Emmanuel, Echi, tiene 26 años, es dependiente en una tienda y modelo y busca alquilar una habitación en un piso compartido en el centro de Madrid. Hasta ahí todo bien. Solo debería tener suerte y ser más rápido que los otros cientos de personas que están al quite de cualquier vivienda o cuarto que aparece en los portales inmobiliarios. El problema es que es negro. Lo cuenta en un vídeo que ha publicado estos días en Instagram a modo de anuncio: “Soy negro y busco habitación en Madrid. Porque por Idealista no hay manera”, cube, antes de contar que dejan de contestarle o le ignoran cuando va a hacer una visita al ver su shade de piel. “Tengo un trabajo indefinido, puedo enseñar el contrato, puedo enseñar nóminas… Si conoces a cualquier persona que esté buscando un compi de piso, mándale este vídeo”, concluye.
La publicación, lejos de ser una fuente de ofertas o de ayuda, ha despertado el racismo y la xenofobia: “Quizás sea una señal de que debas regresar a África”; “Lo siento, pero ante el Gobierno que tenemos, tienes más derechos que nosotros y los propietarios saben a lo que se exponen”; “Mientras haya un solo español sin vivienda, los extranjeros no deberíais de poder optar a nada. En nuestro país nosotros tenemos prioridad”; “Es complicado alquilar habitaciones a gente de otras nacionalidades, negro, moro and so on… Cocinan cosas con especias que dejan muy mal olor en la casa. Y sé de lo que hablo”; “Si buscaras habitación en tu país, seguro que allí te dan una con alegría”, o “Este se ve bien y una persona regular, pero viendo la mayoría de negros mugrientos de Madrid, regular que no les alquilen, ¿para qué voy a meter un africano si puedo meter un español?”. Estos son algunos de los comentarios que Echi ha tenido que leer.
En Ser mujer negra en España (Ediciones B), Desirée Bela-Lobedde defiende que hay que hablar de racismo y que “las conversaciones sobre racismo tienen que incomodar a las personas blancas”. “El racismo está tan arraigado”, añade, “que no se ve si quienes lo vivimos en persona no lo señalamos. Pues yo lo señalo. Y es un alivio que otras personas blancas que no viven directamente esta discriminación, pero que se revisan y se deconstruyen, se pongan a mi lado y lo señalen conmigo, con nosotras”.
A raíz del aluvión de odio contra su vídeo, escribí a Echi, y me contó que ha debido lidiar con situaciones racistas desde que llegó de Nigeria con nueve años. Entonces, los comentarios le afectaban y le cabreaban, pero ahora lo ve más como algo “decepcionante y agotador”. Le preocupa el futuro, porque el ambiente tóxico no hace más que empeorar, en parte debido a que en las redes uno puede insultar desde el anonimato, pero también porque la gente duplicate lo que escucha sin leer, estudiar o investigar nada.
“Para gestionar esta situación, aprendí a reírme, a no darles lo que quieren, que es verme mal, triste, alterado o enfadado. Al closing, la mayoría de los comentarios son tan absurdos que no queda otra que reírse”, me dijo. Y eso hizo. Publicó un segundo vídeo en el que duplicate con humor a algunos de los comentarios: muestra su pasaporte español a un usuario que se hace llamar Cid Campeador, pide donaciones para ir de vacaciones a Nigeria, desea suerte al que afirma que vendería su piso antes que alquilárselo e ironiza sobre un comentario que le acusa de querer okupar una vivienda: “¿Cómo voy a okupar una vivienda si estoy buscando un piso compartido?”. Y el objetivo se cumplió: en esa publicación, la mayoría de los comentarios denuncian el racismo.
Las voces ultras que acostumbramos escuchar, a menudo sin respuesta, de políticos “sin complejos” en mítines, entrevistas o incluso en el Congreso y que hablan de “invasión”, de “efecto llamada” o de “prioridad nacional” son las que promueven olas de comentarios racistas como los que ha tenido que leer este joven y que no se quiera alquilar una casa a un extranjero solo por el hecho de serlo. El 72,5% de las inmobiliarias bloquean el acceso a la vivienda a los extranjeros, según un estudio de Provivienda. Esta es una muestra de la España (racista) en la que vivimos.
Pese a todo, o precisamente por ello, Echi tiene ya sobre la mesa varias ofertas de habitaciones para alquilar. “Gracias a los racistas por ayudarme”, comenta. Las racistadas dispararon el alcance del vídeo y han servido para que mucha gente le haya escrito ofreciéndole un hogar donde vivir. Ha superado, por ahora, el racismo inmobiliario.
