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    Home » La nueva PAU quería ser menos memorística, pero los alumnos siguen aprendiendo cómo pasar el examen | Formación | Economía
    Economía mundial

    La nueva PAU quería ser menos memorística, pero los alumnos siguen aprendiendo cómo pasar el examen | Formación | Economía

    morshediBy morshediMay 8, 2026No Comments12 Mins Read
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    En el IES Val Miñor, en Nigrán (Pontevedra), esta semana se parece poco al last de curso que recuerdan muchos universitarios que hicieron la selectividad a finales del siglo XX. África Álvarez, alumna de segundo de Bachillerato, encadena en pocos días seis exámenes de 90 minutos diseñados para reproducir el formato de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). “No tengo la sensación de ‘limpiar’ contenido al aprobar. Siempre tengo en la cabeza que volveré a examinarme de lo mismo”, explica. Los simulacros sirven para trabajar algo más que los contenidos: la gestión simultánea de varias materias, el ritmo del examen y la familiaridad con un modelo que lleva meses repitiéndose. “En realidad, todo segundo de Bachillerato está totalmente enfocado a la preparación de las pruebas”, resume.

    La escena se repite, con variaciones, en institutos y colegios de toda España. Muchos alumnos llegan a mayo después de meses trabajando con ejercicios tipo PAU, descargando exámenes de convocatorias pasadas y entrenando respuestas muy similares a las que previsiblemente encontrarán en junio. Aunque la reforma impulsada por la LOMLOE y el Real Decreto 534/2024, de 11 de junio, que regula la nueva PAU pretendían acercar la selectividad a una evaluación más competencial y centrada en la aplicación práctica de conocimientos, profesores, correctores y expertos consultados coinciden en que la lógica del examen sigue siendo mucho más predecible y entrenable de lo que sugieren los cambios normativos.

    Un examen que empieza mucho antes de junio

    El camino, de hecho, empieza mucho antes del último mes: en la mayoría de centros, la dinámica se remonta al inicio del curso académico. “Todo el contenido que aprendemos lo enfocamos a la PAU”, cuenta por videoconferencia Julia Verde, alumna de segundo de Bachillerato en el colegio SEK El Castillo, en Madrid. Incluso cuando todavía no han terminado el temario, las clases y los exámenes empiezan a adaptarse al formato de la prueba last. “En Matemáticas empezamos dando la teoría básica, hacemos ejercicios normales y luego inmediatamente vamos a ejercicios de la PAU. Nuestros exámenes son todos en formato PAU”, cuenta.

    Estudiantes de Santiago de Compostela en el primer día de sus exámenes de acceso a la universidad (PAU), el 3 de junio de 2025.Europa Press Information (Getty Pictures)

    Prepararse para la PAU no depende únicamente de memorizar contenidos, sino de familiarizarse con el funcionamiento de la prueba: cómo están formuladas las preguntas, cuánto tiempo exige cada ejercicio o qué tipo de respuestas esperan los correctores. “En clase terminas sabiendo cómo pregunta cada profesor, pero en la PAU el corrector no te conoce”, afirma Verde. “Tienes que aprender a demostrar lo que sabes de una manera mucho más clara y ordenada”.

    Esa sensación aparece también en la mayoría de centros que observa Ana Cobos, presidenta de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE): “La preparación de la PAU empieza realmente en septiembre”, esgrime. A estas alturas del curso, sostiene, la diferencia entre quienes llegan más tranquilos y quienes afrontan mayo con más angustia suele tener menos que ver con un acelerón de última hora que con el trabajo acumulado durante meses. “El alumno que suele sacar ochos no va a sacar de repente un seis en la PAU, igual que quien arrastra muchas dificultades no va a transformarse de golpe en un alumno de sobresalientes”, resume. “En la PAU no existen milagros ni catástrofes”.

    Con el paso de los meses, el formato del examen termina convirtiéndose en una referencia constante durante todo segundo de Bachillerato. Los alumnos trabajan con modelos de años anteriores, aprenden a gestionar el tiempo de cada bloque y se acostumbran a estructuras de preguntas que, pese a los cambios introducidos en los últimos cursos, siguen resultando bastante reconocibles: “Los exámenes antiguos siguen siendo muy útiles porque las pruebas han cambiado poco”, señala el catedrático y experto en psicología de la educación Carles Monereo, de la Universitat Autònoma de Barcelona.

    Poco a poco, muchos alumnos terminan estudiando no solo contenidos, sino también maneras concretas de responder. Cuánto desarrollar un comentario de texto, qué apartados conviene asegurar primero o cómo distribuir el tiempo durante el examen se convierten también en parte del aprendizaje. Y ahí empieza a aparecer una de las grandes paradojas de la nueva selectividad.

    Una alumna de Valencia durante la convocatoria extraordinaria de la selectividad el 1 de julio de 2025.
    Una alumna de Valencia durante la convocatoria extraordinaria de la selectividad el 1 de julio de 2025.Europa Press (Getty Pictures)

    La paradoja competencial

    “Muchos ejercicios cambian el envoltorio, pero no necesariamente el tipo de razonamiento que se está evaluando”, sostiene Iván Space, catedrático de Matemática Aplicada en la Universidade de Vigo y presidente de la Comisión Interuniversitaria de Galicia. “Puedes contextualizar un problema en una situación cotidiana, pero si después la corrección sigue premiando aplicar una secuencia muy concreta de pasos, el cambio es limitado”.

    Space cree que ahí aparece una de las principales contradicciones de la nueva PAU. Aunque los exámenes incorporan ahora más referencias a situaciones reales y preguntas aparentemente más abiertas, muchos alumnos siguen identificando con rapidez qué estructura de respuesta espera el corrector. “Los contextos son decorativos en muchos casos”, resume. “El patrón de fondo continúa siendo bastante related”.

    Esa lógica no solo condiciona cómo se enfrentan los estudiantes al examen, sino también cómo se enseña durante el último año de Bachillerato. “Segundo termina convirtiéndose casi en una academia de preparación de la PAU. No porque los profesores quieran necesariamente enseñar así, sino porque todo acaba girando alrededor de una prueba muy concreta y de unas notas de corte muy exigentes”, afirma Space.

    “Dime cómo evalúas y te diré cómo aprenden”, resume, por su parte, Monereo. A su juicio, mientras los alumnos perciban que determinados formatos y tipos de respuesta siguen funcionando bien en la prueba, seguirán adaptando buena parte de su forma de estudiar a esos criterios de evaluación. “El problema no es que los estudiantes practiquen modelos de examen. Eso es completamente regular”, argumenta. “El problema aparece cuando el sistema termina premiando sobre todo respuestas muy entrenadas y deja menos espacio para formas de razonamiento más abiertas o creativas”.

    Las propias dinámicas de corrección ayudan también a reforzar esa tendencia. Para garantizar criterios homogéneos entre miles de exámenes y evitar diferencias excesivas entre comunidades autónomas, las pruebas necesitan rúbricas relativamente estables y respuestas evaluables de manera bastante objetiva. Y eso dificulta introducir preguntas realmente imprevisibles o demasiado abiertas.

    “Existe mucho miedo al agravio comparativo”, señala Space. “Si una comunidad percibe que su examen ha sido significativamente más difícil que otro, el impacto político y social es enorme. Eso hace que el sistema tienda hacia modelos relativamente estables y comparables”.

    Cómo se aprende la lógica del examen

    “Los estudiantes que suelen obtener mejores resultados no son necesariamente los que más estudian, sino los que mejor identifican qué tipo de respuesta les están pidiendo”, explica Monereo. Eso incluye desde saber cuánto desarrollar un ejercicio hasta reconocer qué apartados conviene priorizar o cómo distribuir el tiempo durante el examen.

    Para el catedrático barcelonés, una de las diferencias más importantes aparece en la manera de organizar y adaptar el conocimiento durante el examen. “Una buena respuesta no consiste solo en volcar información”, explica. “Los alumnos que suelen obtener mejores resultados son capaces de seleccionar lo importante, relacionar concepts y ajustar lo que saben exactamente a lo que les están preguntando”.

    La propia estructura de acceso a la universidad empuja también a esa lógica estratégica. “El gran error es acordarse demasiado tarde de que el 60 % de la nota last depende de la media de Bachillerato”, añade Cobos. “Segundo tiene toda la presión de la entrada a la universidad, pero primero suele ser más sencillo y todavía no existe esa angustia. Es ahí donde realmente se puede sacar más nota”.

    Cobos asegura que muchos alumnos llegan al último año sin haber interiorizado todavía el peso que tendrá el expediente acumulado durante los dos cursos. “Si acabaste primero con una media de siete, luego es muy difícil subir de repente al nueve”, resume. “El momento de construir esa nota es primero, pero muchos estudiantes viven todavía muy despreocupados de esa cuestión y creen que ya lo arreglarán el año siguiente”.

    Esa presión acumulativa ayuda a entender por qué tantos alumnos viven la PAU como un examen que empieza mucho antes de junio. Julia Verde reconoce que durante buena parte del curso llegó a hacer cálculos constantes con las notas de corte de las ingenierías que le interesaban. “Me empezaba a hacer tablas y medias y decir: tengo que sacar esta nota en Bachillerato y luego esta otra en la PAU”, cuenta. Aunque después relajó parcialmente esa presión al comprobar que el grado escogido (Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universidad Politécnica de Madrid) no exigía una nota tan alta como otras opciones, la lógica de fondo seguía siendo la misma: asegurar el máximo margen posible antes de enfrentarse a unos exámenes donde cada décima puede alterar el acceso a determinadas carreras.

    Una profesora reparte exámenes durante la convocatoria extraordinaria de la PAU en Valencia, el 1 de julio de 2025.
    Una profesora reparte exámenes durante la convocatoria extraordinaria de la PAU en Valencia, el 1 de julio de 2025.Europa Press (Getty Pictures)

    Cómo se gana una décima

    Entender cómo se gana —y cómo se pierde— esa décima es precisamente una de las cuestiones que más condicionan la preparación del examen. Y ahí entra otra pieza basic del proceso que muchos estudiantes conocen solo de manera parcial: la corrección.

    María Vela, profesora de Matemáticas en la Universidad Complutense de Madrid y correctora de la PAU, explica que uno de los errores más habituales entre los alumnos es pensar que el examen se corrige de manera casi binaria: correcto o incorrecto. En la práctica, sostiene, las rúbricas detallan con bastante precisión qué parte de la puntuación corresponde al planteamiento, al desarrollo, al razonamiento o al resultado last.

    “Muchas veces un estudiante cree que, si el resultado last está mal, el ejercicio entero está perdido, y no es así”, recuerda Vela. En asignaturas como Matemáticas, añade, un planteamiento correcto o una estrategia bien encaminada pueden conservar buena parte de la nota incluso cuando aparecen errores de cálculo posteriores. “Se valora mucho el razonamiento, no solo llegar al resultado”.

    Esa lógica de corrección ayuda a comprender por qué algunos alumnos aparentemente muy preparados terminan obteniendo resultados más discretos de lo esperado, mientras que otros consiguen arañar décimas importantes incluso en ejercicios incompletos. La claridad, el orden y la capacidad de hacer seen el proceso psychological pesan mucho más de lo que muchos estudiantes imaginan antes de enfrentarse a la prueba.

    “Antes muchas rúbricas funcionaban prácticamente en bloques de 0,25 puntos. Ahora la corrección puede afinar mucho más y puntuar en incrementos de 0,1”, precisa Vela sobre un sistema de puntuación que, además, afecta al conjunto de asignaturas de la PAU. Eso significa que errores aparentemente menores —un signo mal colocado, un razonamiento incompleto o un planteamiento poco claro— pueden ir restando nota a lo largo de todo el examen. Pero también que un alumno que deja seen el proceso psychological y demuestra comprensión del ejercicio puede conservar una parte importante de la puntuación aunque no llegue al resultado last correcto.

    La consecuencia es que muchos estudiantes terminan preparando la PAU no solo como un examen de contenidos, sino también como un ejercicio de interpretación de los criterios de evaluación. Qué apartados conviene asegurar primero, cuánto desarrollar una respuesta o cómo distribuir el tiempo durante el examen se convierten en decisiones casi tan importantes como memorizar determinados temas.

    Un examen pensado para entrenarse

    Esa lógica explica también por qué herramientas como ChatGPT o Gemini han empezado a integrarse con tanta naturalidad en la preparación de muchos estudiantes. África Álvarez utiliza ambas plataformas habitualmente: ChatGPT para crear apuntes, esquemas y mapas de contenidos; Gemini para resolver dudas concretas y entender ejercicios más complejos. No lo describe como algo excepcional, sino como una herramienta más dentro de rutina de estudio completamente normalizada.

    En estas últimas semanas, Cobos insiste también en la importancia de reducir toda la incertidumbre posible alrededor del examen. Recomienda, por ejemplo, visitar la sede unos días antes, calcular bien el trayecto o revisar con antelación detalles aparentemente menores como el DNI, el transporte o el materials necesario para las pruebas. “La improvisación genera muchísimos nervios”, resume.

    La orientadora cree que muchos estudiantes siguen asociando la recta last a cambios bruscos de hábitos poco eficaces: noches sin dormir, exceso de cafeína o jornadas de estudio completamente desordenadas. “El estudio debe ir asociado a la planificación racional, al descanso y a una cierta confianza en uno mismo”, sostiene.

    La propia estructura del examen favorece también esa preparación cada vez más orientada al formato de la prueba. Cuanto más reconocible y repetitivo resulta el modelo de evaluación, más fácil es generar simulacros, automatizar repasos o interiorizar tipos de respuesta muy concretos. Monereo, de hecho, cree que la inteligencia synthetic puede acabar convirtiéndose en una herramienta especialmente útil para preparar pruebas muy basadas en formatos previsibles.

    Nada de eso significa que la PAU sea un examen sencillo ni que todo se reduzca a memorizar respuestas prefabricadas. Las notas de corte elevadas, la presión acumulada durante Bachillerato y la enorme competencia por determinadas carreras siguen obligando a los alumnos a mantener ritmos de estudio muy exigentes. Pero sí ayuda a entender por qué muchos estudiantes sienten que, más que enfrentarse a una prueba completamente abierta, llevan meses practicando con una dinámica bastante previsible.

    Y esa es probablemente una de las principales paradojas de la nueva selectividad: mientras el modelo intenta avanzar —al menos sobre el papel— hacia una evaluación más competencial y menos memorística, buena parte de la preparación actual sigue girando alrededor de identificar qué respuestas obtienen mejores resultados.

    Formaciones recomendadas

    httpspercent3Apercent2Fpercent2Felpais.compercent2Feconomiapercent2Fformacionpercent2F2026-05-08percent2Fla-nueva-pau-queria-ser-menos-memoristica-pero-los-alumnos-siguen-aprendiendo-como-pasar-el-examen.html



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