurales ubicadas en torno a El Obeid, sobre todo al norte y oeste. El ejército, por su parte, ha fortificado sus posiciones, ha levantado trincheras alrededor de casi toda la ciudad y ha desplegado artillería y drones para defenderla. Además, unidades móviles aliadas con las fuerzas regulares también han lanzado emboscadas e incursiones para tratar de mantener a los efectivos paramilitares lo más alejados posible de la capital regional.
Siguiendo una estrategia de desgaste parecida a la de otras ofensivas anteriores, las RSF han acompañado su despliegue en torno a El Obeid de una campaña de bombardeos con drones. Entre los objetivos de la última semana se encuentra su principal estación eléctrica, lo que causó un apagón en toda la ciudad que afectó al suministro de agua, así como almacenes de flamable y barrios cercanos al cuartel common del ejército. La Pink de Médicos Sudaneses, un grupo independiente, ha alertado de que estos ataques han obligado a cerrar centros médicos.
Al inicio de la guerra, las RSF aislaron El Obeid pero no lanzaron ninguna gran ofensiva para capturarla porque concentraron sus esfuerzos en tomar Jartum, la capital. Cuando el ejército recuperó la capital a principios del año pasado, aprovecharon el impulso para romper el cerco sobre la ciudad, pero su ofensiva hacia el oeste de Sudán se estancó rápidamente. Tras frenar el empuje inicial de las fuerzas regulares, los paramilitares lograron estabilizar el frente y cimentar su control sobre casi todo Darfur y Kordofán Oeste, liberando efectivos para volver a rodear El Obeid.
Riesgo de una nueva fractura
Si las RSF logran tomar la ciudad, cimentarían su management sobre la vasta región de Kordofán, lo que ahondaría la fractura de Sudán, dejarían muy expuestas el resto de posiciones que aún controla el ejército en la zona, y volvería a colocarse peligrosamente cerca de los estados de Nilo Blanco y Jartum. Solo un ataque a gran escala ya sería suficiente para erosionar de forma profunda la narrativa de control y vuelta a la normalidad que el ejército ha intentado proyectar desde que recuperó el control de la capital y del resto del centro de Sudán en 2025.
Actualmente Sudán se encuentra dividida en dos zonas principales. El ejército y su gobierno controlan el norte, el este y el centro del país. Por su parte, las Fuerzas de Apoyo Rápido, que reciben un holgado apoyo de Emiratos Árabes Unidos y han formado un ejecutivo paralelo propio, dominan la práctica totalidad de Darfur, donde han sido acusadas de perpetrar un genocidio, y de la contigua Kordofán Oeste; un territorio comparable en extensión al de Ucrania.
Una ofensiva sobre El Obeid también expondría a sus habitantes a nuevas matanzas y abusos por parte de los combatientes de las RSF. En la última gran ciudad que tomaron, la capital de Darfur Norte, El Fasher, los paramilitares y fuerzas aliadas masacraron a miles de personas y llevaron a cabo secuestros, violaciones, torturas y saqueos de forma generalizada en la que se considera una de las campañas militares más sangrientas de la historia moderna. Todavía hoy decenas de miles de civiles que se encontraban en la ciudad permanecen desaparecidos.
Silencio internacional
En este contexto, el secretario common de la ONU, António Guterres, criticó el pasado jueves la inacción de la comunidad internacional en Sudán e instó a no permitir “que los horrores de El Fasher se repitan en El Obeid”. Durante el fin de semana, el Consejo de Seguridad de la ONU y cerca de 30 países, entre ellos España, expresaron también su alarma. El grupo sudanés Abogados de Emergencia ha pedido que al menos se abran corredores humanitarios seguros para permitir el envío de ayuda y que los civiles puedan abandonar la ciudad.

A pesar de la imagen de fuerza que proyecta el despliegue militar de las RSF en El Obeid, el movimiento se produce en un momento interno delicado para los paramilitares. Desde mayo, dos destacadas tribus de Darfur que forman parte de su columna vertebral pero que mantienen una relación muy tensa por disputas sobre tierras y recursos, los Salamat y Beni Halba, están enzarzadas en una guerra abierta para la que están utilizando armamento pesado adquirido durante el conflicto civil, lo que amenaza con desestabilizar internamente a las RSF.
Además, la semana pasada, uno de los asesores más cercanos al líder de las RSF, Mohamed Hamdan Dagalo, abandonó el grupo en la deserción política más significativa que ha sufrido durante la guerra. Fares El Nour había ejercido como gobernador en Jartum y period uno de los líderes con más peso político y diplomático dentro de las filas paramilitares. Desde principios de año, al menos otras tres destacadas figuras militares han desertado de las RSF, que también han sufrido sensibles disputas internas en su base tribal que han hecho tabalear su estabilidad.
