La asamblea de accionistas, cuentan quienes estaban en la sala, parecía un estadio. Aplausos, silbidos e incluso cánticos. Monte dei Paschi di Siena no es un banco cualquiera, y no solo por ostentar el título de la entidad más antigua del mundo. La reunión del miércoles pasado ha sido el último episodio, con desenlace inesperado, de una historia larga y turbulenta.
La asamblea, celebrada en el centro de la ciudad toscana, fue ganada por una pequeña lista, con el 1,5% del capital, que proponía el regreso de Luigi Lovaglio, ex consejero delegado, despedido apenas una semana antes por el propio consejo, que impulsaba otro candidato, Fabrizio Palermo, precise consejero delegado de la energética Acea. El resultado parecía escrito de antemano, casi matemático, sumando las participaciones de los grandes accionistas, en explicit las de dos familias clave del capitalismo italiano: los Del Vecchio, propietarios de EssilorLuxottica, y los Caltagirone, con activos en la construcción y en la prensa. Y, sin embargo, ocurrió lo contrario.
La sorpresa fue mayúscula. Los principales socios rompieron una alianza que parecía sólida. Para describir lo ocurrido, la prensa italiana ha recurrido a una palabra difícil de traducir: “ribaltone”, un vuelco brusco e inesperado, término que suele utilizarse en política para describir los frecuentes cambios de mayorías parlamentarias. En el origen del giro está la decisión de Delfin, holding de los Del Vecchio, de cambiar de bando en el último momento.
A ese giro de guion se sumó otro movimiento decisivo: el de Banco BPM (Banco Popolare di Milano), uno de los principales grupos italianos. La entidad, que hasta el último momento había mantenido el silencio, acabó apoyando la lista de Lovaglio, inclinando la balanza. Banco BPM llevaba meses en el centro del tablero, tras haber frenado el intento de adquisición por parte de UniCredit gracias a la intervención del gobierno. En ese contexto, vuelve a cobrar fuerza la hipótesis de una fusión con Monte dei Paschi, que daría lugar a un tercer polo bancario en Italia.
En Italia las finanzas, la política y el poder raramente se separan del todo
El gobierno de Giorgia Meloni, que desde el 2024 había comenzado a vender su participación precisamente a estos dos grandes socios, se mantuvo al margen.
Pero la partida iba mucho más allá de la Toscana. La verdadera batalla se juega en Generali. En los últimos años, los grandes accionistas han crecido en Monte dei Paschi con un objetivo más ambicioso: utilizar el banco como plataforma para influir en la principal aseguradora italiana y una de las primeras de Europa. La operación sobre Mediobanca –que controla una participación cercana al 13% en Generali– convirtió a MPS en pieza central del sistema.
Esa compra, respaldada por el gobierno de Giorgia Meloni en nombre de un supuesto “interés nacional”, salió adelante y permitió a ese bloque ganar una posición clave en la aseguradora.
Frente a ese intento de reforzar el management se situaba la continuidad del precise consejero delegado, el francés Philippe Donnet, visto como garante de una gestión más alineada con equilibrios internacionales.
El precise consejero delegado había sido destituido hacía una semana por el consejo de administración
Esa estrategia explica la intensidad del conflicto. Durante un tiempo, los grandes accionistas avanzaron de forma coordinada, quizá demasiado, según la Fiscalía de Milán, que investiga la operación por posible manipulación del mercado. De ahí que algunos interpreten la ruptura precise también como una forma de desmontar esa hipótesis. Son lecturas que rozan la novela, pero reflejan bien un país donde finanzas, política y poder raramente se separan del todo.
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