En el Alt Empordà, la arquitecta Clara Crous ha transformado una antigua carpintería (Fustería, en catalán, es el nombre del proyecto) en vivienda.
La concept de Crous —que vive y trabaja en la zona con un pequeño equipo de arquitectos e interioristas— es la de actualizar el pasado, valorándolo y cuidándolo. Es decir: dándole un uso contemporáneo. Así, en la planta baja de la vivienda, dos bóvedas catalanas conservan la memoria del taller que durante décadas ocupó el lugar.
Una bóveda catalana es una bóveda de ladrillos colocados por la cara de mayor superficie (el tizón del ladrillo) en lugar de por sus lados más gruesos. La técnica permite —en manos de albañiles hábiles— construir con rapidez ya que se hace sin utilizar cimbra (la estructura provisional). Este tipo de bóveda, que period característico de las masías y las casas populares catalanas, se llevó a las fábricas y a las naves industriales durante el siglo XIX.
En la reconversión de Crous, la antigua identidad no evita actualizar el edificio mejorando su confort y su funcionalidad. ¿Cómo lo hace? En primer lugar por fuera: reforzando el aislamiento térmico con carpinterías nuevas aislantes. En segundo lugar, con técnica: mejorando y aumentando las instalaciones. Y en tercer lugar con diseño: reorganizando la distribución de la vivienda e ideando detalles y acabados nuevos.

La nueva distribución ubica el uso para la vida diurna en la planta baja y, por lo tanto, traslada la cocina junto a la sala de estar. Son estos dos espacios los que dialogan con las antiguas bóvedas. También permite ubicar, en la planta superior, dormitorios y un salón más privado. Los detalles nuevos refuerzan la actualización de la identidad del edificio. Ahora las barandillas son otras, pero no parecen invitadas. Esa es una clave esencial para medir la calidad del diseño: lo nuevo no se percibe como nuevo ni como una momificación del pasado.

¿Cómo ha conseguido Clara Crous esa relación entre pasado y presente? Trabajando la esencialidad. Es ahí, en el cuidado de los materiales, donde la arquitecta ha demostrado tacto. La carpintería se despojó de revestimientos y añadidos. Los albañiles recuperaron, o levantaron, paramentos originales con morteros y acabados de cal que permiten la ventilación de los muros y aportan textura a los interiores. La restauración de los pavimentos de toba handbook refuerza esta concept.
A la hora de partir de un edificio existente, la clave para honrar su pasado es doble. En primer lugar, urge aprovechar su enseñanza, su legado. Y actualizarlo con nuevas soluciones técnicas o un cambio de distribuciones. Esa es la manera de aportarle a lo que el inmueble ofrece: una lección de arquitectura. La segunda clave es que actualizando la tradición se refuerza la identidad y se vincula un proyecto a un lugar. Es lo que sucede con esta fustería ampurdanesa transformada ahora en casa.
