
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca hace 17 meses ha reconfigurado por completo el tablero de la seguridad en Centroamérica. Con una retórica agresiva y la puesta en marcha del llamado Escudo de las Américas —una feroz estrategia que coquetea con la intervención militar contra los cárteles de la droga—, Washington ha sometido a los Gobiernos de la región a una presión asfixiante. Tras la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, el 3 de enero en Caracas, el istmo ha vuelto a quedar en el centro de la diana geopolítica de Estados Unidos. Esta asimetría de poder ha forzado una mutación drástica en la logística del crimen organizado.
