Tenía cinco años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y 11 cuando un basic le mostró un baúl lleno de fotos con las atrocidades de aquel salvaje conflicto. Paolo Gasparini (Gorizia, Italia, 92 años) llegó a Venezuela siguiendo a su padre y a sus hermanos en 1951, y hoy recuerda que un libro de poemas de Pablo Neruda, Canto basic, con el que regresó a Italia, funcionó como un sortilegio. Tres años después acabó por fijar su residencia en el país sudamericano y por definir su vocación como fotógrafo en lo que él llama “los Tristes trópicos”.
En el campo de la fotografía de arquitectura encontró la manera de ganarse la vida y en los fotolibros una forma de expresión certera y poética de la que ahora se propone despedirse con Adiós a la fotografía (Papeles Mínimos), el volumen que ha presentado en Madrid. El autor de Para verte mejor, América Latina (1972) o La ciudad de las columnas (1970), cuya obra está en las colecciones del MoMA y el Reina Sofía, echa la vista atrás y reflexiona desde el presente sobre los fotolibros que hoy, afirma, “son como los turistas, pululan por todas partes”, renunciando a su labor como “fábrica de metáforas”. En la sede madrileña de Papeles Mínimos, lúcido y ágil, acompañado por el editor Imanol Bértolo, Gasparini concede una entrevista la víspera de la presentación de su Adiós a la fotografía.
Pregunta. ¿Cómo surgió este nuevo fotolibro?
Respuesta. Publiqué Andate ritorno hace 15 años y desde entonces este libro se viene haciendo. Trabajé en un proyecto con el título Revolver en el que me metí en mi archivo. Aunque hubo dos maquetas al closing no salió porque querían quitar muchas fotos. Yo no estaba de acuerdo. Un fotógrafo sabe que lo queda es el libro.
P. ¿Cómo outline un fotolibro?
R. Es, junto con el audiovisual, en películas de foto fija, el mejor lugar donde la foto se expresa como lenguaje, no como algo aislado para pegar en una pared.
P. Señala a Paul Strand como su maestro y cuenta que fue él quien le dijo que le faltaba materials para su primer fotolibro.
R. Vi la película Redes, dirigida por Zimmerman con imágenes de Strand después de la guerra. Le pedí a mi novia, y luego esposa, Franca, que le visitara en París y él le enseñó la técnica de revelado. Cuando publiqué Bobare, un reportaje sobre cuestiones sociales en la revista Cruz del Sur, le pedí que me ayudara a convertirlo en un libro y él tuvo la paciencia de enseñarme que no había suficientes imágenes y acompañarme dos semanas para explicarme lo que period un fotolibro. Hoy estas publicaciones son como un tsunami, la fotografía lo invade todo y no cube nada.
P. En Adiós a la fotografía incluye dos retratos de Franca, el primero que le sacó y el último. ¿Piensa en este libro como un autorretrato?
R. No, es un repaso a mi vida de fotógrafo en historia de este mundo. Yo estaba en un fotoclub en Italia pero no estaba en el círculo más amplio y culto de fotógrafos hasta que fui a Venezuela, donde mi padre y mis hermano marcharon después de la guerra.
P. Con frecuencia su trabajo es definido como neorrealista. ¿Qué significa esta corriente para usted?
R. El neorrealismo consiste en decir lo que es actual, lo que es la vida. Surgió en Italia fruto de la situación que allí se vivía después de la guerra. Defiende que el drama del artista no es tan importante como lo que pasa en el mundo.
P. En el libro escribe sobre su encuentro y su discusión con Henri Cartier-Bresson.
R. Aquello fue un momento de suerte. Yo había escrito algo sobre su trabajo y un día llamó a mi puerta con una caja de té. Cartier-Bresson defendía la geometría, el momento decisivo en el que la mente, el ojo y el corazón coinciden.
P. Ese encuentro tuvo lugar en Cuba.
R. Sí, llegué allí invitado por Alejo Carpentier para hacer un proyecto de fotografía de arquitectura. Pasé cuatro años. Fue el mejor momento con la mejor gente desde Agnès Varda hasta Armand Gatti. De la utopía pasé al desencanto, viví el declive de la izquierda.
P. Y en Venezuela ha vivido bajo el régimen chavista.
R. Sí, no lo tengo documentado. Pero en Venezuela no hubo ninguna revolución, sino populismo trasnochado, militarismo exacerbado y narcotráfico. Los tristes trópicos con explotación y miseria, y lo vemos ahora con Trump y el petróleo.
P. ¿Cómo ha cambiado la manera en que se retrata América Latina?
R. Bueno lo que no hay son revistas donde publicar, no hay lugar para la fotografía, se acabó. Hoy todo es Instagram, y sin entrar en la Inteligencia Synthetic.
P. En Adiós a la fotografía se refiere al “saqueo cultural”.
R. Sí, la explotación del cuerpo de la mujer es un claro ejemplo. También ha habido fotógrafos que han hecho afiches de la miseria, como [Sebastião] Salgado.
P. ¿Sigue haciendo fotos?
R. No. A los 92 años aún veo la foto pero los reflejos son más lentos. Parte de mi archivo fue para Getty y otra parte para la Universidad Católica de Caracas. El resto lo estoy destruyendo con tijeras y cloro. No quiero que usen mis fotos para hacer libros de perros o gatos.
