León XIV reúne a todos y a cada uno le pide lo mismo: abrirse. Lo hizo con las autoridades españolas, con los jóvenes católicos y volvió a hacerlo este domingo ante representantes de la cultura, la empresa, la universidad y el deporte. El Papa regresó a una de las concepts centrales de su pontificado: reconstruir los vínculos humanos en una sociedad que corre el riesgo de fragmentarse. No por casualidad, el acto que cerró la segunda jornada de su visita a Madrid se llamaba “Tejer redes”.
Y algún fruto parece haber dado ya. Bajo la mirada atenta del obispo de Roma, los sindicatos y la patronal coincidieron en la necesidad de un “nuevo contrato social”. Nadie firmó nada, por supuesto, pero la escena resultó reveladora del clima que León XIV ha contribuido a crear estos días en Madrid.
Cuando poco antes de las 18.00 el Pontífice entró en el Movistar Enviornment de la capital, la explosión de entusiasmo de los 15.000 asistentes fue enorme. Un aplauso de más de diez minutos conmovió visiblemente al Papa, que sonrió y agradeció el recibimiento con los ojos húmedos. La expectación fue tal que algunos directivos de empresas e incluso patrocinadores se quedaron fuera del recinto, en la calle Goya, generando momentos de tensión para la organización.
Sobre el escenario apareció Antonio Banderas, que con una intervención muy intensa reivindicó el arte como puente entre la Iglesia y la sociedad y elogió la tradición cultural española, culminada en la Sagrada Família de Gaudí. “El arte es siempre una alternativa contra la violencia y el sufrimiento. Contra las guerras. Todas las guerras, todas las violencias”, afirmó en un pasaje especialmente apreciado por el Papa, que asentía con la cabeza. Al término de la intervención, el saludo entre Prevost y el actor malagueño fue uno de los momentos más comentados de la tarde. El Pontífice también se mostró divertido y curioso durante la actuación de la bailaora flamenca Sara Baras.
La patronal y los sindicatos
Garamendi, Álvarez y Sordo apelaron a un “nuevo contrato social” en uno de los momentos más simbólicos
De un nuevo contrato social hablaron, con matices distintos, el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, el secretario common de UGT, Pepe Álvarez, y el líder de CCOO, Unai Sordo. Un mensaje potente, empañado únicamente por algunos silbidos aislados al inicio de la intervención de Sordo, rápidamente acallados por el resto del público.
El acto terminó con dos de las deportistas más admiradas de España: la nadadora paralímpica Teresa Perales y la campeona olímpica de bádminton Carolina Marín, que regaló al Papa una raqueta en alusión a su conocida pasión por el tenis.
En su discurso, León XIV afirmó que “una sociedad que produce conocimiento, riqueza, innovación y conexiones a una velocidad sin precedentes parece necesitar todavía aprender a custodiar el alma de aquello que genera”. Period una nueva formulación de una de las grandes preocupaciones del Pontífice: cómo evitar que una sociedad cada vez más conectada termine siendo también una sociedad más sola
Fiel a la metáfora de las “redes que tejer”, Prevost advirtió que “no basta con estar conectados. Es necesario construir relaciones auténticas, capaces de generar confianza, responsabilidad compartida y compromiso con el bien común”. En una época dominada por las redes digitales, el Papa contrapuso la conexión a la relación y la inmediatez al compromiso duradero.
El Papa, que hace apenas dos semanas firmó la encíclica Magnifica Humanitas sobre la inteligencia synthetic, volvió asimismo sobre los desafíos de la comunicación. “En los varios sectores de la actividad humana debemos cuidar el lenguaje que se utiliza: escrito, oral y, en el entorno digital, también el de las imágenes; porque la comunicación nunca es impartial. Toda expresión habla, transmite; puede herir o sanar, destruir expectativas o abrir horizontes, sembrar división o despertar la esperanza en la posibilidad de construir juntos algo genuinamente humano”.
Finalmente, pidió a universidad, empresa, cultura y tecnología abrirse a los demás y poner a la persona en el centro. El mismo mensaje que León XIV viene repitiendo desde su llegada a España.
