Todo es mentira. Un bulo. No hay ningún niño madrileño con discapacidad intelectual ingresado por falta de plazas en Ávila, lejos de sus padres, separado por horas de carretera, huérfano de abrazos y visitas frecuentes. Corre 2001, y esa es la respuesta que obtiene Eduardo Sánchez Gatell, diputado socialista, cuando recibe la queja de una familia y pide explicaciones al Gobierno. “Y yo me he sorprendido mucho cuando he leído en la prensa que 34 niños de nuestra Comunidad se han quedado en la calle por un problema estructural de la residencia (en Ávila)”, se lamenta Sánchez Gatell cuando se destapa la verdad, según el diario de la Asamblea, en el que se aclara que en el grupo hay una decena larga de adultos. Han pasado 25 años, y aquella decisión de cubrir la falta de plazas en otras provincias aún da coletazos. Madrid acaba de licitar dos contratos para mantener la atención en Ávila y Málaga de cuatro mayores, ya que sacarlos de su rutina e integrarlos ahora en el sistema madrileño sería perjudicial. El programa, cube un portavoz gubernamental, terminará cuando se mueran.
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