Nadie que sepa un poco de la historia de los conflictos en el mundo moderno enviaría a un vicepresidente de Estados Unidos a negociar con los iraníes en Islamabad (Pakistán), si antes un ejército de diplomáticos no hubiera mantenido largos coloquios, calibrando opciones y redactando decenas de borradores. Estados Unidos vuelve a enviar a la segunda ronda de conversaciones a J.D. Vance, sin que antes gente curtida en la mediación haya hecho el trabajo previo. No se trata de una opinión private, sino de la lógica de la resolución de los conflictos. Los manuales dicen que los políticos con mando deben cerrar los pactos, poner la firma y dar la mano en el último momento. Antes, los funcionarios expertos deben rebatir hasta desgañitarse. No es lo mismo discutir a gritos con un embajador, que hacerlo con un ministro.
Si un país tiene buenos diplomáticos, es EE.UU. Así que enviar al yerno de Trump, Jared Kushner, y al empresario inmobiliario Steve Witkoff a liderar la negociación con las estructuras de poder de Irán (el líder supremo y la Guardia Revolucionaria) no está al alcance de principiantes, por muchos contratos económicos que hayan firmado en su vida.
Enviar a Vance o a un yerno de Trump a negociar con Irán es error de principiante
Henry Kissinger, que period un diplomático curtido en mil batallas, avisó en sus memorias que lo nuevo sobre el orden internacional es que, por primera vez, EE.UU. no puede retirarse del mundo, ni tampoco dominarlo. Hace falta pues mucha paciencia, una estrategia clara y una gran determinación. Más que en el pasado, cuando Kissinger viajó en secreto a Pekín y se reunió con el primer ministro Zhou Enlai para sentar las bases de la histórica visita del presidente Richard Nixon, el año siguiente. Durante meses, legiones de diplomáticos afinaron discretamente las bases del acuerdo y limaron los puntos de desencuentro con China.
Trump es de los que piensan que los diplomáticos son gente afectada y bien planchada, que beben martinis y complican las cosas. Pero la mayoría son personas que se han tragado muchos sapos y que no se desesperan por negociar en las madrugadas. Los iraníes saben como marear la perdiz y sacar de quicio al vicepresidente y a los parientes de Trump. Y mientras el mundo permanece en vilo.
