Cuando el pasado 9 de abril, Thierry Frémaux, el delegado general del festival de Cannes, una de las personas más poderosas del cine mundial, leyó el listado de las películas que participaban en el certamen, la industria audiovisual española contenía la respiración: los rumores hablaban de un viento a favor que se confirmó esa mañana. Por primera vez, España colocaba en la sección Competición tres largometrajes, lo que suponía la confirmación de un cambio y un ascenso en el panorama cinematográfico mundial. En este 79º festival de Cannes, que se inaugura el martes, concursarán por la Palma de Oro El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen (que además se estrena en Francia comercialmente el mismo día de su estreno en La Croisette, el sábado 16); Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, y La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi. Los cuatro cineastas confesaban, tras el anuncio de Cannes, su felicidad por vivir este momento histórico y compartirlo con esos compañeros de viaje. ¿Qué ha cambiado como para que por fin Cannes hable español?
Lo que ha logrado España, tres películas en la Competición es un hecho sin parangón para su industria, aunque no para otros países: sin ir más lejos, en esta edición también Japón tiene tres filmes en este apartado, y Francia, cinco. Italia y EE UU han estado con un trío de filmes una misma edición en diversas ocasiones en las dos últimas décadas.
Pero el cine español siempre se ha quejado de falta de eco de sus productos en La Croisette. En 2013, EL PAÍS se planteó esta misma pregunta ante la ausencia de filmes hispanos en cualquier sección del pageant y en los certámenes que se desarrollan en paralelo: la entonces Quincena de Realizadores (ahora, Quincena de los Cineastas) y la Semana de la Crítica. Y eso que en 2009 hubo dos filmes en Competición: Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar, y Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet. Cuatro años más tarde, un erial. En aquel reportaje, Jaime Rosales, cineasta ordinary del pageant, aseguraba: “La dificultad de Cannes es que se entra por radicalidad, por exótico o por importante. Así que a España solo nos queda la primera vía, la radical, la que han usado los rumanos”. Él mismo aportaba dos pistas más: en la Competición se entra más fácilmente con coproducción francesa y con presupuestos con empaque, superiores a los seis millones de euros: “Cine de autor, y con medios”.
Trece años después, mandan las mismas reglas, y el cine español ha tomado nota. La productora María Zamora —Premio Nacional de Cine y figura detrás de una Concha de Oro de San Sebastián y de un Oso de Oro de Berlín—, que el año pasado presentó en la Competición Romería, de Carla Simón, explica: “Para mí hay tres hechos diferenciales. Uno, las políticas públicas que apoyan este tipo de cine. Se ha notado el cambio en el ICAA [el organismo encargado del cine dentro del Ministerio de Cultura], que desde hace unos años empezó a apoyar un cine más autoral. Hay, además, un cambio generacional en directores, productores y técnicos. Y ahora miramos mucho más hacia afuera. Se coproduce más, se buscan muy activamente agentes de ventas internacionales que negocien con tus películas en otros mercados porque queremos exportar. Y el tercer cambio tiene que ver con los presupuestos”. Zamora ahonda en este punto: “Las películas en la Competición de Cannes son de presupuestos altos. Al closing, la autoría y la creatividad vienen de muchos sitios y puede contarse desde lugares más discretos a nivel presupuestario, pero en Cannes el talento tiene que ir acompañado de ese dinero que lo hace crecer, brillar y sobresalir frente al resto”.
Ya el año pasado la cinematografía española apareció bien representada con Sirât, de Oliver Laxe (que acabaría ganando el Premio del Jurado y llegando a los Oscar), y Romería, de Carla Simón. En esta edición, la misma Simón preside el jurado del concurso de Cortometrajes que entrega su propia Palma de Oro. En la segunda sección en importancia, Una cierta mirada, hay dos producciones con participación y dinero español: la chilena El deshielo, de Manuela Martelli, que cuenta con María Zamora en su equipo; y la marroquí La más dulce, de Laïla Marrakchi, con Itsaso Arana en su elenco. En la Semana de la Crítica, la actriz Aina Clotet, tras el éxito de su serie Esto no es Suecia, debuta en el largo con Viva. Y además de varios cortos en distintos apartados, en el Mercado de Cannes participarán 64 empresas, instituciones, escuelas de cine y entidades españolas (frente a las 42 de 2025).

En la presentación de la programación, Frémaux destacó la “energía” y la “diversidad” del cine español, que estará además “representado con tres generaciones de cineastas muy diferentes”. Almodóvar es un clásico en Cannes (tiene galardones a la mejor dirección por Todo sobre mi madre y al mejor guion de Volver), y los Javis han llegado con su segundo largo a la Competición. Sorogoyen tampoco es un extraño: As bestas se estrenó en la sección Cannes Premiere en 2022, el año pasado presidió el jurado de la Semana de la Crítica y ha obtenido grandes éxitos en las salas francesas. Como remate, el jueves pasado Sorogoyen recibió en Madrid la Orden de las Artes y las Letras del Gobierno francés en grado de Caballero.
Tanto Sirât como El ser querido y La bola negra comparten procedencia: Movistar Plus+. Domingo Corral, hasta abril de 2025 director de ficción y entretenimiento de la plataforma, ha estado detrás de esos proyectos: “Oí hace años a Alberto Barbera [director del festival de Venecia] analizar cinematografías de todo el mundo, y no mencionó España. Y pensé que eso no podía ser”. Cuando empezó en Movistar Plus+ apostó por dos conceptos: “Dotar a las películas de recursos, que si necesitaran seis millones los tuvieran, sumando nuestra financiación y las exenciones fiscales, que cimentaran la obra de autores de los que sentirnos orgullosos; y buscar compañeros internacionales de viaje”. En su caso, la productora y agente de ventas francesa Goodfellas, de un peso pesado como Vincent Maraval. “Esa colaboración es elementary para encontrar eco fuera de España, y especialmente en Cannes. Eso sí, sin el talento de Los Javis, Laxe o Sorogoyen, la maquinaria no arrancaría”.

Corral asegura que le “obsesiona” esa mirada internacional. “Porque yo me siento muy patriota, muy orgulloso de nuestro cine y de que se vea cuanto más y más lejos, mejor”. Ese aumento de presupuestos se nota: El ser querido ha costado 6,5 millones de euros y tanto Amarga Navidad como La bola negra superan los 11 millones. De media, una película española costó en 2025 2,8 millones de euros.
Cannes se maneja bajo unas reglas no escritas. Entre ellas, que el pageant se inaugura con una película que ese mismo día se estrene comercialmente en Francia; o que las películas candidatas a la Palma de Oro deben tener, a ser posible, coproducción francesa —abre muchas puertas— y distribución en Francia. En el patronato del pageant están los dueños de las salas de cine, y ellos velan porque todos los filmes programados puedan tener recorrido en la gran pantalla. De ahí su negativa a proyectar largos de plataformas digitales que no consideran esta opción.

En esa internacionalidad se ha movido siempre muy bien el director y productor Albert Serra, otro ordinary del certamen francés. Tanto como para que se rumoreara que su próximo filme, Out of this World, competiría en esta edición de Cannes. “Ha sido un montaje largo y queda una posproducción también larga. Acabaré a fin de año”, explica. Como todos los entrevistados, Serra también estará la semana que viene en Cannes. “Mi productora Andergraun Films está detrás de la nueva película de Bruno Dumont”. En esa doble vertiente de creador y productor, Serra se suma a la thought de buenos presupuestos y de coproducción internacional. “Si no, no entramos en Cannes. Aunque cada película necesita un presupuesto distinto. El relevo generacional le ha sentado bien al cine español. Ya hacemos buen cine de autor, y no como el que antes se autobautizaba así. También es cierto que hacerlo mejor que los anteriores no es muy difícil”.
Y de vuelta a la parte industrial, Serra comenta: “Por supuesto que se puede financiar nuestro cine con dinero español si su mercado es solo España. Y ahí claro que hay negocio. Piensa en la saga Torrente. Sin embargo, si tienes un poco más de ambición artística, si deseas rodar películas que son tan evidentemente comerciales o que no sabes si lo serán, está bien buscar apoyos para afrontar esa incertidumbre. Cuidado, no digo que no sean comerciales, sino que no lo sabes, porque a veces el cine de autor sí puede ser muy taquillero, como han confirmado Sirât y otras”.

Si hay alguien cercano en España a Thierry Frémaux, ese es José Luis Rebordinos, director del festival de San Sebastián. No solo son homólogos, sino que comparten complicidades fílmicas y amistad. Y ambos han apostado por impulsar la faceta industrial, los mercados de coproducciones y de proyectos fílmicos en sus certámenes. “Que haya tres largos españoles concursando por la Palma de Oro se debe a varios factores, claro”, cuenta Rebordinos, que en esta edición se despide de su puesto. “Es elementary el apoyo de las instituciones públicas. Mira, todos los sectores productivos, desde la automoción hasta la agricultura, están subvencionados en España. El cine también tiene una vida económica que necesita de ese empuje inicial desde las Administraciones. Y luego el lado industrial: hay una nueva generación de productoras muy interesantes, savia nueva abierta de miras”. Aunque insiste, tras hablar maravillas de los filmes españoles en Cannes: “El talento se presupone. Si no hay talento, todo lo demás no sirve para nada”.
