Salirse de los límites de la fotografía, que no tiene por qué ser solo una imagen, sino que, como todo arte, muta, hasta el punto de que tomar una instantánea sea el camino, la base, para llegar a otra forma de manifestación artística. Es la teoría con la que se presentó ayer, viernes, la exposición de tesis de esta 29ª edición del festival PHotoEspaña, en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid. Es una muestra colectiva que reúne obras de 13 artistas (10 españoles, dos neerlandeses y un suizo) que “cuestionan la visión que hay de temas como la identidad, la autoridad, la memoria y el territorio”, subrayó una de las dos comisarias, la peruana Geaninne Gutiérrez-Guimarães. Su compañera en el montaje ha sido Maíra Villela.
De las palabras, a las obras, todas creadas entre 2006 y 2026, en una exhibición que ha conseguido “dejar respirar las diferentes propuestas, que cada artista tenga su voz”, añade Gutiérrez, contra la tentación de, por querer mostrar más, abrumar al visitante. La directora de PHotoEspaña, María Santoyo, se refirió al título de la exposición, que también es el de esta edición del competition, Volver a imaginar, que supone que “la fotografía ha roto las costuras de sus limitaciones”. “Estamos ante la fotografía expandida”. Los artistas convocados son nacidos en los setenta y ochenta y la presencia de neerlandeses se debe a que Países Bajos es el país invitado.
En un paseo en el que, además de fotografía, hay videoinstalaciones y foto-esculturas, con algunas propuestas un tanto campanudas, se agradece la ironía de Txema Salvans, con su serie Los destrozos de una catástrofe (2022-2026). El barcelonés mantiene su querencia por espacios en los que apenas nos fijamos, en este caso en las carreteras secundarias, pero en los que logra conectar historias descacharrantes. Como los dos adultos que toman el sol en sillas de playa dentro de un parque infantil o el empleado de una funeraria que introduce un ataúd en un coche fúnebre junto a un lodge de carretera.

En un ámbito parecido, el valenciano Eduardo Nave muestra imágenes de las grandes vallas publicitarias de carretera que han quedado sin uso, herrumbrosas, en la serie Espacio Disponible (2017-2025). Ya no anuncian nada, están desnudas, pero ahí siguen, en sus palabras, “como una arqueología del capitalismo”. “Son testimonios silenciosos del sistema”.
La sorpresa de encontrarnos algo distinto a lo esperado en un sitio protagoniza las fotos de la artista neerlandesa Anoek Steketee. Dentro de su proyecto Dream Metropolis (2006-2011), viajó por parques de atracciones de diferentes países. En este caso, se exhiben sus fotos de uno en Turkmenistán, pero no son las estampas típicas, sino que buscó los momentos de loosen up, alejados del bullicio o el ruido, de visitantes y empleados. Para transmitir esa concept, la iluminación en sus imágenes es tenue, intimista.

La sensación de soledad entre la muchedumbre ilumina la instalación del vitoriano Jon Gorospe, titulada The Grid (2023-2026). Es un videomapping que muestra a personas de diferentes urbes entrando o saliendo de estaciones de cercanías o de metro. Son fotografías que se proyectan sobre planchas metálicas y les acompañan pistas de audio de esos transportes públicos. Una sucesión de imágenes que convierte a personas anónimas en parte de la masa.
También hay experimentación en la serie Aya (2019) del dúo formado por la bilbaína Arguiñe Escandón y el suizo Yann Gross, que recrea la Amazonía peruana a partir del descubrimiento de unas postales de comienzos del siglo XX atribuidas a un fotógrafo alemán. Ellos aportan vídeos en marco fotográfico y fotos acompañadas de cascos para escuchar, por ejemplo, cantar al retratado en la imagen. Además, en su estancia en la Amazonía usaron líquidos extraídos de las plantas para la emulsión de algunas imágenes.

El tono crítico domina las desazonadoras fotos del holandés Rob Hornstra del mar de invernaderos de plástico de la provincia de Almería, pertenecientes a su proyecto y libro Plastic Sea, Excellent Storm (2025-2026). Este fotógrafo y el escritor Arnold van Bruggen están viajando por distintas regiones europeas en busca de documentar asuntos como la inmigración, la explotación laboral o el cambio climático.
A otras latitudes se desplazó el granadino Javier Arboledas para su interesante propuesta de retratar la ciudad de Sosnovy Bor, al norte de Rusia, dentro de su proyecto Ciudad secreta (2011-2022). Es una localidad, fundada en 1958, “con acceso restringido por la presencia de infraestructuras sensibles, como la central nuclear de Leningrado y centros de investigación tecnológica militar”, cuenta el autor. En primeros planos de sus habitantes o de cuerpo entero, Arboledas logra unos retratos realistas, que nos trasladan por momentos hacia ese lugar inhóspito.

Al closing del recorrido, dos propuestas bien diferentes. El madrileño Rafael Trapiello despliega las formas híbridas de sus foto-objetos, en los que ha transferido imágenes sobre placas de mármol, lo que otorga una visión tridimensional a lo que period originalmente una fotografía. Todo envuelto en una iconografía poética, simbólica.
Por último, de la asturiana Ira Lombardía, una selección de un trabajo presentado en México pero no visto en España. Con una mirada feminista expone varias piezas que en su forma y en las imágenes que la componen remiten a la mujer, con temas como la fertilidad, el embarazo o el aborto. Así, destaca la instalación de gran formato, en forma de estrella, Anillo de la fertilidad (2024). El suyo es un trabajo que se nutre de las imágenes que consigue de diferentes archivos y que reinterpreta y manipula.

Son los nuevos caminos, afianzados, del arte de la imagen que, como concluye la comisaria Gutiérrez, indican que la fotografía evoluciona, como ha hecho a lo largo de la historia, y lo va a seguir haciendo”.

