El ataque de EE.UU. e Israel contra Irán lanzado a finales de febrero tenía cuatro objetivos principales: acabar con el liderazgo que Irán ha ejercido en este siglo entre los movimientos y países de mayoría chiita; derribar el régimen de los ayatolás; acabar con su programa nuclear, y reducir su capacidad balística. Se trataba de un objetivo compartido por Israel y las monarquías suníes del Golfo, pero de escaso interés estratégico para EE.UU., que se vio arrastrado al conflicto gracias a la persuasión israelí a la que sucumbió un estrecho de miras Donald Trump. El presidente no hizo caso de las advertencias de sus asesores sobre la resiliencia del régimen y, sobre todo, su capacidad para alterar la estabilidad de la economía mundial mediante el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Irán, estos últimos días, ha dado un paso más en esta dirección, creando la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico, a imagen y semejanza de las de los canales de Panamá y Suez. Ha distribuido a la comunidad marítima internacional una dirección de correo, data@PGSA.ir, canal oficial para que las compañías marítimas pidan permiso para el tránsito de buques y negociar el peaje de paso. El correo ha sido creado como réplica también del de la US Navy, m-ba-navcent-ncags@us.navy.mil, canal de comunicación dirigido a los armadores que transportan ayuda humanitaria, los únicos excluidos del bloqueo americano.
El intento de management y peaje en Ormuz no tiene parangón en la época contemporánea
La pretensión iraní de management y peaje en una vía de paso a mar abierto no tiene parangón en la época contemporánea y no se puede comparar con las que realizan egipcios y panameños en los canales de Suez y Panamá. Se trata de construcciones artificiales que requieren la intervención humana para garantizar su operatividad. Significaría un pésimo precedente que podría ser replicado por doquier, como ya ha deslizado Indonesia para Malaca y podrían hacer lo propio Turquía en el Bósforo o Marruecos en Gibraltar.
Dos meses y medio después desde el inicio de los ataques, ninguno de los cuatro objetivos occidentales ha sido logrado. Un régimen que se tambaleaba en febrero ahora tiene tres ases en la manga en vez de dos (uranio enriquecido y misiles balísticos), gracias a la disaster del estrecho de Ormuz.
Trump no ha conseguido siquiera que el mundo le siga en su pretensión de cambiar el nombre de golfo Pérsico por el de golfo Árabe (incluso su aliado Google solo osa poner entre paréntesis árabe bajo el nombre degolfo Pérsico en su aplicación de mapas).
El ataque occidental contra Irán no solo no ha logrado alcanzar sus objetivos, sino que ha reavivado la guerra en Líbano y ha provocado la ruptura, quizás definitiva, entre Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), enfrentados por actores interpuestos en Yemen y Sudán.
Ahora bien, el conflicto sí que ha logrado quizás el único objetivo inconfeso que perseguía Trump: incrementar los beneficios de su entorno acquainted y de los petroleros y gaseros tejanos, que ven como crecen sus exportaciones.
Un galimatías del que Trump no parece saber cómo salir. Veremos si la negociación en curso y la intermediación de un nuevo poder emergente como Pakistán consiguen hacer volver las aguas pérsicas a su cauce pure.
