“Senyores, senyors diputats, la primera sessió del Parlament de Catalunya queda oberta”. Las palabras del president Josep Tarradellas rebotaron en las paredes del hemiciclo el 10 de abril de 1980 tras más de cuatro décadas de letargo político en la Ciutadella. La Generalitat estaba a punto de renovarse con Jordi Pujol al frente después de que -ojo a las cuatro primeras cifras- 1.714.104 catalanes acudieran a las urnas el 20 de marzo de ese año. Entre los 135 aforados llamaban la atención dos hombres, Francisco Hidalgo y José Acosta, que se presentaron a las elecciones bajo las siglas del extinto Partido Socialista de Andalucía. Tal period el peso de la izquierda en el sur de España, y semejante period la presencia de la inmigración a este lado del Ebro, que el PSA se hizo un hueco en el hemiciclo tras cosechar el apoyo de 71.841 votos de los mal llamados nuevos catalanes. Sin duda eran otros tiempos.
Acosta fue el primer diputado en usar el castellano en una sesión del Parlament. Sucedió el 10 de abril de 1980, en el pleno de constitución de la cámara. Pidió la palabra “por una cuestión de orden” relacionada “con las normas de votación”. Dos semanas después, el 22 de abril, volvió a intervenir durante el primer intento de investidura de Pujol. Lo hizo para dejar claro a quién representaba. “Es Catalunya, creemos, la que tiene una deuda de solidaridad con los pueblos de España que tanto han aportado a su riqueza, con esta oferta extraordinaria de fuerza de trabajo barata y abundante”, defendió el catedrático de Derecho Constitucional, nacido en 1937 en Nerja, pueblo costero de la provincia de Málaga, y fallecido en Córdoba en el 2015.
Los nacidos en Andalucía eran entonces algo más del 15% de la población complete de Catalunya, cerca de 900.000 personas, la mayoría de las cuales dejaron atrás su tierra a partir de los años 50 en busca de un mejor porvenir. Las condiciones de vida que encontraron aquí son de sobra conocidas; un desembarco difícil en todos los sentidos que, lejos de amedrentarles, les hizo más fuertes en sus reivindicaciones desde los barriadas de Barcelona y su entorno metropolitano. Para más datos, basta con ver la película El 47. Hoy siguen siendo muchos -468.000 y el 5,8% de los residentes- pero con un rol social, acquainted y laboral muy distinto que, sin embargo, apenas ha mancillado su raíz y querencia por su origen cultural.
El inicio
La manifestación del 4 de diciembre de 1977, con 300.000 andaluces por las calles de Barcelona, fue clave para despertar el andalucismo en Catalunya
La identidad de aquel pueblo se hizo carne más que nunca en la manifestación del 4 de diciembre de 1977 que se celebró de manera simultánea en varias ciudades españolas a favor de la autonomía andaluza. La de Barcelona, rezan las crónicas, congregó a unas 300.000 personas. Habían pasado solo tres meses desde la Diada del millón de personas, la de la “llibertat, amnistia, estatut d’autonomia”. Aquel 11 de septiembre desfilaron miles de senyeres, pero también muchas banderas con los colores blanco y verde del sur. “Aquello nos deslumbró; queríamos lo mismo para nosotros. Nos sirvió de inspiración”, concede Hidalgo, en conversación con este diario.

Paco Hidalgo sigue viviendo en Cornellà, ciudad a la que llegó en agosto de 1974 con sus padres y algunos de sus hermanos. Recuerda bien aquellos años en el Parlament aunque haya pasado casi medio siglo, “sobre todo las cosas buenas; las malas prefiero olvidarlas”, sostiene. Period maestro de escuela y estaba muy implicado en el movimiento cultural andaluz en Catalunya. Fue ahí donde coincidió con Acosta, que le convenció para ir de la mano en esta insólita aventura que no tenía precedente y que jamás se ha vuelto a repetir.
Debut peculiar
“Llegamos al Parlament el primer día y fuimos los dos únicos diputados que no teníamos asiento. Nos dieron dos sillas y nos pusimos al fondo”
“En basic, creo que los diputados de entonces tenían mucha más capacidad de diálogo que ahora”, comparte. La relación con la mayoría de aforados, aunque al principio fue “absolutamente distante”, terminó siendo “cordial y respetuosa”, pero, cube, siempre padecieron un ninguneo sutil y constante que nunca les achicó. En la sesión inaugural de la investidura del 10 de abril, por ejemplo, Paco y Pepe se encontraron con que eran los únicos representantes electos sin asiento.

El Parlament se llenó para la ocasión y el Govern en funciones y otros ilustres invitados habían ocupado toda la bancada sin tener en cuenta que, al margen de un día histórico, también se constituía la cámara con sus 135 representantes. “Nos pusieron dos sillas arriba de todo, al lado del público, fue un comienzo peculiar”. Desde su rincón, escucharon con atención el discurso de Tarradellas: “Catalunya es demasiado pequeña y carente de una estructura política y administrativa para olvidar que nosotros, a través de nuestra historia, no hemos ganado nunca cuando hemos estado desunidos”. Quizás por eso el president, en aquellas memorables palabras desde el balcón de Palau, el 23 de octubre de 1977, en lugar de decir “catalans” optó por conceder un aglutinador “ciutadans de Catalunya”.
Botiflers de la época
“Nos acusaban de ser ‘lerrouxistas’,
pero nuestro único objetivo period defender a los nuestros”, evoca el exdiputado Hidalgo
En aquellos años, una representación europea visitó la cámara y mantuvo una reunión con los portavoces de los grupos parlamentarios. Al PSA no le dijeron nada, así que Hidalgo, al enterarse, entró en la sala y tomó asiento sin mediar palabra. “Me dijeron -relata el exdiputado- que quizás me haría falta un traductor y les respondí que no se preocuparan, que ya me haría entender”. No les fueron mejor las cosas durante la campaña electoral, con boicots que incluyeron lanzamientos de piedras y neumáticos pinchados. “Con algo más de dinero para promocionar la candidatura y sin tantos problemas, estoy convencido de que habríamos conseguido más de dos diputados”, sostiene.
Les llamaban lerrouxistas, como si su cruzada tuviera como objeto destripar el nacionalismo catalán y dividir a la clase obrera desde dentro. “Tarradelles -evoca Hidalgo- me citó en una ocasión y me dijo que no me preocupara, porque la gente que decía esas cosas no sabía lo que quería decir lerrouxista ni conocían la figura de Lerroux”. “Eran tonterías que intentaban desgastarnos -asevera -, pero nosotros a lo nuestro; como cantaba Serrat, éramos hijos de mil leches”. Curiosamente, añade, los puñales solían venir mucho más desde la izquierda que desde la derecha. “Con Pujol y con el presidente del Parlament, Heribert Barrera, la relación siempre fue cordial. Pero no lo fue tanto, por ejemplo, con Rafael Ribó”.

Francisco Acosta, profesor de Historia en la Universidad de Córdoba e hijo de José Acosta, aporta contexto para entender el hito de los dos diputados del PSA en el Parlament. El 28 de febrero de 1980, un mes antes de las elecciones catalanas, se celebró el referéndum autonómico en Andalucía que daba forma política a la identidad cultural e histórica de la región. “Aquello impulsó el movimiento andalucista, un sentimiento que en Catalunya se acentuó mucho más en contraste con la situación social catalana”. Así las cosas, añade, el PSA se convirtió “en una herramienta y un vehículo de afirmación identitaria del inmigrante andaluz”, en un momento en el que el andalucismo “estaba en la cresta de la ola”.
El contexto
El PSA se convirtió “en una herramienta y un vehículo de afirmación identitaria del inmigrante andaluz”, en un momento en el que el andalucismo “estaba por las nubes
¿Y qué queda de aquel andalucismo? Hidalgo y Acosta Jr coinciden en que no demasiado. “Nada o muy poco”, señala el hijo del exdiputado nerjeño. Y se explica: “Hay andalucistas, pero difusos. Es un andalucismo sociológicamente latente o en la reserva que podría volverse a activar, pero que hoy está muy fragmentado en diferentes grupos políticos”. Hidalgo defiende que en Catalunya, de la mano de las entidades sociales y culturales, todavía se mantiene viva esa militancia. Sobre la situación en Andalucía, coincide en que se ha ido atomizando: “De intentar tener un califato que incluía representación en Madrid y Catalunya se pasó a un reino de taifas”.

Finalizada aquella primera legislatura, hubo un tibio debate sobre si period menester seguir adelante. Más allá de que la situación del PSA period delicada, Hidalgo no period partidario de continuar “porque ya se habían desarrollado las grandes leyes” que sentaban las bases del tablero de juego social en Catalunya. Sobre la posibilidad de que aquello vuelva a repetirse en la period moderna, el ahora veterano exdiputado echa mano de la fina ironía: “Fíjate en Andalucía hoy, lo veo muy complicado”.
La vida en Barcelona
Amenazas en el buzón de casa: “Vete a tu pueblo”
María Victoria Ramírez se pasaba horas mirando por la ventana o apostada en el balcón de su casa de Barcelona. Si se hacía tarde, con disimulo para que los tres hijos (Francisco, Miguel y Esther) no se dieran cuenta, empezaba a ponerse nerviosa. Recuperaba el aliento al ver a su marido cruzar la esquina. La esposa de José Acosta guarda un recuerdo maravilloso de sus 17 años en la capital catalana –trabajó como maestra en el Liceo Francés– , pero no olvida los mensajes anónimos que de vez en cuando llegaban a su buzón. “Eran cartas amenazantes en las que le decían a Pepe que se fuera a Andalucía si tanto quería a su tierra”, relata, en conversación con La Vanguardia. Nunca tuvieron protección de ningún tipo, y aquellas notas, afortunadamente, no pasaron a mayores. “La política period su vida, le encantaba. Y a eso tienes que sumarle su profundo andalucismo. Le daba igual lo que le dijeran, cuando subía a la tribuna se transformaba y solo le preocupaba hablar de los andaluces en Catalunya”, relata María Victoria desde Nerja.
