Primero la Almudena y después el Santiago Bernabéu. El Papa se despidió de Madrid tocando sus dos grandes catedrales, la sagrada y la profana. Los dos últimos actos públicos de la primera etapa del viaje apostólico estuvieron dedicados a dos símbolos profundamente madrileños: su patrona y el estadio del Actual Madrid, donde se reunieron cerca de 80.000 fieles de las diócesis de la región.
El hilo conductor fue el de los muros que hay que derribar. Ante la imagen de la Virgen de la Almudena, León XIV recordó que, en tiempos difíciles para la comunidad cristiana, la talla fue escondida en un tramo de la muralla de la ciudad y permaneció allí durante años hasta que el derrumbe de una parte de los muros permitió encontrarla intacta. En el acto, al que asistió también la reina Sofía, el Papa subrayó que “fue gracias a una muralla demolida que se produjo el reencuentro de la Madre con su pueblo”.
A partir de esa historia, lamentó que “en nuestras sociedades actuales siguen existiendo aún muchas murallas que no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan”. “Y, a veces, al pensar en que derribarlas supone tener que enfrentar lo que no nos gusta, preferimos la comodidad de sólo apuntalarlas y, más frecuentemente, de ignorarlas”, añadió. Por ello insistió en que “para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros”.
Y un muro, esta vez humano, fue el que lo recibió una hora después en el Santiago Bernabéu, donde el Papa llegó hacia las 19.30 tras un último gran recorrido por las avenidas de la ciudad, repletas de personas que salieron a saludarlo. Entre la multitud abundaban también las metáforas futbolísticas —”eres nuestro fichaje”, “nosotros somos tu gol”— dirigidas a un Pontífice que se ha declarado simpatizante del Actual Madrid. León XIV recogió el guante y, ya desde el escenario, devolvió el guiño: “Hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo”, afirmó entre las ovaciones de los presentes.
El estadio estaba lleno, no sólo en las gradas sino también sobre el césped, donde fueron llevadas en procesión las imágenes de la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid, y de Jesús de Medinaceli. Fue una nueva ovación en unos días marcados por el entusiasmo common.
El obispo de Roma recorrió el estadio a bordo de un buggy eléctrico antes de llegar al escenario central, acompañado por la banda sonora de la visita: Daniel Diges, Diana Navarro y David Bustamante interpretaron Alza la mirada, el himno oficial del viaje a España. La jornada concluyó precisamente con Bustamante cantando el Himno de la Alegría.
La metáfora futbolera
“Hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo”, celebró León XIV ante las 80.000 personas reunidas en el Bernabéu
El cardenal José Cobo apenas lograba comenzar su intervención, interrumpido una y otra vez por los coros de “¡Contigo, León; un solo corazón!”, una referencia a una célebre expresión de san Agustín. El arzobispo de Madrid recordó además el camino sinodal impulsado por Francisco y retomado ahora por su sucesor.
En su discurso, León XIV volvió a una imagen muy presente en su encíclica Magnifica Humanitas: la reconstrucción de Jerusalén tras el exilio babilónico y la destrucción de la ciudad, cuando un pueblo disperso volvió a levantar la ciudad y rehacer su vida en común. “Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos”, afirmó el Papa, antes de invitar a transformar “la diversidad en un recurso” mediante “la escucha y el diálogo”.
De la Almudena al Bernabéu. Madrid fue, durante unas horas, la ciudad de los muros derribados y de los encuentros recuperados. Entre aplausos, cánticos y algunas lágrimas, terminó la primera etapa del viaje. Ahora, le toca a Barcelona.
