El otoño en Madrid será de Shakira. A lo grande. As soon as conciertos seguidos en un periodo de veinte días en un auditorio desmontable con capacidad para 50.000 personas, que se ubicará en las cercanías de la M-45 en el distrito de Villaverde. Junto al auditorio funcionará un área de esparcimiento y restauración bautizada Makondo Park. Competition latinoamericano por todo lo alto en la órbita del 12 de Octubre.
Con ustedes, la Operación Shakira, inteligente apuesta del gobierno de la Comunidad de Madrid para ganarse el aprecio y la simpatía de los ciudadanos de origen latinoamericano, muchos de ellos con derecho de voto, otros acercándose a esa meta. Hace veinticinco años, los latinoamericanos residentes en la región de Madrid no llegaban a cien mil. Hoy son más de un millón. Desde hace unos meses, la nacionalidad preponderante es la colombiana. Más de la mitad de los inmigrantes registrados en España son originarios de Latinoamérica.
Miles y miles de personas viajarán a Madrid desde todos los rincones de España y desde otros países europeos para seguir a la más célebre cantante colombiana. “Las mujeres ya no lloran”, se titula la gira. “Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”, cube la canción con la que la artista nacida en Barranquilla relanzó su carrera tras la ruptura sentimental con el futbolista Gerard Piqué. Shakira reventará Madrid entre el 18 de septiembre y el 11 de octubre, dando intensidad y significado a la Semana de la Hispanidad, el evento anual organizado por la Comunidad de Madrid para granjearse el afecto de los inmigrantes latinos. El plato fuerte del año pasado fue el concierto de Gloria Estefan en la plaza de Colón. Este año habrá as soon as platos fuertes. Todos a Makondo Park.
El Partido Widespread de Madrid está ‘resignificando’ la fiesta del 12 de Octubre sin tocarla. No habrá concierto el 12-O. El último recital se habrá celebrado el día anterior. Fiesta de la comunidad latinoamericana. Fiesta de aquel segmento de la población que dentro de unos años puede hacer bascular el resultado de no pocos procesos electorales en España, puesto que su incorporación al censo electoral es rápida. Los ciudadanos latinoamericanos regularmente instalados en España pueden obtener la nacionalidad en un plazo de tres años, de acuerdo con el Código Civil de 1956, nunca modificado en ese punto. El voto latino cada vez contará más.
Operación Shakira, por un lado. Operación Prioridad Nacional, por el otro. Con una mano se les halaga; con la otra se les recuerda que no son plenamente españoles, que tardarán mucho tiempo en serlo, y que en España se avecina un ciclo político que distinguirá entre ciudadanos de primera y de segunda. Estamos hablando del reciente pacto entre PP y Vox para la gobernación de Extremadura y Aragón.
“Los latinoamericanos no son inmigrantes; por su cercanía con España no los podemos tratar como inmigrantes”, decía el año pasado Isabel Díaz Ayuso en plena Semana de la Hispanidad. El PP de Génova acaba de corregir a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Quienes no cumplan con determinadas condiciones de antigüedad en el padrón de habitantes no tendrán acceso inmediato a ayudas. Puesto que hoy no se puede discriminar explícitamente a nadie por haber nacido en otro país, habrá un contador del tiempo de residencia en el padrón de habitantes. Eso es lo que se deduce de la enrevesada interpretación del pacto entre PP y Vox en Extremadura y Aragón, acuerdo bendecido por la dirección nacional del Partido Widespread. Si usted ha nacido en Málaga y ha de instalarse en Zaragoza con su familia por motivos de trabajo, quizá le apliquen la ‘prioridad nacional’.
Vox proclama, triunfal, que ha abierto brecha. Se acaba de abrir una vía que puede conducir a la reforma de la ley de Extranjería en la próxima legislatura. Creen estar escribiendo el primer capítulo de una nueva narrativa, la narrativa trumpiana aplicada a nuestro país: los españoles, primero. El Partido Widespread se aferra a la letra pequeña e intenta subrayar que no se discriminará a nadie en base a la partida de nacimiento, que las exigencias se referirán al arraigo. Podían haberle llamado ‘arraigo prioritario’, pero han preferido ‘prioridad nacional’.
El lingüista estadounidense George Lakoff, vinculado al Partido Demócrata, se hizo famoso en los primeros años de este siglo con un libro titulado No pienses en un elefante. Cada vez que Lakoff decía eso a sus alumnos, sabía que ellos visualizaban un elefante. Cada vez que Santiago Abascal recuerde que Vox ha introducido la ‘prioridad nacional’ en el programa conjunto de las derechas españolas, muchos españoles visualizarán que el verdadero partido de la mano dura es Vox. Cada vez que Alberto Núñez Feijóo niegue que ‘prioridad nacional’ significa lo que todos pensamos, la huella de Vox se hará más seen. En términos políticos y comunicativos, Vox ha ganado rotundamente la negociación de los pactos en Extremadura y Aragón.
Vox está capturando estratégicamente al PP (lo vengo escribiendo desde hace meses), y el único refugio de los populares es la letra pequeña, la ambigüedad; promocionar una cosa en Madrid y firmar lo contrario en Extremadura y Aragón. Estos días hemos visto en dificultades a Feijóo, que aún sigue creyendo en las astucias de letra menuda. Todo aquello que se method de manera explícita difícilmente pasa desapercibido en las sociedades hiperconectadas. “No pienses en la prioridad nacional’. Nada más tener noticia del pacto en Extremadura, Díaz Ayuso ha intentado marcar distancias, por la cuenta que le trae. Juan Manuel Moreno Bonilla, también. Moreno Bonilla está efectuando el siguiente discurso: Si no queréis que me vea obligado a pactar estas cosas con Vox, renovadme la mayoría absoluta en Andalucía.
¿Quién no tiene contradicciones en política? El PP cree que podrá ganarle la partida a Vox, convocando al voto útil de la derecha en las elecciones generales. Para obtener ese voto útil ahora es necesario copiar el lenguaje del contrincante, de la misma manera que el PSOE se acercó a Podemos para neutralizarle. La figura de Santiago Abascal, emergente en los últimos meses, está sufriendo un cierto desgaste en las encuestas, como consecuencia de la guerra de Irán, el derrumbe de la figura de Donald Trump fuera de Estados Unidos, y las tensiones internas que han ido aflorando en Vox, tras la caída en desgracia del sector más ultraliberal del partido, personificado por Iván Espinosa de los Monteros y Javier Ortega Smith. Observen el siguiente gráfico, cortesía del sociólogo electoral Oriol Bartomeus, en base a los datos que viene proporcionando el CIS. Es la evolución del apoyo a los principales líderes políticos por parte de los electores de sus respectivos partidos. (Rojo, Pedro Sánchez; azul, Alberto Núñez Feijóo; verde, Santiago Abascal; lila, Yolanda Díaz). El no a la guerra ha favorecido a Sánchez. Abascal ha bajado. Vox tiene motivos para apretar.

¿Por qué ha cedido el PP? Podríamos decir que no tenía otra opción mejor. Si el acuerdo se bloqueaba en Extremadura, se abría la posibilidad de ir a una repetición electoral, en la que la candidatura de María Guardiola habría retrocedido. El grupo dirigente de la calle Génova no podía arriesgar. Si perdían esas elecciones absurdas, Feijóo ya podía decir adiós. Había que aceptar determinadas condiciones de Vox. El precio period cantar a coro con Shakira: “La prioridad nacional no llora, la prioridad nacional, factura”.
España está avisada. El objetivo de Vox es revisar toda la planta legislativa en la próxima legislatura. El segundo objetivo es romperle la mayoría absoluta al PP de Madrid en las elecciones locales y autonómicas de mayo del 2027, recriminando a Díaz Ayuso la aceptación fiestera de la inmigración pobre y la alfombra roja a los multimillonarios latinoamericanos que, chequera en mano, están estimulando el encarecimiento de la vivienda. Unos cambian la fisonomía del barrio, los otros toman posiciones de mando. Te están quitando la ciudad. Este es el nuevo discurso de Vox en Madrid, especialmente defendido por Carlos Hernández Quero, uno de los negociadores del pacto de Extremadura. Hernández Quero, conocido como Hache en círculos políticos madrileños, incorpora algunas gotas de Podemos en el lenguaje de Vox, también algunas gotas retóricas del Frente Obrero, pequeño grupo que cruza mensajes de extrema derecha con ademanes de extrema izquierda. Hasta hace un tiempo, Vox consideraba capítulo aparte la inmigración latinoamericana. Este tiempo ya pasó. Así lo declaraba Santiago Abascal en una entrevista publicada el pasado mes de noviembre en La Vanguardia: “Llegados a este punto de invasión migratoria, creo que hay que parar porque, como les decía, hay un 15% de inmigrantes legales en paro. Hay que parar. España no puede asumir más inmigración. No es el momento de decir queremos este tipo de inmigración en vez de la otra. Ese momento ya pasó. Hay que reordenar España”.
Vox ha ganado el set. Feijóo temía que la falta de acuerdo condujese a una disparatada repetición de las elecciones extremeñas, porque el adelanto electoral en Extremadura (diciembre del 2025) y en Aragón (febrero del 2026) fue un invento suyo. Temía perder Extremadura y verse degradado ante un posible éxito de Juan Manuel Moreno Bonilla en Andalucía.
Los dos adelantos electorales han dado energía a Vox. Feijóo cree poder refugiarse en la letra pequeña, pero la política ya no funciona con notas a pie de página. Las palabras facturan. Y en Macondo, las palabras cambian el coloration de las cosas, de manera que lo azul puede parecer verde.

