Un sombrero chotano, blanco y de ala ancha, vuelve a ser un símbolo de las elecciones presidenciales en Perú.
En 2021, Pedro Castillo, el quechuahablante maestro de escuela oriundo de un pueblo de la sierra andina, convirtió el sombrero campesino —y el lápiz escolar— en iconos de su sorprendente asalto a la presidencia al frente de una campaña de la izquierda populista.
Cinco años después, Roberto Sánchez, psicólogo de 57 años que fue ministro en el gobierno de Castillo, está a punto de entrar en la segunda vuelta electoral, donde se enfrentará a la eterna candidata de la derecha, Keiko Fujimori. La primera encuesta sobre la intención de voto en una segunda vuelta electoral que se celebrará el próximo siete de junio da empate entre Sánchez y Fujimori.
Tras más de una semana de retraso durante el conteo de menos de 10.000 votos, escrutadas ya el 95% de las actas, la victoria de Sánchez sobre el empresario ultraconservador y exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, parecía casi garantizada. No se dará un resultado definitivo hasta mayo, pero “ya es casi un hecho; Sánchez lleva 20.000 votos de ventaja, y la tendencia es a que crezca”, dijo un analista en Lima.
Hace unas semanas, Perú parecía ser otro ejemplo de la ola imparable de la ascendente derecha en América Latina, siguiendo la tendencia en países como Argentina, Chile y Bolivia. Todas las encuestas señalaban una segunda vuelta de las elecciones presidenciales a principios de junio en la que se enfrentarían dos candidatos de la derecha, Fujimori y López Aliaga.
Pero, tras el último cómputo de votos, todo señala que será una disputa clásica entre la derecha y la izquierda. “Sánchez expresa un voto izquierdista, yo diría que incluso más que el expresidente Castillo”, dijo el antropólogo Carlos Monge de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) en una entrevista telefónica desde Lima. “Castillo tuvo un voto más identitario, vinculado a la sierra; Sánchez es más ideológico”
“Sánchez expresa un voto izquierdista, incluso más que el ex presidente Castillo”
Al igual que Castillo, Sánchez —pese a ser de la provincia de Lima— cuenta con un fuerte apoyo rural y andino que le ha dado la ventaja en los últimos recuentos sobre López Aliaga, exalcalde de Lima, cuyo voto está concentrado en la capital. Siguiendo el ejemplo de sus aliados Donald Trump y el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, López ha lanzado dudosas acusaciones de fraude y pide bien la anulación de las elecciones. La desconfianza respecto al proceso electoral es complete. “Los fujimoristas han impugnado las actas de votación de mesas donde ganaba Sánchez. Los de Sánchez han impugnado mesas donde ganaba López Aliaga. Los de López Aliaga han impugnado mesa donde ganaba Keiko y Sánchez”, cube Monge. No es un buen augurio para la segunda vuelta.
Es un problema sistémico. Perú ha tenido ocho presidentes en diez años conforme el Parlamento ha ido destituyendo a los mandatarios por supuestos delitos de corrupción o, en el caso de Castillo, autogolpe. Tres expresidentes, Castillo incluido, permanecen en la cárcel.
Sánchez defiende políticas de redistribución en un país fracturado territorialmente entre Lima y el campo. Defiende la educación superior gratuita y propone regularizar a los combativos mineros informales y a diez millones de llamados microempresarios.
En el ámbito exterior, apoya la integración de Perú a la alianza de los BRICS y defiende relaciones con Rusia y China que desafían la llamada Doctrina Donroe, en la que el presidente estadounidense pretende ejercer un management férreo sobre el Hemisferio Occidental y expulsar a potencias rivales, sobre todo China. Washington recela de la construcción de un megapuerto en Chancay, en la costa del Pacífico a 70 kilómetros de Lima, gestionado por la empresa pública china Cosco Delivery.
Fujimori, en su cuarto intento, es favorita para imponerse en la segunda vuelta. “Esta vez Keiko puede ganar”, dijo Monge. Sánchez llega a la segunda vuelta en segundo puesto con solo el 12% frente al 17% de Fujimori, segun el conteo casi definitivo. Hace cinco años , Castillo llegó primero con el 19%. “Entonces existía una ilusión debido al desconocimiento del candidato Castillo. Ahora tenemos la experiencia del gobierno de Castillo, que fue malo, corrupto y mediocre”, dijo Monge. “Sectores que votaron por Castillo y ahora por López Chau no necesariamente van a votar por Sánchez”, dijo en referencia al candidato centrista derrotado en la primera vuelta, Alfonso López Chau.
Pero existe en Perú un rechazo muy amplio —en torno al 60% en las encuestas— a Keiko Fujimori, relacionado con la represión y abusos contra derechos de su padre, así como sus propias prácticas antidemocráticas y casos de presunta corrupción. “Sánchez sí puede ganar. Tiene un antivoto muy alto”, dijo otro analista, Sinesio López, analista de largo recorrido de la Universidad Católica (PUC) en Lima.
Fujimori es favorita, pero “ella tiene un antivoto muy alto y Sánchez puede ganar”
Para tener alguna posibilidad de ganar, el candidato de la izquierda dura tendrá que ablandarse. “La segunda vuelta será otro partido, distinto al de la primera vuelta. Sánchez tiene que buscar el apoyo del centro”.
“Tendrá que atraer la votación de sectores urbanos costeños pobres, lo que supone moderar algo el discurso y buscar puntos de acuerdo con la izquierda moderada y el centro derecha liberal”, dijo Monge.
Otro reto será repetir el éxito de Castillo en Cusco, donde los votantes de Castillo en 2021 eligieron esta vez en primera vuelta a López Chau. “Sánchez no ha tenido apoyo en Cusco, pero de pasar a segunda vuelta, y si conversa con los demás partidos, puede ganar. Todo el sector que representa a la izquierda haría mayoría”, dijo el líder de comunidades en lucha en Cusco, David Moreno.
En todo caso, tras la experiencia de Castillo, cuyo gobierno fue bloqueado hasta la parálisis por el Congreso hasta que, en un acto de desesperación, el ingenuo presidente andino siguió el ejemplo de Alberto Fujimori y declaró una suerte de autogolpe. Fue encarcelado y aún permanece en la prisión de Barbadillo en Lima. Si gana Sánchez, “van a hacer lo posible por bajarse al gobierno, igual que hicieron con Castillo, al que intentaron sacar desde el primer día después de las elecciones”.
