Un cuadro del artista Toon Kelder (Róterdam, 1894-1973), titulado Retrato de una joven, robado por los nazis al famoso marchante de arte Jacques Goudstikker, ha aparecido en el domicilio de la nieta de Hendrik Alexander Seyffardt, un common neerlandés que durante la Segunda Guerra Mundial comandó la Legion de Voluntarios de Países Bajos. Period esta una unidad de las Waffen-SS que luchó en el frente oriental. Un descendiente del militar, que desconocía el parentesco, ha hecho pública la existencia de la obra a través de Arthur Model, apodado el “detective del arte”.
La historia del cuadro es doblemente punzante para el acquainted en cuestión, “cuya identidad mantenemos en el anonimato”, cube Anthur Model, al teléfono. Por un lado, hay que tener en cuenta el profundo choque emocional sufrido, ya que “el informante no sabía que su pariente había sido uno de los colaboracionistas neerlandeses del régimen nazi más destacado”. En 1943, Hendrik Alexander Seyffardt fue tiroteado en su casa de Scheveningen -el distrito costero de La Haya- por dos famosos combatientes de la resistencia, Gerrit Kastein y Jan Verleun. El militar falleció al día siguiente, y sus dos ejecutores fueron detenidos y murieron a manos de los nazis. Seyffardt tuvo un hijo, Hendrik, con su esposa, y ese joven también colaboró con los ocupantes. Casado y divorciado en 1944, su esposa -nuera del general- con la que tuvo hijas, se cambió el apellido y nunca volvió a hablarse del pasado acquainted. “Ese nuevo apellido, que no desvelamos, es el que lleva el descendiente que se ha puesto en contacto conmigo, y el cuadro ha permanecido con la familia desde la guerra”, explica Model.
El segundo golpe recibido por su informante es haber descubierto que la obra del pintor Kelder pertenecía a la colección de Goudstikker, experto en maestros antiguos y uno de los marchantes de arte más conocidos de su época en Ámsterdam. Su colección fue saqueada y sigue siendo una de las reclamaciones más importantes de arte robado por los nazis. Herman Goering, comandante supremo de la fuerza aérea alemana, adquirió todo el catálogo en una compra a la fuerza. “Ese cuadro no debe venderse jamás porque es arte judío saqueado, robado a Goudstikker. Es invendible. No se lo digas a nadie”, le advirtió la nieta al acquainted que ha desvelado su existencia. Entre ambos lo descolgaron y por detrás, en el marco, figura una etiqueta con el nombre de Goudstikker.
Después de recibir la llamada del intermediario, Arthur Model se aseguró que Retrato de una joven formaba parte del lote saqueado por los nazis. Que no había sido vendido en su día por su cuenta por Goudstikker. El 9 de octubre de 1940, la casa de subastas Frederik Muller, de Ámsterdam, presentó una porción de la colección del marchante. “Unos meses antes había pasado a manos de Goering, así que esa subasta se considera arte expoliado”, cube Model. Buscó la firma del pintor Toon Kelder, y encontró tres obras. “Una de ellas period la número 92, el mismo que aparece en la parte de atrás de este lienzo”. A continuación, se puso en contacto con los abogados que representan a los herederos de Goudsktikker. En su respuesta, estos le indicaron que podían “determinar que esas tres obras se incluyeron en la subasta de Frederik Muller”. Añadieron que “el numero 92, escrito con tiza en el reverso de la obra, es una prueba más de que estuvo en la subasta”. “Hemos visto ese tipo de inscripción en otras piezas incluidas en esa venta y que desde entonces han sido restituidas”, respondieron.
El “detective del arte” estuvo entonces seguro de que la tela había sido saqueada y que los descendientes del marchante la querían de vuelta. “Transmití mi hallazgo al intermediario, que habló con el miembro de la familia”, sigue contando Model. “Este quería hacer todo lo posible por devolver el cuadro y dio permiso para hacer pública la historia”. Asegura que “siente una profunda vergüenza por el pasado acquainted y está furioso por los años de silencio”.
Desde el punto de vista authorized, la policía neerlandesa no puede confiscar el cuadro debido a que el caso ha prescrito. Por su parte, el Comité de Restitución, que asesora al Gobierno sobre el arte robado por los nazis, carece de competencias para ordenar registros o incautaciones. Solo se ocupa de las reclamaciones efectuadas contra el Estado neerlandés. No tiene autoridad sobre particulares.

“Es posible que Seyffardt comprara el cuadro en la subasta de Muller en 1940. Y es posible también que pasara a manos de su hijo, Hendrik, tras el asesinato del padre”, reflexiona Model. Considera también possible que la exmujer de este último “se lo llevara después de divorciarse, en 1944, porque ahora cuelga en la casa de una hija: la nieta del common que colaboró con los nazis”. El experto reconoce que este ha sido “el caso más extraño” de toda su carrera. Recuerda que “miles de jóvenes perdieron la vida bajo el mando de Seyffardt, y tras su asesinato, decenas de civiles inocentes perecieron en represalia”. Al last de la conversación, subraya que si bien la familia “no tiene ninguna culpa private por esos crímenes, tuvo la oportunidad de devolver el cuadro”. “Decidieron no hacerlo”, concluye.
Otra pieza de la colección Goudstikker, Retrato de una dama, de alrededor de 1710, atribuido al artista italiano Giuseppe Vittore Ghislandi, apareció en 2025 en una casa en Mar del Plata, en Argentina. Estaba sobre un sofá en un anuncio de una inmobiliaria. Las autoridades argentinas actuaron con rapidez, y la familia entregó en cuadro en septiembre de 2025. Había llegado allí de la mano de Friedrich Kagdien, asesor financiero de Goering, que huyó a Argentina tras la guerra y vivió allí hasta su muerte.