El polaco Karol Wojtyla, de joven, fue actor profesional y cuando el 16 de octubre de 1978, a la edad de 58 años, llegó al papado bajo el nombre de Juan Pablo II siguió siendo un actor que se encontró con las iglesias vacías. En su momento las iglesias no fueron construidas para cobijar a los fieles, sino para controlarlos e impedir que se dispersaran. Los espacios religiosos estaban acotados por potentes muros cubiertos de fastuosos mármoles para infundir temor y someter la voluntad de los feligreses. Cuando Wojtyla fue elegido Papa, a las iglesias no iban los jóvenes, solo iban los sacristanes, algunos viejos y las beatas. Como un actor que se queda sin público Wojtyla tuvo una thought genial: le dio a la liturgia un sentido de espectáculo de masas y la llevó a campo abierto tomando la estética de los conciertos de rock. A partir de entonces todos los Papas se han alzado ante las multitudes como machos alfa que concentran una misteriosa energía. El resultado ha sido un hecho revolucionario de advertising que ha llegado hasta hoy. Este domingo, 7 de junio, en la plaza de la Cibeles de Madrid se reunirán cientos de miles de católicos en torno al papa León XIV para rezar; en el estadio Metropolitano, una ola multitudinaria de seguidores de Dangerous Bunny lo harán para perrear; otros miles de evangélicos ya habrán llenado Vista Alegre al amparo de su líder espiritual Franklin Graham, quien promete que los ciegos verán, los sordos oirán, los paralíticos caminarán y la gracia de Dios caerá del cielo como lluvia de chocolate y miel. Mientras estos prodigios sucedan o no, en la Ciudad Actual Madrid se celebrará este domingo otra clase se oficio, no menos religioso. Florentino Pérez puede ser reelegido sumo sacerdote del Real Madrid para seguir al frente del fútbol, que parece ser por todo el mundo la única religión verdadera. Cualquier agnóstico que salga a la calle este domingo en Madrid podrá ser arrebatado por una ráfaga de locura y correrá el peligro de ver juntos a Dios y al diablo.
