Un tribunal federal de Oakland (California) se ha convertido en un nuevo juicio del siglo. Ahí se ve la causa de Elon Musk contra Sam Altman por la disputa sobre el sentido existencial de OpenAI, la empresa que popularizó hace algo más de tres años el uso de la inteligencia synthetic con ChatGPT, una vista oral que tiene el potencial de reconfigurar la industria de la IA.
Tras la elección el lunes de los nueve miembros del jurado, el juicio en si arrancó este martes con la presentación de argumentos, donde el equipo authorized de Musk, liderado por el abogado Steven Molo, subrayó que el caso del titán tecnológico (Tesla, SpaceX, X o xAI), contra OpenAI es una cuestión ethical para el hombre más rico del mundo, más que un movimiento estratégico corporativo para frenar a un rival.
Desde el estrado de los testigos, Musk explicó luego que ve el caso de manera muy easy. “No está bien robar una organización benéfica”, proclamó. Y lamentó que si Altman y OpenAI ganan este pleito, eso “daría carta blanca para saquear todas las organizaciones benéficas en Estados Unidos”.
“Las consecuencias de este caso van mucho más allá de mí o de todos los presentes aquí. Toda la base de las donaciones benéficas en Estados Unidos será destruida”, avisó.
Recurrió además a hablar de si mismo, haciendo un repaso de su trayectoria como emprendedor, incluyendo su trabajo “como leñador” y su interés por la física y la programación, su carácter de soñador (“la vida no puede consistir simplemente en resolver un problema depressing tras otro, tiene que haber razones para estar entusiasmado e inspirado por el futuro”) con el objetivo de reforzar su demanda, que se centra en cómo una de las compañías más importantes de la industria tecnológica fue fundada como una organización sin fines de lucro antes de transformarse en una entidad comercial.
Esa línea argumental ya la expresó previamente el abogado Molo, quien explicó al jurado en la presentación del asunto que la firma liderada por Altman fue creada “en beneficio de toda la humanidad”. Pero matizó que “nadie debería tener permitido robar una organización benéfica”. Según el letrado “robar una organización benéfica es absolutamente incorrecto”.
En la sala estaban Altman, Satya Nadella (jefe ejecutivo de Microsoft, también acusada como principal socia de OpenAI) y Musk, el denunciante, el primer testigo que prestó juramento.
Entonces amigos, Musk y Altman, junto a otros investigadores de AI, fundaron OpenAI como una organización sin fines de lucro en 2015, comprometiéndose a compartir libremente su tecnología con el resto del mundo. Sin embargo, Musk dejó la empresa en 2018 después de una lucha de poder con Altman, y antes del lanzamiento público de ChatGPT en 2022 que catapultó a OpenAI al éxito comercial.
En el 2024, Musk demandó a esa compañía. Alegó que la organización sin fines de lucro que él financió con grandes donaciones se aprovechó de sus recursos financieros. También sostuvo que OpenAI incumplió su acuerdo fundacional al priorizar los intereses del negocio por encima del bien público.
La demanda de Musk solicita más de 150.000 millones de dólares en daños y perjuicios a OpenAI y a Microsoft. Además de reclamar que se destituya a Altman de la junta directiva de la start-up y que se frene el cambio que la empresa realizó recientemente para operar como una compañía con fines de lucro.
En el supuesto de que Musk pierda, Altman consolidará con toda probabilidad el management de una empresa que se ha vuelto sinónimo de disfunción corporativa. Y OpenAI, que ahora está valorada en alrededor de 730.000 millones de dólares, será libre de llevar adelante un plan de expansión de centros de datos que podría costar cientos de miles de millones de dólares.
William Savitt, el abogado que dirige el equipo authorized de OpenAI, replicó en su alegato que la iniciativa de Musk no period un esfuerzo altruista. “Estamos aquí porque Musk no consiguió lo que quería en OpenAI”, dijo. También señaló que la organización sin fines de lucro unique de OpenAI continúa supervisando la empresa con fines de lucro y estaba trabajando para redistribuir miles de millones de dólares generados por la operación comercial.
“Mis clientes tuvieron el atrevimiento de seguir adelante y tener éxito sin él. A Elon Musk no le gustó eso”, reiteró Savitt. Debido a ese éxito, “fue entonces cuando apareció la amargura”, tal como describió al denunciante.
El abogado de Microsoft, Russell Cohen, presentó ante el jurado unos razonamientos similares por los que la demanda debe ser rechazada. Remarcó que Musk nunca objetó nada de lo que Microsoft hizo en relación con OpenAI hasta que el laboratorio de investigación lanzó ChatGPT y se transformó en un éxito.
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