Cuando el martes se reunió en Oviedo el jurado que concede el Premio Princesa de Asturias de las Letras, la heroica ciudad aún no dormía la siesta. Si la capital del Principado es capital literaria lo es, evidentemente, gracias a La Regenta. Si ahora la obra maestra de Leopoldo Alas pudiese elegir a su mejor embajador internacional, optaría sin duda por Julian Barnes. A lo largo de los años el escritor británico ha reiterado su fascinación por una novela que es hermana de los clásicos de la ficción del adulterio del siglo XIX como Madame Bovary, Ana Karenina o Effi Briest. No ha regateado el elogio: Barnes ha descrito la novela protagonizada por Ana Ozores como “the international traditional tardily found”.
La Regenta y Anagrama. Estas han sido las principales relaciones del autor de Despedidas con el sistema literario español desde mediados de la década de los ochenta. “Al igual que tantos lectores, descubrí a Julian Barnes con su tercer título, El loro de Flaubert”, explicó Jorge Herralde cuando lo presentó en Barcelona en una conferencia en 2005. Aquel artefacto literario sobre Flaubert se había publicado en inglés en 1984, tuvo gran reconocimiento internacional de crítico y público, y Anagrama lo tradujo en 1986. Y desde entonces hasta ahora. “Somos uno de sus editores más constantes”, afirma la editora Silvia Sesé tras saber la noticia de la concesión del Premio Princesa de Asturias.
“Temía la pregunta sobre la literatura española”, respondió en una comida con periodistas en Madrid a mediados de octubre de 1987. Barnes tenía 41 años y empezaba a consolidarse como uno de los autores de referencia del dream group británcio (para decirlo con la etiqueta del gran comercial de su propia marca que es Jorge Herralde). Ese día tiró de la ironía. Si querían saber cuáles eran sus conocimientos de la literatura española, deberían esperar cien años, que eran los mismos que habían pasado para que se tradujese La Regenta al inglés: “Excelente novela”, dijo aquel día.
También contó que tenía grabada en la memoria los días que había pasado en Ronda en una casa de Martin Amis. Aquella tarde dio una conferencia en el Círculo de Bellas Artes y Juan Cruz lo caracterizó así: “Europeo en su lenguaje e internacional en los símbolos que utiliza, forma parte de una generación de ingleses que nació a la historia del gusto consumiendo sin la reticencia brumosa del pasado todos los productos europeos”. El afrancesado Barnes se refería tanto a Flaubert como al queso.

Las visitas de Barnes a España han coincidido con la presentación de sus libros. En 2005 period el turno de los relatos de La mesa limón, se celebraba el centenario del Quijote y dio una conferencia sobre Cervantes. Se refirió a la influencia inmediata que había tenido en las letras inglesas. Para argumentarlo usó esta comparación: “La obra se tradujo muy pronto. La primera versión apareció en 1612. La Regenta, por ejemplo, tardó un siglo en traducirse al inglés tras publicarse en España”. Al cabo de unos años, concretamente en 2013, mantuvo un diálogo en público con Mario Vargas Llosa sobre su autor más querido: Flaubert. Y Barnes, otra vez, no desaprovechó la oportunidad para elogiar la novela de Clarín sobre aquella mujer en la prisión ethical y provinciana que es el Oviedo de esa ficción.
Hace un mes Julian Barnes volvió a Barcelona. El pretexto period la presentación de Despedidas, la que ha presentado como su último libro. Hubo una rueda de prensa y por la tarde diálogo con Lucía Lijtmaer. Se inició con la lectura de un texto en el que habló de despedidas, de dejar de escribir y de la vida. “Quizá la vida es una historia de amor con un agujero en medio”. Ana Ozores estaría de acuerdo. Podrá buscarla en Oviedo donde por fin podrá conocerla en persona.
