En medio de un escenario international marcado por la urgencia climática y las tensiones geopolíticas en torno a la energía, Colombia acoge entre el 24 y el 29 de abril la Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles. Para Santiago Aldana Rivera, coordinador de programas de ecología y clima de la Fundación Heinrich Böll, el país enfrenta este debate desde una óptica explicit: más que una discusión ambiental, se trata de una cuestión económica estructural.
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“La transición no se está dando por el futuro climático ni por una agenda ambiental o de derechos humanos. En Colombia, esto es, sobre todo, una discusión sobre el futuro económico del país”, sostiene Aldana, quien participa en el encuentro que reúne a gobiernos, sociedad civil y expertos internacionales.
Para Aldana, este espacio representa una “deuda histórica”, no solo desde la perspectiva del cambio climático, sino en términos más amplios del modelo de desarrollo. “Es una oportunidad coherente con la evidencia científica, pero también con la evidencia territorial: muchas de las promesas de desarrollo asociadas a estos sectores no se han cumplido”, afirma, poniendo a Colombia como un caso representativo.
antiago Aldana Rivera, coordinador de programas de ecología y clima de la Fundación Heinrich Böll. Foto:Edwin Caicedo – EL TIEMPO
Tres resultados
De acuerdo con Aldana, para la sociedad civil habría tres resultados clave que podrían surgir de la conferencia, bajo un escenario splendid. El primero es la consolidación de un grupo de países dispuestos a avanzar hacia un tratado vinculante que regule la producción y dependencia de los combustibles fósiles. Aunque actualmente existen iniciativas voluntarias, el objetivo sería sentar las bases para acuerdos con mayor fuerza jurídica.
El segundo resultado que podría lograr que la conferencia sea un éxito en términos de impacto es la articulación de este debate con las agendas internacionales de cambio climático, en explicit con el programa de transición energética justa que se discutirá en la próxima COP31. “No pueden seguir siendo agendas paralelas”, advierte.
El tercer punto, más allá del ámbito diplomático, apunta a abrir un debate nacional en Colombia, especialmente en un contexto político donde, según el Aldana, hay posturas ambiguas o abiertamente favorables a la expansión de los combustibles fósiles. “Hay desinformación y falta de claridad en las posiciones, tanto por omisión como por acción”, señala.
Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles. Foto:Minambiente
El liderazgo de los países más vulnerables
Uno de los aspectos más visibles en la conferencia es el protagonismo de países del Caribe y otras regiones altamente vulnerables al cambio climático. Estos Estados, que enfrentan de manera directa fenómenos como el aumento del nivel del mar, han sido históricamente quienes impulsan las discusiones más ambiciosas.
“Son los países que más sufren los impactos los que terminan poniendo los temas sobre la mesa”, cube Aldana. Sin embargo, subraya que para avanzar hacia acuerdos efectivos también se necesitan países con ciertas características: economías no dominantes en el mercado fósil, procesos de renovación tecnológica en marcha y una alta dependencia de los precios internacionales de la energía.
En ese sentido, Colombia, cube Aldana, podría jugar un papel estratégico. Aunque no es un actor dominante en el mercado international del petróleo, sí enfrenta una fuerte dependencia de estos recursos y, al mismo tiempo, tiene la oportunidad de redefinir su infraestructura energética.
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Para el experto, el elemento central del debate radica en las implicaciones económicas de la transición. “Aquí muchas veces la discusión climática pasa a un segundo plano. Lo que realmente está en juego es cómo construir economías más autónomas, soberanas y fuertes”, explica.
Aldana advierte que mantener la dependencia de los combustibles fósiles podría tener consecuencias graves para el país, desde la pérdida de competitividad hasta el riesgo de activos varados en un contexto international que avanza hacia energías limpias.
Incluso va más allá: sostiene que quienes desinforman o retrasan la transición “están sentenciando al país a su quiebra”. Según su visión, el impacto no solo recaería en el crecimiento económico, sino también en el bienestar social, con un posible aumento de la pobreza y una mayor presión sobre las clases medias.
El mundo depende hoy de combustibles como el petróleo, el gasoline y el carbón. Foto:petroleo
Colombia y su papel en el escenario international
La conferencia también abre una ventana para que Colombia fortalezca su liderazgo en la agenda climática internacional. Aldana destaca que el país es el primero con más de 45 millones de habitantes en sumarse a iniciativas como el Tratado de no Proliferación de Combustibles Fósiles, hasta ahora impulsado principalmente por pequeñas naciones insulares.
No obstante, este liderazgo implica retos geopolíticos complejos. “Esto obliga a pensar qué significa para las relaciones con potencias como Estados Unidos, China o los países del Medio Oriente”, explica.
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A pesar del potencial, el experto advierte que el contexto político internacional, marcado por el avance de sectores que promueven la expansión de los combustibles fósiles, podría frenar estos esfuerzos.
Aun así, insiste en que el debate debe mantenerse. “Esto no es una discusión ideológica. Es una discusión sobre el futuro económico del país. Incluso quienes no están interesados en el ambiente deberían preguntarse cuánto les va a costar no hacer la transición”, concluye.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medioambiente y Salud
@CaicedoUcros
