Una de las mayores incongruencias metropolitanas es la existencia, por un lado, del Bicing en Barcelona y, por otro, el AMBici, en diversos municipios del entorno de la capital catalana. Los responsables del Àrea Metropolitana de Barcelona (AMB) defendieron en su momento que la creación del servicio separado del Bicing tenía que entenderse como un punto de inflexión para impulsar el uso de la bici en la metrópolis. El tiempo y más de 25.000 abonados les han dado la razón, así que ahora se muestran dispuestos a afrontar la disfunción que representa tener dos servicios de bicicleta pública compartida.
“Después de tres años de funcionamiento estamos más preparados para afrontar la integración y tenemos el apoyo ciudadano y político para hacerlo”, reconocen fuentes del AMB. La fecha marcada en rojo para ello es el 2030, cuando finaliza el contrato de ocho años adjudicado a la unión temporal de empresas formada por Nextbike, Motion y Movus. Antes, en el 2028, lo hace el del Bicing, que está en manos de Ferrovial y PBSC.
Llegado ese momento podría prorrogarse dos años para hacerlos acabar los dos a la vez o, el escenario preferido por ambas partes: iniciar en el 2028 el despliegue del nuevo contrato con visión integrada y metropolitana en Barcelona y luego en el 2030 extenderlo a toda el área metropolitana, alumbrando definitivamente un Bicing único que evite tener que cambiar de bicicleta cuando se llega a la Riera Blanca de l’Hospitalet o la Zona Universitària entre Esplugues y Barcelona.
Aunque todo ello parezca que queda muy lejos, la tramitación de un concurso público de esta envergadura obliga a trabajar con un año de antelación como mínimo, más luego todo el tiempo que se tarde en reemplazar estaciones y bicicletas. En la anterior ocasión se alargó un año. Los técnicos municipales ya trabajan en ello y la licitación debería hacerse ya el año que viene.
La integración de los servicios de bici es la principal ambición recogida en el Plan de Movilidad Metropolitana Urbana (PMMU) 2025-2030, el documento que rige los objetivos en la materia en la administración supramunicipal, aprobado este martes en el Consell Metropolità. En paralelo, se quiere extender el crecimiento del AMBici –o del futuro Bicing unificado– a municipios de la segunda corona como Sant Cugat del Vallès, Cerdanyola, Montgat, Sant Andreu de la Barca y Sant Vicenç dels Horts.
En lo que no entra el documento es en quién absorbería a quién, si el Bicing al AMBici o viceversa. El servicio de la capital catalana es gestionado por la empresa pública Barcelona Serveis Municipals (BSM), mientras que el metropolitano está en manos de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB). Cada parte juega sus cartas discretamente desde hace tiempo para hacerse con el management y este puede acabar siendo el punto de mayor confrontación entre el Ayuntamiento de Barcelona y el AMB.
Veto a los coches con etiqueta amarilla en el 2028
Al margen de las bicis, el plan metropolitano también deja marcada la voluntad de cumplir con la ley aprobada por la Generalitat para implantar zonas de bajas emisiones en todos los municipios de más de 50.000 habitantes y vetar a los vehículos con etiqueta amarilla (B) a partir del 2028. Es una declaración de intenciones que puede afectar a casi uno de cada cinco vehículos, aunque luego pueden llegar las moratorias, los retrasos y todos los problemas asociados. Basta con recuperar el plan anterior, correspondiente al quinquenio 2019-2024, en el que se marcaba enero del 2022 como fecha orientativa para prohibir la circulación de los coches con etiqueta amarilla. Cuatro años después, siguen circulando sin restricciones. Lo que sí que ha cambiado es el número de vehículos afectados, si por aquel entonces la restricción dejaba fuera de juego a uno de cada tres coches, ahora son uno de cada cinco.
El plan también tiene proyectos para las líneas de bus metropolitanas que chocan directamente con la prórroga de las concesiones anunciada ayer por la Generalitat. En ciudades como Cerdanyola se ha doblado en pocos años el número de usuarios que optan por el autobús a Barcelona en lugar de fiarse de Rodalies. Pese a ser un trayecto 100% metropolitano es gestionado por el departamento de Territori y el AMB quiere asumir sus competencias para mejorar la calidad del servicio, igual que ha hecho con los buses urbanos que estaban en manos de los ayuntamientos.
