Lo del derecho a guardar silencio cuando un juez amenaza con empapelarte debería aplicarse también a los familiares y a los amigos. Toda defensa que no sea jurídica ni venga avalada por un colegio de abogados contribuirá siempre a complicarle las cosas al investigado. No solo el infierno está hecho de buenas intenciones: las manos que intentan sacar del pozo al amigo caído suelen ahogarlo.
En el caso de Zapatero, Luis Arroyo y Miguel Sebastián han hecho buena esa duda del sketch de Martes y Trece en el que Millán interpretaba a la folclórica Paca la Cantaora, quien, ante las preguntas de su entrevistador, se quejaba: “¿Tú me has traído aquí pa hundirme o pa sacarme a relucir?”. Entre Arroyo paseándose por todos los medios diciendo que las joyas eran casi bisutería, y el exministro Sebastián dando carta de normalidad a los regalos de los sátrapas a los ministros y reprochando hipocresía y moralismo a quienes, sin ser hipócritas ni moralistas, creemos que hay algo profundamente obsceno en aceptar regalos de monarcas dictatoriales, por muy aliados que sean; entre los dos, digo, han dejado el buen nombre del amigo hecho unos zorros.
Tampoco ayuda a la causa de Zapatero el tono conspiranoico que se extiende por las redes y que alimenta, con espíritu hooligan, el propio Gobierno. Que si la derecha, que si Trump encizañando, que si los jueces son sospechosamente ágiles cuando las causas afectan al PSOE y sorprendentemente morosos en las del PP… Aducir que el perro se comió tus deberes nunca ha salvado a ningún alumno del suspenso. Incluso cuando el perro, en efecto, se los zampa. Que hay mucha gente interesada en tumbar este y cualquier gobierno es evidente. Que hay mucha gente que juega sucio y airea basurillas para conseguirlo es también un asunto de Pero Grullo. Pero cuando el mal olor aflora, no importa quién lo ha ventilado ni con qué motivos, sino la fuente del pestazo. Puede que la honra de Zapatero haya quedado expuesta con malas artes, pero eso no anula su responsabilidad ni evita las explicaciones que, confiemos, empiecen a conocerse hoy por boca del interesado.
Entre unos y otros han conseguido ya que esas joyas —que tal vez no sean nada, o algo muy menor en una causa muy compleja— devengan un símbolo para el futuro, un meme de la corrupción de esta época. No importa lo que sean ni lo que signifiquen: entre un par de amigos, un gobierno que tira la piedra y esconde la mano, y unos activistas tuiteros, están levantando un mito que perseguirá al expresidente en los libros de historia.