
Empatizar demasiado puede llegar a ser un problema. Koldo García no lo vio venir o eso ha querido vender al Tribunal Supremo. El mayor de seis hermanos, se echó la casa a cuestas. Trabaja desde los nueve años. En lo que haga falta. Ebanista, agricultor o escolta. Fue estudiando como pudo lo que pudo. No le fue mal. Escaló hasta convertirse en asesor, y no de cualquier ministerio, no, del que más presupuesto manejaba. Pese al ascenso social, nunca olvidó sus orígenes y, allí donde se le necesitaba, estaba. Desaliñado, encorvado y cargado de papeles (que apenas ha tocado), por momentos parecía que iba a ponerse en pie, rasgarse las vestiduras y salir volando con su capa de superhéroe. Afortunadamente, no ha habido que verle en mallas.