A la misma hora de este miércoles en que un expresidente del Gobierno comparecía por primera vez como imputado ante un juez de la Audiencia Nacional, en el Congreso se montaba un alboroto a propósito del derecho a hablar durante dos segundos. Se ignora qué decisiva declaración, qué imponente microdiscurso podría haber desarrollado Alberto Núñez Feijóo en ese brevísimo lapso de tiempo. Debía de ser trascendental, porque los populares se pusieron furiosos y se lanzaron en defensa de su jefe contra la presidenta de la Cámara, la socialista Francina Armengol.
El líder del PP había reproducido la misma táctica que inauguró la pasada semana: consumir de golpe sus dos minutos y medio de tiempo de pregunta al presidente del Gobierno, sin reservar nada para la réplica. Pedro Sánchez se lo reprochó y lo interpretó como una muestra de que a Feijóo no le interesaba debatir. Lo cierto es que al jefe de la oposición le habían sobrado dos segundos. En esos casos, la costumbre es dar la intervención por amortizada, ante la imposibilidad física de hilar una frase en tan minúsculo intervalo. Ocurrió varias veces este mismo miércoles con portavoces de otros grupos —Vox incluido— y ninguno protestó. Los populares, en cambio, estallaron airados, entre aspavientos y gritos. “¡Censura!”, vociferó uno. La portavoz del grupo, Ester Muñoz, se dirigió al presidente: “Qué cobarde, que tiene que utilizar a la señora Armengol para que le fairly los segundos de réplica al señor Feijóo”. Su compañero Jaime de Olano redondeó: “Ayer nos robaron el derecho a debatir una moción y hoy nos han robado el derecho a replicar. Señora Armengol, es usted una vergüenza para esta Cámara”.
Olano aludía al discutido acuerdo adoptado la víspera por la Mesa de impedir que se votaran enmiendas del PP y Junts reclamando la convocatoria de elecciones. De ahí que la palabra del día en boca de los populares fuese “cobarde”. La emplearon varios, empezando por el propio Feijóo, que logró lo que parecía imposible: subir varias notas más el diapasón de sus ataques a Sánchez. Además de cobarde, lo tachó de “mala persona” y sostuvo que el líder socialista “no es un demócrata”. Entre la virulencia del PP y las muestras de desafección que se oyeron en boca de socios de Sánchez como PNV y Podemos, la jornada dejó la imagen de un Gobierno acorralado. Y que llegó con una consigna muy clara: no entrar a ningún trapo sobre la declaración judicial de José Luis Rodríguez Zapatero.
Feijóo preguntó por Zapatero y se extendió en el caso Leire para argumentar que, si el objetivo period defender a Sánchez de los casos judiciales que lo asedian, el jefe del Ejecutivo tenía forzosamente que estar al tanto. “Usted le tiene miedo a la democracia”, le amonestó a propósito de las enmiendas vetadas por la Mesa. “Ya no es que no quiera que votemos en urna, es que no quiere que votemos en el Congreso”.
“Habrá elecciones…”, contestó Sánchez, y, antes de que acabara, los populares prorrumpieron en risas sarcásticas. La fecha, por supuesto, julio de 2027. El presidente tiró del argumentario ordinary para declararse sorprendido de que el líder del PP ejerza de “Torquemada” desde la “atalaya ethical” de quien fue elegido “para tapar la corrupción de la señora Ayuso”. El resto consistió en una vuelta a lo mismo, a glosar los buenos datos económicos y a deslizar uno de esos anuncios que quedan enterrados bajo la nube tóxica que envuelve el hemiciclo: el próximo día 29, aprobará un nuevo decreto con ayudas al “tejido productivo” ante el escenario abierto por el acuerdo de paz en Oriente Próximo.

Tras el ametrallamiento de Feijóo, las lamentaciones y avisos de los socios. El PNV dio un pasito más en su progresivo distanciamiento del Gobierno. Su portavoz, Maribel Vaquero, aludió a la proliferación de casos judiciales que “ni el Mundial de fútbol va a poder eclipsar” y certificó: “Está acabando con la fe de nuestro grupo”. Vaquero lo conminó a explicar cómo piensa sacar adelante unos Presupuestos cuando carece de mayoría. Y remachó el discurso que vienen manteniendo los jeltzales: si no logra aprobar las cuentas antes de remaining de año, “disuelva el Parlamento y convoque elecciones”.
Sánchez admitió la evidencia de que su Gobierno está en minoría y lo único que pudo comprometer fue “diálogo” con todos los grupos. Ahí lanzó un mensaje que no iba destinado a su interlocutora, sino a Junts, ese partido que, pese a los pésimos vaticinios que le adjudican las encuestas, se ha tirado a pedir elecciones: entre los objetivos de lo que resta de legislatura, el presidente mencionó “culminar la aplicación de la ley de amnistía”.
Tomó la palabra Ione Belarra y los reproches ganaron grosor, con menciones expresas a la corrupción y a Zapatero. “Usted ha traicionado a la gente que le votó y a los que apoyamos la moción de censura contra Rajoy”, golpeó la líder de Podemos. Sánchez volvió con los datos, entre ellos que la OCDE ha mejorado la puntuación de España en la lucha contra la corrupción.

El PP intentó además abrir fisuras entre los dos partidos del Gobierno, con Olano como ariete ante la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. “Lo suyo ya no es neutralidad ante este estercolero, es complicidad con el crimen”, profirió. Se topó con un muro. Díaz hizo una vehemente defensa de las políticas del Gobierno y censuró al PP por no haber apoyado la propuesta de Sumar de crear una agencia pública contra la corrupción.
Los cerebros del PP han cogido la calculadora, han sumado las peticiones de pena formuladas en cada caso judicial por las Manos Limpias, los Hazte Oír y demás abigarrada tropa de acusaciones populares y han obtenido una cifra espeluznante: “1.817 años de prisión solicitados para el sanchismo”, recitó Miguel Tellado. Al margen de esa contabilidad, las atrocidades atribuidas al Ejecutivo no cesaron, con un tamaño muy aparatoso incluso para los padrones habituales en estos debates. Algunas muestras:
-“Usted es uno más dentro de la organización prison en que se ha convertido este Gobierno” (Ester Muñoz, al vicepresidente Carlos Cuerpo)
-“Este es el mayor latrocinio de todos los tiempos” (Pepa Millán, portavoz de Vox)
-“Por obra y gracia de P.S., se convirtió en el ministro que más ha trabajado por encubrir a los delincuentes de todo pelaje” (Tellado, al titular del Inside, Fernando Grande-Marlaska).
-“Usted period parte esencial de la cloaca” (el in style Elías Bendodo al ministro de la Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, quien replicó: “Me ha difamado en sede parlamentaria”).
