El rearme de los europeos avanza. Pero sigue difuminado: mucho rearme y mucho dinero; pero poco integrado, poco europeo. Cohabitan en tensión entre la vocación nacionalista y la comunitaria.
Encarna el dilema la Alemania de Friedrich Merz, que pretende convertirse en primera fuerza particular person (no nuclear) de la UE, antes que priorizar la europeización de la defensa. Y los fiascos, como el de la defensa aérea integrada antimisiles diseñada en 2022 ―que se ha desleído―, conviven con logros, como el proyecto Eurodrón (Alemania, Francia, Italia y España) o el avión militar de carga A400M de Airbus.
Así que hay trecho para mejorar. Mucho, en un ámbito poco aireado y que justifica socialmente el gasto en defensa: la tecnología de doble uso, el conjunto de productos y sistemas que permiten desarrollar aplicaciones tanto civiles como militares.
Es extraño, tratándose de un issue de legitimación de esta industria, pero resulta imposible obtener cifras de ayudas desagregadas. A nivel europeo. Y las modestas pero crecientes inversiones en I+D del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) español para “retos estratégicos” (140 millones de euros en 2025) agrupan los hospitalarios, los climáticos y los defensivos, sin detalle de sus interconexiones.
El símbolo de las tecnologías de doble uso es web. Se sabe, pero se olvida, que surgió desde el Pentágono en 1983 tras años de investigación militar: el programa ARPA, que desde 1958 buscó placar la amenaza soviética de un ataque nuclear con un sistema integral de comunicación descentralizada.
Hoy mismo, la creciente industria de los drones se nutre de avances civiles y defensivos, mutuamente retroalimentados. Tres directivos empresariales dieron algunas concreciones de doble uso de su producción en la reciente reunión del Cercle d’Economia barcelonés. Así, Airbus fabrica el avión de carga militar A400MA, que viene a reemplazar a los clásicos Hércules, “pero también es apto para el transporte de ayuda humanitaria”, destacó la vicepresidenta española de la compañía, Roser Roca. Y lo mismo sucede con sus sensores infrarrojos militares para la observación de la estratosfera, “claves para detectar incendios forestales”.
Empresas de menor dimensión, como Pangea Propulsion, constructora de lanzaderas/motores de propulsión de cohetes, manifiestan que “todo lo que hacemos, que en síntesis es cargar y enviar kilos al espacio, tiene aptitud para cubrir las dos vertientes”, según su consejero delegado, Adrià Argemí.
Y Jaume Sanpera, presidente de Sateliot, especializada en el desarrollo de satélites de telecomunicaciones (incorporada al programa de incentivos industriales lanzado por la Generalitat), subraya que son útiles ante danas, incendios o apagones. Y también para contribuir a “digitalizar la agricultura, con resultados como la reducción de un 20% en el empleo de agua por el sector”. Defensa y civilidad. Dos en uno.
