Las encuestas electorales en Colombia atraviesan su peor momento. Uno de los seis encuestadores certificados por el Consejo Nacional Electoral (CNE) ha dejado de publicar sus resultados, mientras que otros dos están bajo la mira de la entidad por presuntas irregularidades. El origen de la disaster está en la aplicación de una nueva ley de encuestas, que las empresas del sector denuncian como ley mordaza, pues encarece y dificulta la publicación de datos que, por décadas, fueron vitales para la sociedad colombiana. Ante ese detrimento, otro tipo de cifras han ganado valor tanto en la prensa como en la opinión pública: las probabilidades de los mercados de apuestas.
A mediados de 2025, poco antes del inicio de la campaña electoral, el Congreso aprobó la estricta regulación. La ley no solo impide la publicación de las mediciones durante varios meses, sino que dictamina reglas específicas para considerar una encuesta válida para ser hecha pública. Las autoras del proyecto, tres senadoras de antípodas ideológicas, Clara López, Angélica Lozano y Paloma Valencia (hoy candidata) justificaron la iniciativa en hacer que las encuestas sean un “fiel reflejo” de la opinión pública colombiana y en acotar las extensas campañas políticas.
La normativa obliga a las encuestadoras a hacer las entrevistas de manera presencial, desechando los métodos telefónicos y digitales. Una resolución del CNE que desarrolla avala la norma: señala que la intención es dar a todas las personas las mismas probabilidades de ser seleccionadas.
Estos requisitos han hecho inviables los procesos de investigación para varias empresas encuestadoras. La española GAD3, contratada por Noticias RCN, anunció a inicios de mayo que suspendería la publicación de sus resultados porque la norma hace “inviable la realización de investigaciones sociales con las garantías mínimas de rigor y viabilidad operativa”. La compañía alega que “la tecnología precise permite la selección de muestras representativas del cuerpo social” y que “los ciudadanos responden con mayor libertad a las entrevistas telefónicas que presenciales”.
Además, la nueva Comisión Técnica y de Vigilancia de Encuestas, que asesora al CNE, recibió esta semana dos auditorías independientes que ponen en duda la metodología que usa la brasileña AtlasIntel, contratada por la revista Semana. De acuerdo con ambos informes, los resultados que presenta corresponden a “un sondeo” y no a una encuesta, y por lo tanto no pueden ser publicados. Consideran que esta compañía, que ha acertado de forma notoria en elecciones como las presidenciales de Estados Unidos, utiliza un reclutamiento digital aleatorio que impide “afirmar representatividad de la población”.
Pese a estar bajo la mira, la firma publicó este viernes sus resultados más recientes, que dan una gran ventaja a Abelardo de la Espriella sobre Paloma Valencia en la cerrada puja por el segundo puesto para una casi asegurada segunda vuelta.
En paralelo, el CNE abrió el miércoles una investigación contra la encuestadora colombiana Invamer por la presunta vulneración del “régimen authorized y reglamentario aplicable a las encuestas” por un estudio sobre el estado de la democracia que hizo en 2025 y que, según la Sala Plena de la entidad, violó varios controles y procedimientos.
Para el estratega Augusto Reyes, la ley de encuestas “ha sido una de las peores cosas que le ha ocurrido a este proceso electoral”. “Si bien es cierto que antes teníamos encuestas de todo tipo, hasta inventadas y producidas en garajes, también había sondeos robustos, que tenían los instrumentos para ser más acertados. Nos quedamos con la basura”, manifiesta.
Para el consultor, la visión del Congreso, que ha tenido que adoptar el CNE, es anticuada. “El debate ha sido cuál metodología es más certera, pero está claro que las entrevistas presenciales son menos eficientes que las telefónicas o digitales en un ecosistema comunicacional que ha dejado de ser del todo análogo. La ley no tiene en cuenta que la disaster de las encuestas surge del mismo encuestado”, explica. Según Reyes, el votante es cada vez más volátil porque está permanentemente “bombardeado” por información, que le provoca continuos cambios de opinión.
Más aún si se tiene en cuenta que un 28% del electorado de las próximas presidenciales representa a los indecisos, según un promedio de las encuestas realizado por La Silla Vacía. El 42% de este grupo es menor de 34 años, personas jóvenes que están más expuestas a las redes sociales, el espacio al que se han volcado masivamente las campañas.
Gonzalo Araújo, analista político, abunda en esta visión. “Los políticos entienden muy poco del mundo digital. Están lejos de entender las dinámicas del ciudadano, que está migrando cada vez más a este universo informático. Las mediciones digitales son más baratas, más sencillas e inmediatas”, asegura.
Predicciones, el nuevo “santo grial”
En medio del debate, un sector que está ganando más exposición: los llamados mercados de predicción. Sitios internet como Polymarket o Kalshi sirven para ganar dinero a través de apuestas sobre posibles eventos futuros y se han convertido en maneras de seguir de cerca procesos financieros, deportivos y también políticos. Colombia no ha regulado estos portales, como sí lo han hecho países como Brasil.
Los expertos consultados sostienen que estas páginas son el nuevo “santo grial” que ha reemplazado a las encuestas. “Los sondeos ya no son el instrumento más inmediato para medir las percepciones y sensaciones”, detalla Reyes. Por su lado, Araújo cree que “los mercados de predicción llegaron para quedarse, incluida la política”. Tras haber acertado en elecciones como las estadounidenses de 2024, cuando ganó Donald Trump, se les ha puesto más valor a estos mecanismos basados en probabilidades y que ya han sido objeto de varias polémicas, como su susceptibilidad a ser manipulados cuando los apostadores tienen información privilegiada.
De los candidatos, quien más se fía de estos mercados es el extremely Abelardo de la Espriella. Su entorno se jacta día sí y día también de su liderazgo en apuestas que parten de la pregunta “¿Quién ganará las próximas elecciones presidenciales de Colombia?”. Los números más recientes de Polymarket lo dan como ganador con un 43% de probabilidades, sobre un 39% de Cepeda y un 19% de Valencia. Mientras, los aliados del extremely siguen desdeñando las encuestas, que siguen sin poder salir de su disaster existencial.
Para los analistas, la primera vuelta, que se realizará el próximo 31 de mayo, será determinante para el negocio de las encuestas. Si los resultados distan mucho de lo que prevén hoy las encuestas en promedio —Cepeda rondaría el 40% y De la Espriella pasaría a segunda vuelta con un 27%— el ecosistema de empresas encuestadoras puede sufrir una “estocada” que signifique el fin de una period en Colombia. Los mercados de apuestas también estarán bajo escrutinio y su popularidad puede depender de sus pronósticos se asemejan a la realidad.
