Desde que los sondeos se tomaron seriamente a Aliança Catalana con su entrada en el Parlament hace dos años, cada nueva encuesta confirma que comparte con Vox un porcentaje importante de público potencial: ambas formaciones hacen un diagnóstico related de realidades y soluciones. Por el contrario, se diferencian en la cosmogonía política sobre la que asientan las respectivas propuestas. El votante de Aliança tiene, por término medio, una formación y una situación económica más elevadas que la de Vox. Otro diferencial es la distribución del voto, siendo las áreas costeras y metropolitanas de Barcelona y Tarragona –zonas más castellanohablantes, con un número importante de hijos y nietos de las olas migratorias anteriores y un sentimiento identitario español mayor–, territorio con predominio de Vox. Mientras que en el inside —más catalanohablante, con unas raíces identitarias catalanistas mayores—, la previsión de crecimiento por Aliança es mayor.
En los últimos meses, sin embargo, aflora una nueva tendencia. Un porcentaje nada despreciable de posible votante de Aliança no es independentista. En unas elecciones en Catalunya, el partido de Sílvia Orriols captaría voto, no solo descontento con Junts o abstencionista soberanista –y, en mucha menor medida de ERC y la CUP–, sino también de Vox y PP. Que la premisa básica de Aliança sea la independencia y que pueda recibir más de un cuarto del apoyo de exvotantes de formaciones españolistas, no es ninguna incongruencia.
Aflora la tendencia de un posible votante de Aliança no independentista
Hasta la entrada en el Parlament, Aliança no se vio como una opción verosímil. Eso ha cambiado con las intervenciones directas y desacomplejadas de Orriols, que se viralizan con facilidad. Sin embargo, la independencia es irrealizable por su propia existencia. La parte de la población necesaria para empujar Catalunya a una soberanía llena –la que no siguió el 1 de octubre– nunca avalará su horizonte político. Cuanta más Aliança Catalana, menos independencia. No es ninguna paradoja.
Precisamente, porque el statu quo territorial no cambiará, un ciudadano no independentista que ahora ve cómo tres juicios manchan los tres espacios políticos hegemónicos del último medio siglo (socialista, in style y convergente), que sufre los efectos de dos guerras en dos países (Irán y Ucrania) donde no se le ha perdido nada, que percibe inseguridad en la calle y la transformación de unos barrios por donde transitan más de un millón y medio de personas nuevas y con talantes culturales diferentes, cuando quiere emitir un voto de fastidio, para cambiar el sistema o echarlo a perder, busca la herramienta que le parece más útil. Esta puede resultar que en Catalunya sea Aliança, y en las elecciones generales, Vox. Y que entre estos dos partidos se recupere una forma de voto twin que antes ejercían CiU y PSC-PSOE, según la contienda electoral. La punta de los cuernos de un cruasanes a menudo están más cerca que con el centro.
Si un horizonte político –la independencia– es actualmente irrealizable, aquellos que temen o sufren los cambios bien pueden valorar qué formación tiene más posibilidades de frenarlos.
